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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los santos ángeles nos guardan porque estamos en peligro y nos custodian porque tenemos enemigos. El demonio quiere destruir lo más valioso, la imagen de Dios en nosotros.
Homilía sacu024a, predicada en 20241002, con 9 min. y 39 seg. 
Transcripción:
El 02 de octubre recordamos y celebramos con toda la Iglesia a nuestros santos Ángeles Custodios. Y lo primero que quiero recordar es que los ángeles custodios son para toda la vida. ¿Por qué lo digo? Porque, como ya comentaba en otra oportunidad, si ustedes miran las imágenes de los angelitos, de los Ángeles de la Guarda o Ángeles Custodios, siempre los ponen protegiendo a niños, a niños pequeñitos. Una imagen que por lo menos es muy frecuente en mi país es la de un niño que está caminando por un puente peligroso y ahí va el angelito cuidando al niñito.
Eso es verdad, es verdad que los ángeles nos cuidan, pero nos cuidan no solo cuando somos niños, es lo que estoy destacando. Es decir, los ángeles no son únicamente para la infancia. La presencia y la acción de los santos ángeles es para toda la vida, porque mira el nombre que les damos: Ángeles de la Guarda o ángeles que nos guardan, Ángeles Custodios, ángeles que nos custodian. ¿Por qué nos guardan? Porque estamos en peligro. ¿Por qué nos custodian? Porque tenemos enemigos. Y por eso, en esta oportunidad quisiera hablar de eso, quisiera hablar de cuál es ese peligro.
¿Cuál es ese peligro en el que estamos y cuáles son esos enemigos? Porque es que hay muchos que viven como si estas fueran fábulas. Es increíble, mira, la fiesta de los santos Ángeles Custodios nos ayuda a recordar que somos infinitamente valiosos, somos tan valiosos como valiosa es la sangre de Cristo, porque por nosotros derramó su sangre. Entonces, en nosotros hay un tesoro de valor, un tesoro inmenso de valor. Y ese tesoro inmenso está en peligro. Tesoro inmenso de valor. Wow, ¿cómo es ese tesoro inmenso de valor?
Ese tesoro de valor empezó el día en que fuimos creados. Tú y yo somos imagen y semejanza de Dios, eso por creación, pero por redención reposa en nosotros el valor infinito de la Santísima Sangre de Cristo, y por redención hemos sido constituidos templos del Espíritu Santo. Entonces, fíjate, somos imagen de Dios, valemos la sangre de Cristo y somos templos del Espíritu. Ahora entiendes por qué necesitamos quien nos proteja, todo eso está en peligro. Y aquí viene la segunda parte. Es que tenemos enemigos, no se nos puede olvidar que el demonio es real.
Mira, de los últimos Papas, el que más ha hablado sobre la realidad del demonio, de la acechanza del demonio y de la astucia del demonio es este, nuestro Papa Francisco. Este Papa, que ese aspecto casi no se destaca de su magisterio, ha hablado con absoluta claridad sobre la existencia real del demonio. Y ¿qué es lo que quiere el demonio? Destruir el tesoro que hay en ti. Y el tesoro ¿cuál es? Que eres imagen y semejanza de Dios. Entonces, el demonio quiere que esa imagen se destruya. Tú piensa en el cuadro más bello que te puedas imaginar. Uno siempre cuando dice cuadro bello, cuadro famoso, uno piensa en algo como la Mona Lisa de Leonardo.
Pues la Mona Lisa de Leonardo, fue hecha por un ser humano y representa un ser humano. La imagen de Dios que está en ti fue hecha por Dios y refleja a Dios mismo. Entonces, el demonio quiere destruir esa imagen de Dios, quisiera rasgarla, romperla, ensuciarla, convertirla en un manchón hediondo, eso es lo que quiere. Y por eso necesitamos protección, nosotros valemos lo que vale la sangre de Cristo. Cada pecado mortal es un insulto a la sangre de Cristo, con cada pecado mortal que nosotros conocemos, el demonio escupe hacia Cristo y le dice: Te das cuenta que perdiste tu tiempo, perdiste tu sacrificio.
Cuando nosotros pecamos, el demonio se burla de Dios, sobre todo, con el pecado mortal, porque el pecado mortal es como decirle a Cristo que fue inútil su sacrificio. Entonces, el demonio escupe hacia Cristo y le dice: Mira, perdiste tu cruz, perdiste tus clavos, perdiste los azotes, de nada te sirvió derramar tu sangre. Mira cómo vive este hombre, mira como vive esta mujer, mira como vive este sacerdote. Y se burla y suelta asquerosas carcajadas contra Cristo. Por eso necesitamos ser protegidos. Y nosotros somos templos del Espíritu Santo, pero nos convertimos en pocilga de hediondos cerdos por el pecado, y en vez de ser templos del Espíritu, nos convertimos en cueva de ladrones o en lugar inmundo de alimañas.
Entonces, sí tenemos peligro y sí tenemos adversarios, por eso necesitamos ayuda. En Efesios capítulo 6, el apóstol San Pablo dice: Es que nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, nuestra lucha es contra los espíritus del mal. Y por eso necesitamos el auxilio en primer lugar del Espíritu Santo, que es nuestro primer y principal defensor. Luego necesitamos nuestra humilde y confiada y perseverante unión con Dios, con la obra de la gracia. Y luego, necesitamos el auxilio de los buenos hermanos y hermanas en la comunidad cristiana y el auxilio de los santos ángeles.
Ellos están ahí, si Dios nos envió esos aliados, es porque los necesitamos. Y te repito, los necesitamos toda la vida. Yo me atrevería a decir que a veces se necesitan más en la vida adulta. Y cuando lleguemos a la hora de la muerte, necesitamos ahí, sobre todo, ahí necesitamos muy especialmente la ayuda del Ángel de la Guarda, porque esa va a ser la hora decisiva en que el demonio desatará lo peor de sus ardides y lo más agresivo de su violencia, para tratar de arrebatarle a Cristo lo que Cristo ganó. O sea que lo de los santos ángeles hay que tomarlo en serio.
Me agrada mucho hacer esta pequeña homilía junto a este altar, ¿sabes por qué? Porque en cada misa llamamos a los santos ángeles, ¿te acuerdas cómo termina el prefacio? Por eso, con tus ángeles y con tus santos, te alabamos cantando. Siempre llamamos a los santos y a los ángeles, en primer lugar, a nuestros Ángeles Custodios. Si sientes que tu vida de oración está llena de mediocridad, hazte más amigo de tu Ángel de la Guarda. Si sientes que tu adoración está en el suelo y tu vida está llena de tibieza y de incoherencia, llama a tu santo Ángel Custodio, para que los ángeles, que son expertos en fidelidad, expertos en obediencia y expertos en alabanza, le den una nueva calidad a nuestra vida. Ángeles de Dios, rueguen por nosotros. Amén.

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