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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solamente la predicación que habla de Cristo es la que despierta y alimenta la fe.
Homilía sand015a, predicada en 20181130, con 7 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El Treinta de Noviembre nuestra Iglesia Católica recuerda al apóstol San Andrés. Andrés era hermano de Simón Pedro. Y con motivo de esta fiesta del Apóstol, encontramos en la primera lectura un texto absolutamente precioso de la Carta a los Romanos. Les invito a que en esta oportunidad reflexionemos en una frase que está al comienzo de ese texto de Romanos. Repito, es el Capítulo número Diez de la Carta a los Romanos. Por supuesto, la razón por la que nuestra Madre, la Iglesia, quiere que esté este texto es porque hace alusión a lo que fue la vida, la vocación de los apóstoles, incluyendo por supuesto, a San Andrés.
¿Cuál es la frase que llama nuestra atención en esta oportunidad? Dice San Pablo. La fe proviene del mensaje. Esa es una traducción. La fe proviene de escuchar, realmente lo que dice el apóstol es algo como eso Fides ex auditu, dice la traducción en latín. La fe viene de escuchar. Es necesaria la palabra para que llegue la fe. Eso es lo central. Pero luego Pablo nos dice algo muy importante. El mensaje consiste en hablar de Cristo. Entonces, fíjate que hay tres elementos que están conectados en este texto de San Pablo. Por una parte, la fe viene de la predicación y por otra parte, el contenido de la predicación es hablar de Cristo. Entonces, la predicación da la fe, y la predicación tiene como contenido central a Jesucristo. Lo podemos decir de un modo más compacto. La predicación que habla de Cristo, la predicación que presenta a Cristo, es la que despierta y alimenta la fe. Esto es muy importante porque esta es la definición de lo que llamamos predicación propiamente dicha.
Ustedes comprenderán, amados hermanos, que quien les habla es un dominico. Yo soy dominico. Yo pertenezco a la Orden de Santo Domingo de Guzmán. Y nuestro nombre oficial en la Iglesia es precisamente Orden de Predicadores. Entonces, allí donde aparece la predicación, el ministerio de la predicación, la necesidad de predicar. Pues, por supuesto, a mí se me abren los ojos y me brinca el corazón. Y eso es lo que tenemos en el texto de hoy. ¿Qué es lo que nos está diciendo sobre la predicación? Que la predicación es la fuente principal para alimentar, para despertar y para alimentar la fe. Esto nos habla de la necesidad de predicar. Pero luego nos dice Pablo que el contenido de la predicación está definido con este resumen. El mensaje consiste en hablar de Cristo. O sea, que Pablo, en estas breves palabras, nos está enseñando sobre cuál es la necesidad de la predicación y también cuál es el contenido fundamental o el cómo de la predicación. Lo que aprendemos de esto que nos dice el apóstol es que la Iglesia necesita, en todos los tiempos, la predicación propiamente dicha.
Para que entendamos bien este concepto. Creo que es bueno que mencionemos las cosas que también son predicación, pero son predicación en un sentido amplio. Porque es que puede hablarse de predicación en un sentido propio, en un sentido directo, en un sentido si se quiere estricto, en un sentido estricto de la palabra, en un sentido propio, en un sentido directo. La predicación es la presentación de la vida de Cristo, del amor de Cristo, de la obra de Cristo, la muerte de Cristo, los milagros de Cristo, la santa resurrección de Cristo. Esa es la predicación propiamente dicha. Y entonces, ¿cuál es la predicación? La predicación que llamamos predicación indirecta, predicación en sentido amplio, predicación en sentido general. ¿Qué otras cosas son predicación, pero no son predicación indirecta? Respuesta. Son también predicación, en ese sentido amplio, todos aquellos testimonios, todas aquellas razones que en algún sentido preparan para el encuentro con Cristo o quitan obstáculos para el encuentro con Cristo.
Entonces, cuando una persona lleva una vida virtuosa y se sabe que esa persona es cristiana y católica, podemos decir que su vida es una predicación. Pero atención, es predicación en un sentido amplio, en un sentido general. Esa todavía no es predicación propiamente dicha. Cuando una persona, por ejemplo, hace obras de caridad, si no añade nada más a esa obra de caridad. La obra de caridad, ese dar de comer al hambriento, ese dar de beber al sediento, eso, eso es predicación, pero predicación en sentido amplio, en un sentido general que todavía queda opaco, que todavía queda ambiguo. Porque efectivamente, el mismo acto que hago yo como católico al brindarle una manta al que tiene frío, ese mismo acto lo puede hacer con otras motivaciones, por ejemplo, un comunista que quiere así, ver si puede lograr adeptos para su partido.
La predicación en sentido amplio, tiene la ventaja de que puede llegar a muchas personas y puede abrir muchas puertas. Pero, si se queda solamente como predicación en sentido amplio, no cumple su función. Si no se llega al anuncio explícito de Jesucristo, no cumple su función. Porque solamente cuando se anuncia expresamente a Jesucristo, todo aquello que se hizo con caridad, todo aquello que se hizo con paciencia cobra su verdadero sentido. Por eso tenemos que estar muy despiertos en nuestro tiempo, porque creo que en nuestra época se quiere una Iglesia que haga predicación, pero solo de esa que no menciona a Cristo, es decir, una predicación que en un sentido muy diluido, muy, muy diluido, una predicación en la cual no se menciona a Dios, no se menciona a Cristo, y por consiguiente quedamos en una terrible ambigüedad. Por eso han dicho varios Papas, entre ellos el Papa Francisco. Cuidado con volver a la Iglesia, una simple ONG. Las organizaciones no gubernamentales. Cuidado con volver a la Iglesia eso. Si la Iglesia hace predicación de esa, amplia, es decir, obras humanitarias, de promoción humana, de búsqueda de la paz. Todo eso es necesario. Pero si no se llega al anuncio explícito de Jesucristo, nos hemos quedado cortos y de hecho, casi cualquiera puede secuestrar lo que nosotros hagamos y puede apropiárselo, y puede utilizarlo para sus propios fines.
¿Qué debemos pedir? Que en la Iglesia haya las dos cosas. Necesitamos esa predicación amplia, sí, para tocar muchos corazones. Pero necesitamos divina pedagogía para llegar desde ese lenguaje de amor genérico al amor con rostro, al amor con rostro santo y bello, el amor que está en Jesucristo. Así lo hicieron los apóstoles.

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