Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro ángel de la guarda, feliz en Dios, nos acompaña y nos conduce hacia la santidad y la verdadera felicidad. Cuanto mayor es nuestra necesidad, más debemos confiar en la providencia de Dios y en la ayuda de sus santos ángeles.

Homilía sacu026a, predicada en 20261002, con 6 min. y 31 seg.

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Transcripción:

El 02 de octubre nuestra Iglesia Católica celebra a los Santos Ángeles Custodios. Sé que para muchas personas esto pertenece a un mundo mágico, una especie de mitología católica, pero la verdad es que el Evangelio de hoy, en palabras de nuestro Señor Jesucristo, nos da no solamente una certeza sobre la existencia de estos ángeles custodios, sino que nos enseña mucho sobre quiénes son los santos ángeles.

Dice Cristo, en efecto, que los ángeles de los niños contemplan sin cesar el rostro del Padre celestial. Esto, ya por lo pronto, nos muestra que es propio de los ángeles la bienaventuranza. Por supuesto, estoy hablando de los santos ángeles, porque ángeles también son, pero caídos, los demonios. Son bienaventurados y el hecho de que haya esa felicidad en ellos, como bien lo predicaba San Bernardo, es un incentivo, es un llamado para que nosotros también un día, podamos participar de la felicidad que ellos ya tienen.

Tu ángel de la guarda es un ser feliz, es un ser feliz en Dios y es un ser que quiere que tú aprendas a ser feliz en Dios y que un día puedas disfrutar plenamente de lo que Él, tu ángel de la guarda, ya tiene. Esa es una enseñanza. Segundo, nos dice Cristo nuestro Señor que son ángeles de los niños. Pero no debemos olvidar que la mirada que Dios tiene sobre nosotros es como la mirada que un padre tiene sobre sus hijos. Y esto me hace recordar una parte del Evangelio según San Juan, porque Cristo, hablando a sus apóstoles en el contexto de la última Cena, los llama «teknia», esa es la palabra griega que significa hijitos, ellos son sus hijitos.

De hecho, el diminutivo está ahí, está incluido en la palabra «teknia», son como sus niñitos. Y así nos mira Dios, porque Dios es consciente de nuestra fragilidad, Dios es consciente de todo lo que nos hace falta crecer. Y Dios es consciente de todo lo que nosotros necesitamos de Él. Así como un papá mira a su niño pequeño, mira a su bebé y lo reconoce al mismo tiempo, tan frágil, tan necesitado de amor, y pone toda su esperanza en que ese niño pueda crecer y pueda desarrollarse. Así que cuando Cristo dice que los ángeles de los niños están mirando el rostro del Padre Celestial, debemos recordar que nosotros para Dios somos sus niños.

Y, además, en ninguna parte dice la Biblia, en ninguna parte dice que cuando llegamos a la adolescencia o la pubertad o la juventud, los ángeles se van de nosotros. En ninguna parte dice la Biblia que esos ángeles que acompañan a los niños, y niños hemos sido todos y pequeñitos. Hemos sido y somos todos ante Dios, nos vayan a abandonar. De hecho, es más grande la necesidad que nosotros tenemos de la custodia y protección de los ángeles cuando estamos ya en la edad adulta, porque las decisiones que toma un niño usualmente son pequeñas y de corta implicación.

En cambio, las decisiones que nosotros tomamos, la manera como nosotros obramos, es muy, muy diferente. La manera como nosotros obramos sí que tiene tremendas implicaciones. Cuando una persona, por ejemplo, casada, está pensando, yo creo que yo podría dejar a mi esposa y a mis hijos y empezar una nueva vida con otra mujer, eso tiene implicaciones gravísimas. Cuando un sacerdote dice, yo no sé si esta es mi vocación, yo creo que tengo que irme a otra parte, tengo que hacer otra cosa, eso tiene tremendas Implicaciones. Cuando una persona dice, pues yo voy a hacer un poco de dinero matando otra gente y me voy a volver sicario, eso tiene tremendas implicaciones.

Por eso, lo que está en juego en nuestra vida adulta es mucho más grave, es mucho más serio de lo que puede pasar en la vida de un niño. Aunque también hay niños que toman decisiones muy desacertadas y muy graves. Así que debemos tener certeza de que cuanto mayor es nuestra necesidad, pues mayor es la manifestación de la providencia divina en nuestra necesidad y, por consiguiente, más es lo que nosotros requerimos de los santos ángeles. Por último, quiero volver a un punto que ya mencioné, y es que ellos son bienaventurados y están cerca de nosotros.

Por favor, piensa lo que eso significa. Piensa que tu ángel custodio es profundamente amigo tuyo, te ama con amor que está unido a la obediencia que ese ángel le debe a Dios, ese es el amor que te tiene tu santo ángel. Y ese amor que te tiene, ese inmenso amor que te tiene, pues también, oye esto tan bello, también es amor que te anima. A ver si logro explicarme, piensa que tienes un buen amigo, un buen amigo en esta tierra, a mí se me ocurre, por ejemplo, un buen sacerdote. Así como las malas amistades nos arrastran al pecado, las buenas amistades nos llevan, casi digo, nos arrastran hacia Dios.

Pues, imagínate lo que es tener a un amigo que sabe dónde está la felicidad, que sabe dónde está la santidad, que sabe dónde está la bondad y que, al mismo tiempo, está cerca de ti y te ama. Cuánto desperdiciamos de la providencia de Dios por falta de fe y por falta de cercanía a nuestros santos ángeles. Eso puede cambiar, eso debe cambiar, y yo propongo que cambie desde el día de hoy. Que Dios te bendiga.

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