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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hay ocasiones en que no hay que esperar ?la última redada? para darle el primer lugar a Cristo.
Homilía sand018a, predicada en 20211130, con 6 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Treinta de Noviembre. Nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a San Andrés, el Apóstol San Andrés. Y yo me estoy acordando de un amigo sacerdote que precisamente presta servicio en la isla de San Andrés, esa isla que para alegría nuestra pertenece al terreno de Colombia, en el Mar Caribe, la isla de San Andrés. Y por supuesto en San Andrés, mucha gente está dedicada a la pesca. Bueno, mi amigo, este sacerdote, estaba predicando precisamente el Evangelio que aparece el día de hoy, es decir, ese momento en que Cristo empieza a reunir sus primeros discípulos. Según se nos cuenta, esos primeros discípulos fueron Simón y su hermano Andrés, y luego otros dos hermanos, Santiago y Juan. Pero es que hay un detalle pequeñito en el Evangelio de hoy, que indudablemente sólo lo puede detectar una persona que está en ese ambiente de la pesca.
Resulta que el texto dice que Simón, Simón Pedro y Andrés, su hermano, estaban lanzando la red al lago para pescar. Lo normal son pescadores. Lanzaron la red al lago y luego Cristo les dice Síganme. Cristo los llama con esa palabra que es la gran palabra del discipulado, sígueme. Y dice el texto que acabamos de escuchar, dejando las redes lo siguieron inmediatamente. Entonces, el comentario que le hacía un pescador a ese sacerdote amigo en San Andrés, el comentario que le hacía era este, padre y ¿para quién quedaron esos pescaditos? Oiga, eso ¿Para quién quedaron esos pescaditos? Porque literalmente, lo que dice el texto es que echaron la red al lago, Cristo les echó la red a ellos, y ellos siguieron a Cristo inmediatamente. Inmediatamente. Y entonces la pregunta es ¿Qué pasó con esa red que habían echado ellos al lago? Te repito, es un detalle muy pequeñito. Yo creo que es un detalle que solamente un pescador lo percibe y ese fue el caso. Este pescador se dio cuenta de que arrojaron la red y ahí no dice el texto que recogieron la red y que luego repartieron los pescados o lo que sea. Arrojaron la red, Cristo les arrojó la red a ellos, llamándolos al servicio y ellos dejaron las redes. ¿Y esos pescaditos para quién fueron? Pregunta aquel hombre de San Andrés, de la isla de San Andrés. ¿Por qué estoy comentando esta anécdota que es tan pequeñita y tan simple? Porque nos habla de la presteza, de la agilidad para servir a Cristo. Presteza. Él llama y yo dejo todo. Primero, mi Señor, primero Cristo. Yo creo que esa es una enseñanza muy bella de esta fiesta. Primero Cristo, es decir, vamos a tomar en serio el primer mandamiento de la ley de Dios. Primero Cristo. Primero Él. Eso es clave.
En segundo lugar, observa una cosa. Quizás algunos de nosotros hubiéramos estado tentados de decir, bueno, por lo menos la última redada, la última recogida. Mira, aquí tengo que relacionarlo con algo que me pasó en mi propia historia vocacional. Yo estaba en sexto semestre de mis estudios de física, cuando el llamado de Cristo se volvió tan intenso, pero tan intenso. Y varias personas, entre ellas mi madre, que de Dios goce, me decían no, espérate termina, la última redada, termina esto y después Cristo, la última redada. El Señor me puso en el corazón, no, no, no es así. Es que yo quiero darle a Cristo los mejores años de mi vida, ese fue mi argumento. Y no lo presento por otra razón, sino para que se note que hay ocasiones en que no hay que esperar la última redada. Porque mientras esperamos esa última redada, después de la última, viene otra y después viene otra.
Yo he conocido, por ejemplo, personas que están conviviendo, están en lo que se suele llamar unión libre. Detesto esa denominación. Están ahí en unión libre y uno les dice y bueno, ¿y para cuándo el matrimonio? No, es que estamos esperando a que venga un primo que está en Perú. Luego estamos esperando a que se mejore el hijo, que está como un poquito enfermito y queremos que esté ahí. Estamos esperando a reunir una plata para hacer, aunque sea una pequeña reunión. Estamos esperando la última redada. No esperes la última redada. No esperes eso. Hay momentos en que Cristo simplemente tiene que ser el primero y el único. Piénsalo. Estamos en Adviento.

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