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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El apóstol Andrés nos enseña que aunque creas que eres pequeño y que poco vale lo que tienes Cristo sabe cómo multiplicarlo.
Homilía sand010a, predicada en 20151130, con 5 min. y 31 seg. 
Transcripción:
El día treinta de noviembre nuestra Iglesia Católica recuerda al Apóstol San Andrés. Tomemos algunos datos que nos dan los evangelios sobre este apóstol y agradezcamos al Señor por la vida y el ministerio de este hombre de Dios. Era natural de la ciudad de Betsaida, en Galilea. Galilea es la región que queda al norte de Samaria y Samaria queda al norte de Judea. En Galilea se encuentra también la población de Nazaret, donde se crió nuestro Señor Jesucristo. Andrés era hermano de Simón, lo mismo que Juan era hermano de Santiago. Y estas dos parejas de hermanos trabajaban en la pesca. Era pescador en el mar de Galilea. Otra característica de Andrés es que fue de los primeros discípulos de Jesucristo. ¿Cómo sucedió? Pues resulta que Andrés, lo mismo que Juan, el hermano de Santiago, eran discípulos de Juan Bautista. ¿Cómo podían ser discípulos de Juan Bautista si también eran pescadores en el mar de Galilea? Pues discípulos quiere decir que estaban muy cerca de la persona y de la enseñanza de Juan el Bautista. Me gusta pensar en Juan y en Andrés como lo que hoy nosotros llamamos laicos comprometidos, laicos que toman en serio su fe, evidentemente laicos, porque eran personas que tenían un oficio, tenían un trabajo y vivían con su familia, pero tomaban en serio su fe. Y se nota porque la Biblia los llama discípulos de Juan Bautista. O sea que estaban muy cerca del gran predicador en el desierto. Y esa cercanía con Juan llevó a un momento absolutamente único. En un momento, Juan el Bautista, señalando a Jesús de Nazaret, dice: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese es el momento en el que Juan pone a sus propios discípulos, en este caso a Andrés y al otro Juan, que luego sería Juan el evangelista. Los pone en la ruta, los pone en el camino para que sean discípulos de Jesús. Y entonces estos dos fueron allá donde Jesús. Y Jesús les preguntó ¿Qué quieren? Y ellos respondieron ¿Maestro, dónde vives? Y se quedaron con él el resto de ese día. Esa tarde, ese encuentro, esas palabras cambiaron para siempre a Andrés. De ahí en adelante su vida fue otra cosa. Otro pasaje del Evangelio en el que podemos recordar a Andrés es cuando la multiplicación de los panes. Recuerdas ¿cuál es la actitud de Felipe? Felipe dice: Aunque tuviéramos quinientos denarios de pan, no se le podría dar un pedazo a cada uno. Había mucha gente, no. Bueno, la actitud de Andrés es: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes, a pesar de que es poquísimo. Andrés es aquel que sabe ofrecer eso, ese poquito. Eso que parece insignificante, lo presenta a Jesús. Andrés, entonces, es un discípulo de Juan. Es un laico comprometido. Es un hombre de fe y es también el primer promotor vocacional. Porque el primero que le habló a Simón de la vida de Jesús fue precisamente Andrés, el apóstol que estamos recordando hoy. Y eso también me gusta recordarlo y me gusta agradecerlo a Dios porque Andrés fue el promotor vocacional del primer Papa, promotor vocacional de Pedro, luego llamado por Cristo con ese nombre. Originalmente sabemos que se llamaba Simón. Entonces, ¿cómo hacernos una idea del perfil de este apóstol? Es un hombre interesado por las cosas de Dios, Es dócil, es generoso, sabe compartir, es entusiasta y pone sobre todo al servicio de Dios, lo poco o lo mucho que ha encontrado. Que estos ejemplos, ejemplos benditos, ejemplos sublimes de un gran hombre, calen en nuestro corazón. Sobre todo lo último. No se te olvide darle tus panes, darle tus peces, aunque creas que eres pequeño y aunque creas que poco vale lo que tienes, Cristo sabe cómo multiplicarlo. Andrés nos deja esta hermosísima lección.

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