Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La presencia de los Santos Ángeles trae luz sobre nuestra propia historia y sobre la historia humana.

Homilía sarc002a, predicada en 19980929, con 8 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Con los Santos Ángeles, como con otros capítulos de la teología católica, hemos tenido que vivir la experiencia de despertarnos y de volver nuestra atención hacia ellos, precisamente cuando empezamos a sentir que son como propiedad o que pretenden ser propiedad de otros no creyentes. Durante muchos años en la Iglesia Católica se descuidó el amor, la amistad, el estudio de los ángeles y las consecuencias están a la vista. De veinte libros que veamos sobre ángeles, dieciocho o diecinueve están entregados a la Nueva Era, creando terrible confusión en el pueblo cristiano, haciéndonos pensar que los hombres, cuando se vuelven muy espirituales, se convierten en ángeles, que los ángeles entonces son como maestros iniciados.

Después de varias reencarnaciones de los hombres, que los ángeles son fuerzas cósmicas que irradian luz, energía o conocimiento sobre nosotros, o que los ángeles son proyecciones semejantes a los llamados cuerpos astrales o mil cosas de este género. En paralelo con esto, pues, se nos darán técnicas para encontrarse con los ángeles, para sintonizarse, channeling, para sintonizarse con los ángeles y recibir esas luces o esas iluminaciones. Y cuando vemos lo santo echado a los perros en contra de lo que Cristo había dicho, entonces caemos en cuenta de lo que estamos perdiendo y decimos bueno, ¿qué pasó? ¿qué pasó en la iglesia? Como había pasado con tantas cosas. No tenía la Iglesia Católica un San Agustín que predicara suficientemente la gracia. Era necesario que un Lutero volviera a San Pablo con ese vigor y que hiciera ese escándalo en torno a la justificación y que creara esa terrible herida que hasta hoy nos duele en el pueblo cristiano. ¿Era necesario que pasara eso? No era necesario.

Nosotros teníamos en la Iglesia Católica a un Agustín, a un Francisco de Asís, a un Domingo de Guzmán, predicadores de la gracia, de la salvación por puro regalo en la cruz de Cristo. ¿Por qué, pregunto yo? ¿Por qué no hubo nadie que supiera predicar esto, que supiera decir esto a un single, a un Calvino, pero sobre todo a un Lutero? ¿Por qué no hubo ningún católico que tuviera esa doctrina fresca en su corazón? Lamentablemente se había disminuido el estudio de la gracia, el conocimiento y la práctica del amor divino, y por eso cada cosa en la que nosotros nos descuidamos, pues la vamos de algún modo entregando. Esto vale no sólo para la doctrina, vale para otras cosas. Cualquier parte del pueblo de Dios o cualquier parte de la doctrina cristiana que nosotros descubriremos pronto caerá lamentablemente en ese león rugiente que ronda buscando a quién devorar, como nos dice San Pedro. Así habla del demonio como león rugiente.

Entonces apenas nosotros descubrimos una parte de la doctrina caerá para ser manipulada y para hacer comercio con ella, como estamos viendo que pasa con los ángeles, o si descuidamos a una parte del pueblo de Dios, entonces caerá, caerá en garras extrañas, como pasó con la clase obrera en el siglo pasado, como ha sucedido con la juventud y con la mujer en este siglo. De modo que la primera enseñanza, la primera advertencia que nos trae esta fiesta es el amor a la fe integra, a la fe total y el amor también a la integridad de la vida y de la práctica pastoral. Si nosotros como predicadores tenemos un mensaje íntegro, un mensaje donde puedan perfectamente en esa maravillosa armonía que Dios dispuso, puedan encontrarse los distintos aspectos del misterio cristiano. Y si nosotros tenemos especialmente como predicadores la lucidez y el amor para predicar de cada uno de estas realidades a todo género de personas, entonces ayudaremos con ese esfuerzo y con ese amor a que el pueblo cristiano permanezca unido en la verdad. Es inmensa responsabilidad para nosotros.

Pero bueno, sobre los ángeles mismos, ¿qué habría que decir? Muchas cosas. Yo personalmente no es un secreto para ustedes. Debo mucho a los santos ángeles y he recibido. Yo pienso que por un regalo de Dios he recibido como un cierto interés por ellos, que ojalá me ayude a convertirme y que ojalá lluvia iluminar mi inteligencia, fortalecer mi voluntad en el seguimiento de Jesucristo. De manera que habría mucho que decir de todo esto. Solo quiero compartir con ustedes un pensamiento que me parece muy hermoso y me parece muy actual sobre la presencia de los ángeles en la Iglesia y en nuestra propia vida. Partiendo o comenzando pues, por aquella historia de los niños en las apariciones de Fátima, como sabemos, primero se apareció un ángel y luego vinieron las apariciones de la Virgen María. Cuando se apareció el ángel, los niños sentían que quedaban exhaustos, mientras que cuando se aparecía la Virgen María, ellos sentían que la visión era muy bella, que era mucho contenido, pero no notaban el mismo cansancio. Esto es un aspecto, no es tal vez el más importante pero muy bello de la teología de los ángeles.

Ha enseñado la Iglesia Católica, especialmente por la boca de Santo Tomás de Aquino, que los ángeles son formas en ese sentido. Intelectualmente hablando, son como ideas sublimes. La presencia de un ángel es como una inspiración sobrecogedora que de repente le da sentido a una porción amplísima de la historia humana y que de repente le da luz a todo un campo, a toda un área de la creación. Así como un científico cuando descubre una gran idea, puede llegar incluso a perder como cierto contacto con la realidad, como le pasó a Arquímedes, que salió desnudo porque había encontrado el principio. Ese ese principio de la flotación, que luego se utiliza para los barcos, la presión que sufren los objetos cuando son sumergidos en un líquido, así como Arquímedes como fuera de sí por la verdad encontrado queda sobrecogido, así también la presencia de estas sublimes inspiraciones trae como unos rayos, como unos relámpagos de claridad sobre nuestra propia historia y sobre la historia humana. El punto es que es tanta la luz que la inteligencia queda como arrobada. La inteligencia queda como tomada por ese tipo de visión. Y esto produce, produce una especie de cansancio, produce una especie de agotamiento que vivieron los niños.

Me parece tan bella la Iglesia Católica, en la que un fraile en el siglo trece puede decir algo sobre los ángeles y los niños en el siglo veinte pueden mostrar como experimentalmente que esto sucede así, que ellos traigan a nosotros luz, que traigan amor para adorar al mismo Cristo que es Señor de ellos, y que es Señor de nosotros, para gloria del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

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