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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sin forzar los textos puede hacerse una hermosa comparación entre la vocación de San Andrés y el camino que lleva a un laico comprometido a buscar una consagración.
Homilía sand008a, predicada en 20121130, con 7 min. y 47 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, en los evangelios hay dos pasajes que se refieren a la vocación de Andrés, el apóstol que hoy recordamos. Uno de esos pasajes está en el capítulo primero de San Juan y otro que es el que hemos oído, está en el capítulo cuarto de San Mateo. Podemos aprender mucho de estos dos relatos si los miramos de una forma complementaria. Pero antes que nada, démonos cuenta que Andrés es un nombre de origen griego. Aner/ Andrós en griego quiere decir varón. Y el dato no es únicamente anecdótico. Andrés lo mismo que Simón Pedro eran originarios de Betsaida. Ciudad del Norte de Galilea. Estar en Galilea, tener la fe judía y tener un nombre griego es estar en la frontera. Es evidente que en esa región se hablaba con bastante frecuencia el griego común llamado koiné. Y este punto tiene su interés, porque vamos a encontrar en otro pasaje del Evangelio de Juan, como algunos de lengua griega, queriendo acercarse a Jesús, buscan a los discípulos que tienen nombres griegos, de los cuales se mencionan dos en el pasaje del Evangelio de hoy a Felipe, que por supuesto es nombre tomado de Filipos y a Andrés que viene de Andreas. Así que podemos decir que incluso por su propio nombre, este apóstol estaba destinado a ser puente entre culturas y hacer también puente entre personas. Andrés tiene el honor singular de ser el promotor vocacional del primer Papa. En los cristianos. Entre los cristianos de la ortodoxia. Es venerado con especial afecto San Andrés porque se le considera el fundador, el primer obispo, diríamos, de la sede de Constantinopla, también llamada Bizancio. No hay pruebas sobre este hecho. Si se miran los registros históricos. Los primeros nombres que aparecen para la sede de Constantinopla son del siglo cuarto. Sin embargo, tanto en Oriente como en Occidente se recuerda con especial cariño a Andrés, relacionándolo con la sede de Constantinopla y por eso este día es día de especial oración por los cristianos ortodoxos y es día en que el Obispo de Roma suele enviar un mensaje de fraternidad y de cercanía al patriarca de Constantinopla. En los dos relatos que he dicho, capítulo primero de Juan y capítulo cuarto de Mateo, nos podemos hacer más o menos una idea de cuál fue el proceso que él siguió. Andrés, antes de ser discípulo de Jesús, había sido discípulo de Juan el Bautista. Era discípulo del Bautista, pero conservaba su oficio de pescador. Se parece mucho a personas que ustedes y yo conocemos. Es lo que uno llamaría un laico comprometido. Él tenía su trabajo, tenía su oficio, pero hacía sus tiempos de retiro yendo a la orilla del Jordán a escuchar a ese nuevo profeta tan vigoroso, tan valiente, llamado Juan. Juan el Bautista, decimos nosotros. O sea que Andrés pasó de ser un laico comprometido, que hacía retiros a ser una persona consagrada. Y fue precisamente Juan el Bautista el que lo puso en la ruta de Jesús, según cuenta ese capítulo primero de Juan, de Juan el Evangelista. Este Juan Bautista señaló a Jesús y dijo: Este es el Cordero que quita el pecado del mundo. Y Andrés y otro discípulo, y ese otro discípulo parece que es Juan el evangelista. Fueron donde Jesús. Estos fueron los que le preguntaron a Jesús ¿Maestro, dónde vives? Y se quedaron con él el resto de ese día. Esas dos o tres horas que pasaron con Jesús convencieron a Andrés de que Jesús de Nazaret era el Mesías. Y con esa convicción y alegría fue donde su hermano Simón y le dijo: Hemos encontrado al Mesías. Simón fue donde Jesús. Jesús le dijo: Tú te llamarás Cefas. Pero todavía no se quedaron con Jesús. Sintieron la alegría de saber que habían hallado al Mesías, pero siguieron en su oficio. Es ahí donde entra el pasaje del Evangelio que hemos oído hoy. Estando en su oficio, ya todos ellos conocían a Jesús, y es ahora Jesús el que va al lugar de ellos. Primero, ellos habían ido al lugar de Jesús. Ahora es Jesús el que va al lugar de ellos y le suelta esa palabra, ese llamado: Seguidme, os haré Pescadores de hombres podemos decir que es la gota que rebosó la copa. Andrés, a través de sus retiros espirituales, a través de sus jornadas de oración, a través de sus tiempos de ayuno y silencio con Juan Bautista, había ido preparando el corazón para algo grande, y eso grande llegó con esta Palabra de Cristo. Nuestros hermanos cristianos ortodoxos llaman a Andrés el Paracleto es el primer llamado, el primer discípulo que la alegría de su respuesta, que su generosidad quede impresa también en nuestros corazones, para que podamos cautivar a muchos otros en el seguimiento del Señor.

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