Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vocación empieza cuando uno vislumbra el lugar de Cristo desde el lugar de uno.

Homilía sand007a, predicada en 20121130, con 4 min. y 50 seg.

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Transcripción:

Nuestra Iglesia Católica recuerda hoy al apóstol San Andrés, discípulo de Cristo de los primeros. Pero antes que discípulo de Jesús, discípulo de Juan el Bautista. Sucede con este apóstol que hay dos relatos del origen de su vocación. Por una parte, encontramos en los evangelios sinópticos, por ejemplo, en Mateo, cómo el llamado de Andrés sucede a orillas del mar de Galilea. Andrés era hermano de Simón, llamado Pedro, y ambos eran pescadores. Entre sus amigos tenían también a otros dos hermanos que también eran pescadores: Santiago y Juan. Y Jesús, caminando por la orilla del mar de Galilea, llama a Simón y Andrés y después llama a Santiago y a Juan para que empiecen a ser no solamente compañeros en la misión, sino, como él les dijo, Pescadores de hombres. Ese es un relato.

Pero luego el evangelio de Juan nos cuenta otra escena de los comienzos de la vocación de Andrés. Sucede que Andrés, junto con Juan, eran ambos discípulos, eran muy cercanos de Juan el Bautista. Y entonces, en un momento dado, Juan. Juan el Bautista ve que Jesús pasa y les dice: Ese es el Cordero que quita el pecado del mundo. Y Andrés y Juan van detrás de Jesús y le preguntan. Les pregunta a Jesús ¿qué quieren? Y ellos responden Maestro, ¿dónde vives? O sea que tenemos esas dos escenas, una que nos muestra a Andrés en su lugar, en su vida, en su trabajo. Y la otra escena que nos presenta Andrés en el lugar, en la casa, en el medio en donde está Cristo. Uno podría preguntar ¿cuál de esos dos relatos es el verdadero? ¿Qué fue lo que realmente sucedió? Pero tal vez esa pregunta no cabe. Tal vez lo que finalmente movió a Andrés fue el contraste entre su lugar y el lugar de Cristo.

Hay un salmo muy hermoso que canta la hermosura del templo y dice con profunda inspiración el salmista: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos! Mi alma se consume y anhela los atrios del Dios vivo. Vale más un día en tu casa que mil en mis moradas. Es decir, esa persona tiene conciencia de la diferencia que hay entre su casa y la casa de Dios. Algo así le sucedió a Andrés. Andrés comprende que hay una gran diferencia entre su vida que no era mala, no era una vida de pecado. Su vida, su oficio y la vida y el oficio de Cristo. Andrés siente esa distancia. Siente, por decirlo de alguna manera, que Cristo se mueve en otra línea, que Cristo va en otra dimensión. Y esa percepción de la casa de Dios como contraste con mi casa.

El oficio de Cristo, pescador de hombres con el oficio mío, pescador de los peces del mar de Galilea. Ese contraste es el que pone en movimiento a Andrés como un querer alcanzar la causa de Cristo, la vida de Cristo. Y finalmente lo alcanzó. Así como Cristo murió por nosotros, así como entregó su vida en la cruz. También Andrés, según la tradición, murió y murió de manera en forma de martirio. Se cuenta que fue crucificado en una cruz en forma de X. Por eso se le representa así como aparece, por ejemplo, en el cuadro de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

Que este apóstol nos ayude a ver el contraste entre lo que somos y lo que Dios ha pensado para nosotros, y que este apóstol nos ayude a ponernos en movimiento.

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