Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los nombres de los Santos Arcángeles son una excepción.

Homilía sarc003a, predicada en 20000929, con 14 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Es mucho el provecho que podemos sacar de la cercanía y de la amistad con los ángeles. La oración de ellos es modelo para nosotros. La obediencia de ellos es ejemplo para nosotros. El amor de ellos es modelo y es también motivo de confianza para nosotros. La intercesión de ellos es razón para que estemos agradecidos con Dios y para que nos admiremos de sus obras. Pero además de todas estas obras, de la presencia de los ángeles entre nosotros está también el hecho de la alegría. El hecho de la pureza, el desprendimiento de las cosas de esta tierra, el gusto por la eternidad, el deseo de servir al prójimo. Y también el deleite en la alabanza, el gusto por el canto, por la armonía, por la belleza. La orientación de todo nuestro ser hacia la adoración. Son muchos los bienes que surgen de la amistad con los ángeles, y será por eso por lo que los grandes tiempos de la Iglesia han estado siempre rodeados de ángeles y de una fe seria, sobria, profunda, pero al mismo tiempo expresiva, gozosa en la presencia de los ángeles.

El tiempo de la fundación de nuestra orden, por ejemplo. El tiempo de la fundación de la Orden de San Benito, por ejemplo. El tiempo de los comienzos de la evangelización en América. Y desde luego, entre todos ellos, el tiempo en que nuestro Señor Jesucristo, Verbo de Dios, estuvo en nuestra tierra. Debemos pensar que cuando los ángeles, cuando la presencia de los ángeles aliados tan poderosos, amigos tan cálidos, intercesores tan eficaces, ejemplos tan preclaros. Cuando todo esto se deja en un rincón, muy mal tiene que estar la Iglesia. Pues bien, resulta que ese es un poco el tiempo que nos ha tocado vivir. No está muy bien la Iglesia porque, como ya he dicho en otras ocasiones, por lo menos en mi caso, se me acabaron los estudios institucionales de teología sin una clase sobre los ángeles. Luego saqué el diplomado en una universidad pontificia y tampoco me hablaron nunca de los Ángeles. Terminé el posgrado en Teología y siguen sin existir los Ángeles. No sé si en estas vueltas que da la tierra, en algún doctorado que toque hacer, aparezcan por fin los Ángeles.

Estamos en tiempos malos y eso se nota porque el corazón del pueblo de Dios, que es como un buen termómetro de cómo anda la situación de la Iglesia, busca a los ángeles y como no los encuentra en la Iglesia, entonces los busca por todas partes en lecturas raras, lecturas esotéricas. Cómo hacer su horóscopo con su ángel en diez lecciones. Bobadas, pamplinas de esas, supercherías de esas, que son pésimos reemplazos. De la doctrina tan bella, tan hermosa de la Iglesia sobre los ángeles. Son expresiones del poder creador de Dios. Están al servicio de la redención que nos viene por Cristo. Y son seres espirituales que de alguna manera completan la imagen de Dios en la creación. Porque si el ser humano es imagen de Dios y Jesucristo según la expresión de Santa Catalina, quiso ser imagen nuestra, podemos decir que la criatura racional, que es el hombre, tiene como una cercanía con el Verbo de Dios, segunda persona de la Trinidad, pero con la tercera Persona de la Trinidad, con el Espíritu Santo. No soy yo, sino varias autoridades, doctores de la Iglesia, que dicen que los ángeles de alguna manera son como imagen de Dios. Especialmente podríamos decir, en participación de ese ser misterioso, pero eficacísimo del Espíritu Santo.

Por eso, si hay cosa ardua para distinguir, para discernir en esta tierra, es la diferencia entre la acción del ángel y la acción del Espíritu Santo. Es difícil hacer este discernimiento. Sin embargo, para consuelo nuestro, sepamos que los ángeles siguen obrando en nuestras vidas, no porque nosotros se lo agradezcamos, sino por amor que tienen a Dios y por obediencia a Él. De manera que aún en estos tiempos que son malos, como leemos en el Nuevo Testamento, en alguna parte, aún en estos tiempos que son malos. Debemos creer que hay una presencia, una presencia cercana, una presencia orante de los ángeles que hace inmenso bien a la Iglesia.

Hoy estamos recordando a los ángeles cuyo nombre aparece en la Escritura. Por eso quiero hacer algún comentario sobre esto de los nombres de los ángeles, según he podido entenderlo. Sin que esto sea Palabra de Dios, sino que tomándome las palabras de San Pablo, doy mi parecer queriendo ser hombre de fiar en estas cosas. En el cielo no son necesarios los nombres, pero cuando no hay posibilidad de confusión, por cuanto todo está patente para todos, no son necesarios los nombres. Los nombres que aparecen para los ángeles y para los hombres en esta tierra son nombres que sirven para que nosotros llevemos cuenta, podamos hacer la historia de las obras de estos hombres o ángeles que intervienen. Como no estamos continuamente los unos con los otros para poder referirnos, para poder aludir a lo que no está inmediatamente frente a nosotros, utilizamos nombres. Si todo fuera claro, si todo fuera transparente como es en el cielo, no necesitamos nombres. Pero como estamos en esta historia humana, tenemos una condición corporal y temporal. Aparecemos y desaparecemos en la conciencia, la percepción, los afectos, la memoria de los demás. Entonces se necesitan los nombres. A través de los nombres nosotros vamos recogiendo en nosotros la historia que van haciendo las otras personas con nosotros. Para eso se necesitan los nombres.

Una prueba de que esto es así es que cuando vivimos mucho tiempo con las personas, casi siempre dejamos los nombres formales y utilizamos otras expresiones. Eso se nota sobre todo en las familias, en la pareja, en la familia. Se nota eso. Mi papá se llama Bernardino, mi mamá se llama María del Socorro, pero salvo que estén muy bravos o que estén haciendo algún chiste, ella nunca le dice a él Bernardino y él nunca le dice a ella María del Socorro, sino que utilizan esos otros nombres, los famosos hipocorísticos, esos nombres cariñosos. Y entonces, sea gorda o sea flaca, es mi gorda, mi negra, mi amor. El pito la pita. No sé. Eso se pone en todo tipo de nombres que ya no son nombres para distinguir a una persona entre la otra, sino para despertar, para hacer renacer en ella el cariño. Es interesante descubrir esto sobre los nombres. Con esta claridad entendemos por qué Dios quiso que algunos ángeles dieran su nombre, porque no todos. Cuando se apareció aquel ángel al papá de Sansón que se llamaba Manoa, el papá le dijo Bueno, dinos tu nombre para que te podamos invocar. Y el ángel le dijo: ¿Y para qué quieren saber mi nombre, si es misterioso? Y entre una cosa y otra, y ofrezcan el sacrificio. Y no sé. Y se fue y no dijo el nombre.

O será que Dios no quiso multiplicar los nombres de los ángeles, según vemos en la revelación pública y normativa que es la Biblia. ¿Por qué? Porque bastaba con que quedaran algunos nombres para que nosotros pudiéramos reconocer que se trata de personas como nosotros. Es que persona no significa persona humana. Santo Tomás de Aquino dice que los ángeles son personas, no son personas humanas, son personas. Entonces quiso Dios que estas personas angelicales de naturaleza esencialmente distinta a la nuestra, pero racionales como nosotros, o mejor intelectuales como nosotros, pudieran aparecer en nuestra historia. De manera que, por ejemplo, a Daniel en el libro de Daniel se menciona en el libro de Daniel, se mencionan al ángel Gabriel que luego aparece en el evangelio de Lucas utilizando un mismo nombre, nos damos cuenta de que hay una realidad en ese mundo invisible que atraviesa los siglos y que está en obediencia a Dios y que le da la gloria a Dios. Luego esos nombres tienen un papel completamente funcional. Son nombres que sirven para que nosotros recordemos que se trata del mismo ser y para que podamos ir haciendo dentro de nosotros, por así decirlo, como una historia de esa obra que hacen los ángeles.

Por eso, con este criterio podemos responder a la pregunta de ¿si uno le puede o no le puede dar nombre al ángel de uno? Tema que sería más propio para la fiesta de los Ángeles Custodios. Pero cómo de aquí allá no sé yo dónde estaré. Entonces aprovecho para comentar porque hoy también estamos celebrando ángeles con nombres. Pues resulta que, en la medida en que hay una historia de amor y de cercanía del ángel de la guarda de cada uno de nosotros con nosotros. Se puede utilizar un nombre con la condición así lo tengo entendido, pero desde luego esto depende del juicio de la Iglesia. Se le puede dar un nombre con la condición de que ese nombre no diga más ni menos que la obra que Dios ha ido haciendo en la intercesión, en la ayuda y en el amor de ese ángel. Dentro de mi vida, eso es lo que tiene que decir el nombre. El nombre no tiene que decir cosas misteriosas, ni tiene que decir cosas raras, ni tiene que parecer un nombre en otra lengua. No es necesario que aparezca así. Basta con que sea un nombre o una expresión que recuerde la obra de protección y de amor que Dios ha querido tener con nosotros.

Por esta razón, la Iglesia sabiamente no impide que nosotros reconozcamos estos nombres de los ángeles. No lo impide, no lo prohíbe, pero tampoco favorece que se difundan esos nombres. Si yo, por ejemplo, quiero llamar a mi ángel de una determinada manera, como un recordatorio interno, como un recordatorio para mí de esa historia de amor que Dios ha tenido conmigo a través de esa providencia del ángel. Si yo quiero llamar a mi ángel de una determinada manera, entonces yo no puedo. Lo voy a llamar Palatiel digamos, porque me ocurrió. Hay gente que tiene nombres así, entonces yo no puedo llegar donde ustedes y decirles Bueno, resulta que esto es como una regla de tres. Los ángeles son santos. Mi ángel se llama Palatiel. Invoquen a Palatiel. Eso no se puede hacer. Por eso, cada vez que se han querido popularizar nombres de ángeles distintos de los que aparecen en la Biblia, o sea, los de la fiesta de hoy, la Iglesia ha dicho: No, señor, como para uso interno suyo y para ciertas circunstancias usted puede aludir a la historia de Dios con usted y lo que ha intervenido. Usted puede vivir con algún nombrecito, pero eso hay como para uso suyo. Pero si yo, usted hace la novena Palatiel y le hace el trisagio con Palatiel y luego vengan y todos recemos. Eso no se puede. Eso no se puede porque induciría a confusión y fácilmente podría llevar a idolatría.

Entonces los nombres de estos ángeles de hoy son realmente una excepción y sirven para que la iglesia entera reconozca que se trata de seres reales, personales, criaturas intelectuales, libres, amorosas, colaboradoras en obediencia al plan de Dios para nuestra salvación, según nos dice también la Carta a los Hebreos. Sigamos la celebración. A ella se asocian nuestros ángeles. A ella acuden los ángeles y adoran con un fervor que nosotros necesitamos. Al Hijo de Dios, que es Rey de ellos.

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