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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para vivir el apostolado debemos dejarnos amar por Dios porque es la fuente de todo, tener prisa por la salvación de las almas y permanecer siempre alegres.
Homilía sand016a, predicada en 20191130, con 6 min. y 17 seg. 
Transcripción:
El Treinta de Noviembre nuestra Iglesia Católica, celebra la fiesta del Apóstol San Andrés. Y en esta ocasión como colombiano quiero enviar un saludo cariñoso a mis hermanos colombianos de la Isla de San Andrés, allá en el Mar Caribe. Hermanos nuestros que sentimos muy cerca y que hemos tenido ocasión de visitar y de servir alguna vez. No se me olvida la oportunidad de predicar que tuve en aquel lugar hace ya un par de años o cosa parecida. San Andrés es el hermano del apóstol San Pedro. Pedro, como sabemos, se llamaba originalmente Simón. Simón y Andrés eran pescadores en el mar de Galilea. La grandeza de Andrés, de este apóstol que hoy recordamos, está, entre otras cosas, en que él empezó a ejercer su apostolado desde el primer momento. Podríamos decir que Andrés es uno de esos hombres que desde el principio, han encontrado una ruta en el llamado de Jesucristo.
Cuando Andrés conoce a Cristo, según nos relata el Evangelio según San Juan, simplemente no puede quedarse con esa gran noticia, no puede reservarla para sí mismo. Y esa me parece que es una gran definición de lo que es un verdadero apóstol. Apóstol de Cristo es aquel que no puede conocer a Cristo y callarlo. Es aquel que no puede tener ese tesoro en su corazón sin que le salga en la fuerza de su voz, en la alegría de sus ojos, en las obras de sus manos y en el vigor de sus pies recorriendo caminos. Cómo sería ese camino que hizo Andrés. Yo imagino sus pasos presurosos para llegar donde Pedro y decirle ¡hey, mira, mira la noticia que te tengo, hemos encontrado al Mesías! Esa prisa, ese amor, esa alegría, son el sello del verdadero apostolado. Son el sello de la verdadera evangelización.
Observa lo que estamos diciendo. Amor, prisa y alegría. Amor, prisa y alegría. Todo empieza por el amor, dice la primera carta de San Juan. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero. Él nos amó primero. El apóstol es aquel que se ha sentido radical, profundamente amado, y respondiendo con amor a ese amor que ha recibido, respondiendo con gozo a ese amor que ha recibido y respondiendo con prisa a ese amor que ha recibido, se convierte entonces en un apóstol. Cómo podemos aplicar este mensaje del apostolado a nuestra propia vida. ¿En qué consiste ese amor? Bueno, ya dijimos lo primero en ese amor es que te dejes amar por Dios. Lo primero es que experimentes cómo con ese amor de Dios, a pesar de todas las dificultades, a pesar de todo lo que está pasando en el mundo, a pesar de todo ello, tienes tantos motivos para alabarle, para amarle, para adorarle. No nos confundamos. El amor a Dios es la fuente del amor al prójimo. Pero aunque están inseparablemente unidos, no debemos decir que el amor al prójimo ya absorbe el amor a Dios o que el amor a Dios ya absorbe el amor al prójimo. Están unidos, pero el amor a Dios es el que es causa del amor al prójimo. Así que cuando tú estés lleno de ese amor, eso ha de notarse, entre otras cosas, en la manera cómo distribuyes tu tiempo. ¿Diría una mujer, por ejemplo, que se siente amada de un hombre que jamás tiene tiempo para ella? Seguro que no. El amor implica tiempo. El amor implica estar ahí. El amor implica gozarse en la presencia del amado. Entonces, lo primero es eso. Es necesario tener un amor, un amor que realmente nos ha transformado y un amor que hace que nos gocemos, entre comillas, gastando el tiempo. Y lo voy a decir más radical, perdiendo el tiempo con Dios. Eso es lo que significa la oración prolongada, sustanciosa, amorosa. Amor, ese amor es la fuente de todo.
Y de ahí viene la prisa. Prisa significa que yo no quiero que nadie se pierda. Prisa significa que yo quiero llegar a los corazones que están en riesgo. Prisa significa que yo quiero llegar primero. Piensa, por ejemplo, en niños y jóvenes. Muchas veces el mensaje de la droga, el mensaje de la pornografía, el mensaje de la corrupción, el mensaje de la confusión de género. Estos mensajes les llegan muy rápido. Hay que tener prisa porque hay que llegar primero, hay que estar ahí, hay que saber estar ahí.
Alegría. No se nos olvide la alegría, porque llegar primero con el mensaje de la amargura, en vez de acercar la gente a Cristo, lo que hace es vacunarlos contra Cristo, alejarlos de Cristo. Eso no es nuestro mensaje. Es un mensaje de servicio, nuestro mensaje es un mensaje gozoso, porque lo que tenemos es la buena noticia. Si tú lo vives, si tú lo conoces, no lo pierdas. No te confundas. Es grande el amor de Dios. Así que, ya sabes; amor, prisa y alegría. Mensajes que nos deja San Andrés en su fiesta.

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