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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En esta fiesta debemos fortalecer la alianza con nuestros ángeles, aprender a ser ángeles para otras personas y recibir de ellos el mensaje de que Dios jamás está lejos.
Homilía sacu022a, predicada en 20211002, con 7 min. y 4 seg. 
Transcripción:
El 02 de octubre, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a los santos Ángeles Custodios. Tres importantes lecciones podemos tomar en este día. Primera, vale la pena fortalecer nuestra amistad, nuestro pacto y alianza con los Ángeles de la Guarda, cada uno con el suyo. Segundo, de ellos podemos aprender lo que significa ser ángeles para otras personas. Y tercero, preguntarnos sobre cuál es el mensaje que los ángeles nos dan, no tanto con sus palabras, sino sobre todo, con su propio ser. Vamos por partes. Primero, fortalecer la alianza con nuestros ángeles custodios.
Cristo dice en el Evangelio que los ángeles de los niños miran perpetuamente al rostro de Dios. Pero, por supuesto, no hay ninguna razón para que los ángeles nos abandonen cuando nosotros abandonamos la infancia. Esa es una de las raíces de esta bendita devoción que tiene nuestra Iglesia Católica con respecto a los santos Ángeles Custodios. No hay por qué creer que los ángeles nos van a abandonar, que nos van a dejar ahora que más los necesitamos, porque posiblemente estamos en condición de mayor peligro en nuestra edad adolescente, en nuestra juventud o en nuestra edad adulta, estamos en peor, mucho peor condición que cuando éramos niños.
Esos cuadros que representan pictóricamente la protección del Ángel de la Guarda, siempre muestran, por ejemplo, al niño que va caminando por un puente endeble y el angelito está ahí como cuidándolo para que el niño no se caiga. Es una buena imagen de los peligros que puede tener un niño, pero cuando ya somos adultos caminamos por sendas mucho más peligrosas que un puente endeble. Entonces, hay que creer en esa presencia, basados en las palabras de Cristo, hay que creer en la presencia de los Ángeles Custodios, pero hay que hacernos más amigos de ellos.
Y nos hacemos más amigos de ellos, llamándolos en nuestro socorro, nos hacemos más amigos de ellos, pidiendo su intercesión, confiando más en su presencia. En la medida en que nos volvemos más sensibles a la presencia de nuestros Ángeles Custodios y los llamamos con amor, no hay necesidad de que le pongas ningún nombre. No te dejes enredar con esas historias de nombres de ángeles. Pero en la medida en que llamamos, en que pedimos la protección de nuestros Ángeles Custodios, realmente suceden cosas bellas. Yo puedo dar fe de eso, hay ocasiones en que he recibido inspiraciones que yo no puedo atribuir, de ninguna manera, puedo atribuir a mí mismo ni mucho menos.
Y yo he tenido como la certeza interior, quizás estoy equivocado, pero yo creo en la intercesión de los santos y creo también en la intercesión de los ángeles. Además, piensa que un ángel es realmente un ser espiritual contemplativo, que arde en amor de Dios. Cuanto más cerca tú tengas esas hogueras de amor divino, más cerca de tu corazón, pues tu corazón también se va incendiando, tu corazón también va aprendiendo a amar, tu corazón también se va moviendo a buscar a Dios, a anhelar su rostro y a servirlo con mayor fidelidad. Yo creo que es una gran lección la que tenemos ahí. Eso en primer lugar.
En segundo lugar, es bueno aprender a ser ángeles para nuestros hermanos, por supuesto que una es la naturaleza del hombre y otra es la naturaleza del ángel. Los ángeles, por su propia naturaleza, no tienen ninguna clase de cuerpo. Además, ellos no tienen una relación con el tiempo como nosotros la tenemos. Ellos tuvieron un comienzo, pero ellos no tienen una relación con el tiempo marcado fundamentalmente por los cambios de la materia, que eso es lo que nos sucede a nosotros. Entonces, está claro que una cosa son ellos y otra cosa somos nosotros, pero nosotros podemos aprender de ellos.
Y podemos aprender de ellos, por ejemplo, en aquello de la obediencia, de la agilidad, de la pureza, de la adoración. A poco que consideremos en lo que son los ángeles, de inmediato nuestro corazón se mueve a imitarlos en muchas cosas. Piensa que en cada misa, nosotros los estamos invocando. Así de seria es la Iglesia, la Iglesia Católica, con respecto a los ángeles. Por eso te das cuenta que en cierta parte la Misa se dice: Y por eso te aclamamos con los ángeles y con los santos, siempre invocamos a los ángeles.
Y en la primera plegaria eucarística, conocida como canon romano, se habla de la ofrenda y la ofrenda es Cristo mismo, y le decimos a Dios Padre: Que sea llevada a tu presencia por manos de tu ángel, de tal modo que los ángeles están presentes ahí. Pero ¿qué significa para nosotros ser como los ángeles? Pues ser adoradores de Dios realmente, adorarlo, amarlo con todo nuestro ser, y luego esa manera de servir. Hay una oración preciosa que conocí hace muchos años y que repito con frecuencia:
Ángeles de Dios, que en las alturas del cielo veneráis al Altísimo y en los caminos de la tierra sois ministros de su providencia para con los hombres, haced nuestros corazones semejantes a los vuestros, prontos a la alabanza de Dios y al servicio de nuestros hermanos.
Eso es ser como un ángel, prontos a la alabanza de Dios y al servicio de nuestros hermanos. O sea que ahí hay una lección muy bella que podemos aprender. Y luego, ¿cuál es el mensaje que nos dan los ángeles? No solamente ni principalmente con sus palabras, sino ante todo con su propio ser. Pues el gran mensaje que ellos nos dan es que Dios jamás está lejos, que la providencia de Dios actúa. Por eso hay una, hay unas letanías hermosísimas que cuando llegan a los ángeles dicen: Ministros de la Providencia, así los llama. Santos ángeles de Dios, ministros de la Providencia, rogad por nosotros.
Ministros quiere decir servidores de la Providencia. El gran mensaje que nos dan los ángeles no es para que nosotros nos quedemos perpetuamente como atentos a ellos, como si ellos fueran el final del culto. No, no, no, toda nuestra fe, toda nuestra adoración, junto con todo el universo, junto con todas las criaturas, va para Dios Padre: Por Cristo, con Él y en Él a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo. Todo va para Dios Padre, pero indudablemente, los ángeles nos llevan en ese camino y nos conducen a reconocer el papel de la Providencia en nuestros días. Así que, ¡feliz fiesta de los santos Ángeles Custodios!

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