Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los santos ángeles nos enseñan a adorar a Dios al poner todo nuestro amor y atención en Él, obrando con diligencia y discreción para la gloria divina y viviendo en humildad, lejos de la soberbia y el egoísmo.

Homilía sacu025a, predicada en 20251002, con 8 min. y 48 seg.

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Transcripción:

El 02 de octubre recordamos y celebramos a nuestros santos Ángeles Custodios. Y digo nuestros Ángeles Custodios, porque es fe de la Iglesia que cada uno de nosotros, como un regalo de la providencia de Dios, ha recibido la custodia, es decir, la compañía y cuidado de un ángel santo. Hay un santo, un ángel santo que por disposición de Dios acompaña tu vida, ese es el mensaje.

Y bien, ¿qué podemos aprender nosotros de estos dulces y bienaventurados espíritus que Dios ha querido que nos ayuden en el camino de la vida cristiana? Hoy quiero tomar cuatro lecciones que recibimos de ellos. Ante todo, los santos ángeles son adoradores, es decir, su corazón, su mirada, su atención, todo su ser está para Dios. Y esa orientación hacia Dios que ellos tienen de manera perpetua e irrevocable, es una invitación a que nosotros vivamos el primer mandamiento de la ley divina. Ese primer mandamiento es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas.

Es el primer mandamiento que uno rompe, es el primer mandamiento que uno olvida, lamentablemente. Pero ese mandamiento es el que, de alguna manera, ellos viven plenamente, porque, repito, todo su amor, toda su atención está dirigida hacia Dios, y tener cerca de ti a un adorador, es tener cerca de ti una escuela de oración. La próxima vez que vayas a orar especialmente cerca del Santísimo Sacramento, pídele a tu santo Ángel de la Guarda que te acompañe, que te enseñe, que te inspire.

Segunda lección, los ángeles son diligentes, el Salmo 103 dice que los santos ángeles de Dios son prontos a la voz de su Palabra. La diligencia es uno de los grados más altos, probablemente el más alto de la obediencia. Diligencia significa que no solamente se va a obedecer, sino que se obedece con prontitud. Esa prontitud habla de amor, esa prontitud habla de buena disposición, el Salmo, repito, dice: prontos a la voz de su Palabra. Los ángeles son diligentes, son ágiles en el servicio, porque muchos de nosotros tratamos de servir a Dios, pero vamos como con una lentitud en el camino, vamos como tan despacio.

Fíjate que el gran San Agustín decía: Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva tarde, te amé. Y ¿qué significa eso? Pues como lo indican las palabras, que tardamos en responder, necesitamos de ese fuego, de esa prontitud, de esa diligencia de los ángeles. De manera que las santas inspiraciones que Dios nos da a todos, esos buenos deseos que Dios nos inspira a todos, no se queden simplemente encerrados en un futuro hipotético. Qué bonito sería, no te quedes en qué bonito sería, manos a la obra, manos a la obra, es por la gloria de Dios, es por el bien de las almas, pronto, pronto. Esa es la diligencia y eso lo viven los santos ángeles.

Otra característica, van a ser cuatro. Otra característica, los ángeles son discretos. Esa discreción ¿qué significa? Pues es parte de la perfección, de la obediencia. La persona que hace lo que tiene que hacer, pero luego se exhibe, le está robando a Dios la gloria. Los ángeles no se exhiben, hacen lo que tienen que hacer y se desaparecen, cumplen aquello para lo que fueron enviados y se van. Mira lo que nos enseña la Escritura, por ejemplo, sobre los ángeles, concretamente sobre los arcángeles, cómo ellos hacen lo que tienen que hacer y no más.

Y eso es lo mismo que nosotros tenemos como consigna, porque Cristo nos dijo que después de que cumpliéramos todo lo que teníamos que hacer, dijéramos: no soy un siervo indispensable, eso se suele traducir por: somos siervos inútiles, no es una buena traducción. No soy indispensable, hice lo que tenía que hacer, esa expresión, hice lo que tenía que hacer, sí viene directamente del Evangelio, entonces nosotros estamos llamados también a ser discretos, como estos ángeles, discretos. Hacer lo que tenemos que hacer y no quitarle un ápice a la gloria de Dios.

El último aspecto que quiero destacar tiene que ver también con esa humildad, pero es que hay algo que enseña Santo Tomás de Aquino que es muy poco predicado. Y es que los ángeles tienen la característica de que aprenden unos de otros, reciben unos de otros, iluminan unos a otros. Y este, repito, es un rasgo de la vida angélica que se comenta muy poquito. Ellos reciben luz unos de otros, podemos decir que resplandece la santidad de Dios en cada uno, pero que ese resplandor también llega a otros. De hecho, lo que enseña Santo Tomás es que los ángeles forman como una especie de escalera viviente de la gloria divina.

¿Recuerdas la escala de Jacob que nos cuenta el libro del Génesis? Pues esa idea la desarrolla Santo Tomás diciendo que es como una escalera, de tal manera que los ángeles que están muy, pero muy cerca de Dios y que están llenos de esa luz divina, de alguna manera la comparten, la irradian sobre los demás ángeles. Es muy bello, eso es muy hermoso. Entonces, es la humildad para no retener y es la humildad de dejarse iluminar. Eso tienen los santos ángeles, eso tiene tu Ángel de la Guarda y es una invitación para que tú también lo tengas.

Lejos de toda arrogancia, lejos de toda soberbia que pretende decir: Yo lo puedo todo, y lejos de todo egoísmo que pretende encerrar la luz, los ángeles reciben y comparten y como comparten no son egoístas, y como reciben son humildes. Qué lecciones tan preciosas. Entonces, las cuatro lecciones de hoy: los ángeles son adoradores, los ángeles son diligentes, los ángeles son discretos y los ángeles son humildes, humildes para recibir y humildes para compartir. Santos ángeles de Dios, rueguen por nosotros. Amén.

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