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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Estamos llamados a ser hombres de frontera tomando lo mejor que hemos sido para ofrecerlo al Evangelio y tomando el Evangelio para llevarlo a nuestras culturas.
Homilía sand013a, predicada en 20171130, con 5 min. y 54 seg. 
Transcripción:
El treinta de noviembre nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra al Apóstol San Andrés. San Andrés, natural de la pequeña población de Bethesda en Galilea, el mismo lugar de donde era Simón, su hermano, después llamado Pedro, es uno de los doce elegidos por Cristo. Su nombre es de origen griego. Andreas es un nombre griego derivado de la palabra Aner/ Andros, que significa varón. El nombre de Andrés nos remite entonces a la relación compleja entre el pueblo de la Alianza, básicamente el pueblo judío y las naciones vecinas. Lo mismo que Felipe también Andrés tiene ese nombre que es típicamente extranjero. En los lugares que están así, en la frontera entre distintos pueblos, distintas culturas, suele darse una mezcla y esa mezcla suele empezar por los nombres propios. Así, por ejemplo, en nuestra lengua castellana tenemos la huella de la presencia del Islam durante tantos siglos con mucha fuerza en la Península Ibérica. Por eso en el castellano hay muchas palabras que tienen origen musulmán y hay muchos nombres y apellidos que tienen una raíz también en esa cultura y en esa religión. Aquellos lugares que son frontera son lugares donde se empieza a dar una relación más estrecha entre distintas culturas y eso se refleja en los nombres. Destaco este hecho porque si luego descubrimos cuál es la misión que realiza Andrés después de Pentecostés, encontramos que tal vez lo más señalado es haber puesto firmemente haber sembrado con firmeza la semilla del Evangelio en la ciudad que hoy llamamos Estambul y que en la antigüedad se llamó Constantinopla. Esta es la razón por la que los cristianos de esa parte del mundo actual, Turquía, consideran a San Andrés como el gran fundador de esa comunidad cristiana. Constantinopla fue una de las cinco grandes sedes de la antigüedad, junto con Jerusalén, Alejandría y otras. Constantinopla esa gran sede atribuye su origen al apóstol San Andrés. Y entonces tú puedes preguntarte ¿y por qué lo principal del servicio que prestó Andrés está en lo que hoy es Turquía? Bueno, en aquella época, por supuesto, no se hablaba turco y por supuesto, no existía nada de la religión musulmana. Nada de eso existía porque Mahoma todavía no había nacido. Faltaban siglos para que naciera. Lo que quiero destacar con todo esto ¿qué es? Que Andrés es un apóstol de frontera, que Andrés está en la frontera entre el mundo judío y el mundo griego, y una vez que ha sido conquistado su corazón por Cristo y lleno ese corazón por el poder del Espíritu Santo, este apóstol con esa fuerza va a sembrar vigorosamente el Evangelio en medio de la cultura griega. Te repito, no era cultura turca ni musulmana en aquella época. Es la cultura griega la que se hace presente, la que se hace, la que se hace fuerte allá. Y es allá donde Andrés va a llevar el mensaje del Evangelio. Por eso creo que nosotros debemos preguntarnos ¿cuáles son nuestras propias fronteras? porque también en nosotros muchas veces se da como esa especie de doble pertenencia, es decir, nosotros quizás, por ejemplo, tenemos por raíz una fuente, que se yo, afrodescendiente, por decir algo, y por otro lado vivimos en un país católico, pues tiene que darse como en el caso de Andrés, tiene que darse un doble enriquecimiento, aquello que viene, aquello que es sano y viene de tu cultura, apórtalo a tu condición de creyente. Pero por otro lado, aquello que viene de tu fe, ese bien de tu fe, llévalo a tu cultura, llévalo a tu país. Eso fue lo que hizo Andrés. Andrés, el hombre de frontera, Andrés, el que tiene un nombre griego, una cultura judía y recibe de su raíz judía el Evangelio de Jesucristo y recibe de Jesucristo el don del Espíritu Santo, y luego implanta con vigor y con eficacia ese mismo evangelio en medio de la cultura griega de su tiempo. Hombres de frontera estamos llamados a ser capaces de tomar lo mejor de lo que hemos sido para ofrecerlo al Evangelio y capaces de tomar el Evangelio para llevarlo a nuestras propias culturas.

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