Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro tiempo se mueve entre dos extremos: el materialismo que niega todo lo sobrenatural y el neopaganismo que quiere tratar el mundo como si fuera mágico. La auténtica devoción a los Santos Ángeles nos impide caer en esos extremos.

Homilía sacu021a, predicada en 20201002, con 17 min. y 32 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, nuestro tiempo vive una especie de contradicción. Si vamos a las universidades y si leemos muchos medios de comunicación, lo sobrenatural se supone que no existe sino únicamente la ciencia y lo que la ciencia puede demostrar. Ese es un extremo, un extremo materialista que niega completamente lo sobrenatural, lo que tenga que ver con el alma, lo que tenga que ver con el diablo, lo que tenga que ver con Dios mismo, al cual se le niega su existencia. Esa es una tendencia en nuestra época, la vamos a llamar la tendencia materialista.

Pero, por otra parte, mucha gente que se siente tan vacía interiormente, precisamente, por el materialismo, busca una especie de reemplazo, podríamos llamar un sucedáneo, buscan un reemplazo ¿en dónde? Lo buscan en alguna forma de espiritualidad. Ya perdí la cuenta del número de páginas de internet que recomiendan: Haga meditación. Siempre nos están invitando hacia esa meditación de tipo budista, los cursos de yoga se multiplican, el mindfulness está de moda, la programación neurolingüística por todas partes. Y otro tipo, junto a estos nombres, hay otras prácticas que realmente se asemejan mucho a lo que ofrece la nueva era o son descaradamente de la nueva era.

Y según esta especie de espiritualidad vaga, sin muchos dogmas, sin mucha moral y sin mucha liturgia, las personas sienten que están trascendiendo, las personas sienten que ha llegado a su vida algo espiritual, ha llegado a su vida algo que está más allá de la famosa rueda de producir, consumir y entretenerse. Entonces, te das cuenta que ese es otro extremo. Ese otro extremo se llama neopaganismo. Trata de ver lo sagrado que no lo llama sagrado, sino lo llama sobre todo mágico, por eso le tengo tanto fastidio a esa palabra, porque lo mágico es el reemplazo, es el sucedáneo de lo sagrado.

Entonces, en lo mágico, en lo místico, en lo ancestral, los ancestros son importantísimos. El sacerdote católico no tiene ninguna autoridad porque se supone que es un inquisidor hipócrita amoroso del dinero, pederasta, ese es el sacerdote católico y se supone que todos somos así. Pero en cambio el gurú, el gurú oriental, el chamán de la selva amazónica, el maestro espiritual de los ancestros, eso tiene una tremenda respetabilidad. Esa tendencia que encuentra alguna forma, alguna expresión de espiritualidad en la brujería, en mindfulness, en yoga o en esa cantidad de cosas, ese tipo de espiritualidad se llama neopaganismo.

Intenta reconsagrar al mundo y hacer del mundo, de la realidad mundana una especie de realidad espiritual con la que se puede conectar a través de esas prácticas que finalmente llevan a una especie de auto deificación, es decir, la exaltación del espíritu humano, la exaltación del yo como si fuera divino, descaradamente lo dicen algunos propagadores de la Nueva Era. No niegan a Dios, todo lo contrario, más bien dicen que todo es Dios, o dicen que tú puedes encontrar la divinidad a través de la profunda meditación, porque en el fondo tú eres el todo, el todo eres tú, tú eres Dios, Dios eres tú y eso se llama neopaganismo.

Entonces, estamos amados hermanos, entre esos dos extremos, y estoy seguro que ustedes no tendrán ninguna dificultad en encontrar entre sus amigos, conocidos, vecinos, parientes, no tendrán ninguna dificultad en encontrar personas que están en ese tipo de prácticas, en algún caso será el reiki, en otro caso será el I-Ching, en otro caso será mindfulness, en otro caso yoga. Esa misma multiplicación de la oferta, la multiplicación de la oferta religiosa debería cuestionarnos, es como si yo voy donde un médico y le digo: Doctor, sabe, me siento mal y le doy mis síntomas.

Y el doctor me empieza a decir: Mire, ¿sabe qué? Tómese una aspirina o si quiere un paracetamol, o si no este jarabe para la tos o si prefiere, tómese este antihistamínico o aplíquese este poco de vitamina D, o tómese estas pastillas de alcachofa, o tómese o mastique bien tres dientes de ajo o si no, salga al sereno, respire profundo, miré la luna. Cuando yo veo que me está multiplicando remedios por todas partes, yo digo: ¿Pero es que ninguno sirve? Porque cuando uno va donde un buen médico, el médico tiene ojo clínico, por algo lo llamamos ojo clínico.

Y el médico dice hombre, lo suyo, lo suyo es una respuesta alérgica en estas características. Este antihistamínico es lo que usted necesita, tómeselo. Se acabó el problema, se acabó el problema. El médico que sabe lo que está diciendo te ofrece una sola cosa. Pero el mundo es como esos brujos repletos de palabras y faltos de sabiduría que te ofrecen todos los remedios, tómese esto, o úntese esto, o haga esto o párese de cabeza. Ese es el mundo, te ofrece todo tipo de remedios, porque ninguno de esos remedios es verdadera respuesta.

Y entonces el mundo, por una parte, te da la enfermedad, estoy simplificando un poco, pero es que se entiende. El mundo te da la enfermedad, la enfermedad se llama materialismo. La enfermedad está condensada en la consigna más bien asquerosa de Federico Nietzsche: Permaneced fieles a la tierra, dijo este, como si fuera un antiprofeta del anticristo. De hecho, él tiene una obra que se llama el Anticristo. Entonces, Nietzsche quiere ser el antiprofeta del anticristo y te dice: Permaneced fieles a la tierra. Pero permanecer fiel a la tierra es asfixiar, es estrangular los deseos más preciosos de tu corazón, lo más bello, lo más grande que tienes.

Tienes que estrangularlo porque fuiste hecho para el infinito y yo también, porque fuimos hechos para lo los santos, para lo puro, a pesar de que en nuestra vida haya entrado quizás la impureza o el pecado. Entonces Nietzsche trata de asfixiar no a uno ni a dos, sino a la humanidad entera, él quisiera estrangular todos los corazones suprimiendo el deseo de infinito. Esa es la enfermedad, cómo no se va a enfermar la humanidad con eso. Por eso la gente también busca el infinito a través de infinitas drogas, hasta que el cuerpo no le resiste, se muere, se acabó. El cuerpo no le aguantó más, se murió, estaba buscando el infinito.

Oh, yo cómo recuerdo, en medio de todos los dramas que tuvo ese señor llamado Michael Jackson, cómo recuerdo la triste situación de ese pobre hombre antes de morir. Ya lo he comentado en otras veces, pastillas y pastillas para poder dormir. Y luego en la mañana, pastillas y más pastillas para poder estar alerta, estar despierto y estar animoso y poder así hacer sus ensayos de su obra artística, empujando a su cuerpo con un doble émbolo, por la noche tranquilizantes y por la mañana energizantes, tranquilizantes, energizantes, tranqui? se murió, en una de esas se murió. Eso es lo que puede suceder.

Entonces, esas personas que están buscando paraísos y siempre encontrarán mayordomos que les den la cantidad de marihuana que quieren, y siempre encontrarán páginas de Internet que le den el nivel de excitación sexual que ellos están buscando, ese tipo de engaño, esa es la enfermedad. Esa es la enfermedad en la que nos metieron los profetas del ateísmo, los profetas anticristianos nos metieron en esa enfermedad, en esa negación de la trascendencia y negación de Dios. Pero el mismo mundo que nos dio la enfermedad, ahora quiere darnos esta especie de catálogo de remedios a base de neopaganismo.

Por favor, cómo no darse cuenta, hermanos amados, cómo no darse cuenta de que por una parte nos enferman y por otra nos quieren curar. Por una parte, nos vuelven materialistas o quieren volvernos materialistas y, por otra parte, quieren que nos volvamos neopaganos. Por una parte, nos vuelven codiciosos del dinero y luego nos sacan ese dinero para que le paguemos al gurú que nos va a enseñar a llevar una vida sin codicia. ¿Te das cuenta cómo juegan con el corazón humano? Eso, mis hermanos, ese triste drama que se llama el drama de la espiritualidad, es el drama que también sucede con esta enseñanza bendita de los santos ángeles, es exactamente lo mismo.

Por una parte, ya viste que hasta incluso el superior general de una comunidad religiosa negando el diablo en público. No, qué diablo ni qué diablo. No le faltó decir qué diablo ni qué diablos, eso no existe, eso hay que acabar con eso. Por allá lo regañaron en el Vaticano y el superior general de esta comunidad religiosa. Entonces dijo: Bueno, sí sí está bien. No, no, tampoco se pongan así. Pero no puede decir uno nada pues. Pero el tipo estaba negando, el tipo estaba negando la existencia de los ángeles caídos.

Entonces date cuenta, por una parte, gente que niega los ángeles y dicen que los ángeles son historietas y fábulas para niños, cómo van a decir eso, por Dios. Cuántos santos tan serios y tan grandes, aquí traje unos testimonios. Yo dije: Esta vez no se me pasa, voy a traer aquí unos testimonios. Le recomiendo un libro, no me están pagando por esta promoción. Un libro del prior benedictino de un monasterio muy conocido en España, se llama el Monasterio del Valle de los Caídos, la Abadía del Valle de los Caídos. Y este bendito sacerdote se llama Santiago Cantera, no hace mucho ha publicado un libro que se llama: Ángeles y Demonios.

Y, entre otras cosas, recoge testimonios para que veamos que lo de los ángeles no es un juego. Porque es que los materialistas, acuérdese que estamos entre materialismo y neopaganismo, los materialistas ¿qué hacen con los ángeles? Negar que existen y tratarlos como si fueran fábulas de niños. Y los neopaganos ¿qué hacen? Meternos en los mil tratamientos, terapias, caminos, métodos de la nueva era. O sea que los unos niegan los ángeles y los otros quieren que veneremos como ángeles a los demonios. Qué bueno, qué obra buena la que hacen estos buenos sacerdotes, buenos teólogos como este hombre, se llama Santiago Cantera, la obra se llama Ángeles y Demonios.

Y yo solo le voy a contar aquí dos cosas. Primero, todo lo que de verdad hacen los ángeles por nosotros, los santos ángeles de Dios, como enseña la Santa Iglesia Católica, como está en el Catecismo de la Iglesia Católica, mire todas las maravillas que hacen los ángeles de Dios. Yo les cuento, yo he leído de esto, y me parece que es uno de los mejores resúmenes que yo he conocido. Se lo voy a leer y lo traje aquí porque no quería que se me escapara ni una palabra. Mire todo lo que hacen los santos ángeles.

Nos libran y nos defienden de males y peligros, del cuerpo y del alma. Contienen a los demonios para que no nos hagan todo el daño que quisieran. Despiertan en nuestras almas pensamientos santos y consejos buenos. Ofrecen a Dios nuestras oraciones e imploran su auxilio sobre nosotros. Iluminan nuestro entendimiento para que comprendamos más fácilmente la verdad revelada. Nos asisten a la hora de la muerte. Nos consuelan en el purgatorio, dado caso. Si usted ve cómo está la situación y usted dice: A mí como que me toca purgatorio, yo le recomiendo, hágase amigo de su Ángel de la Guarda, hágase amigo del Ángel de la Guarda.

Si usted ve que la situación está como grave, hay serio déficit, entonces es bueno que usted diga: Hombre, yo mejor voy haciéndome amigo del Ángel de la Guarda. Nos consuelan en el purgatorio y luego nos acompañan en el cielo. Y todavía hay más, los ángeles custodios son maestros de alabanza. Nos ayudan a encender nuestra oración y nos inspiran cómo transmitir la Palabra de Dios. Es una maravilla, no es una fábula, como dicen los materialistas, y tampoco es una especie de terapia new age, como dicen los neopaganos. Son seres benditos, espirituales, sabios, poderosos, fieles a Dios, que por orden de Dios y por voluntad propia, nos ayudan en el camino de nuestra salvación.

Y le quería contar la historia de una de las santas. Una de las santas vivió a finales del siglo XIV, de 1384 a 1440, se llamaba y se llama para la eternidad Santa Francisca Romana. Solo le leo este pedacito. Mira:

«En algunos casos los ángeles incluso se dejan ver de aquellos a quienes están protegiendo. Santa Francisca Romana tuvo este privilegio desde niña. Su ángel la acompañaba siempre, pero desaparecía de su vista cuando cometía una falta, no regresando hasta que se arrepentía de verdad la niña. La pequeña le contó esa presencia a su padre, quien como no le creía, quiso probarla pidiéndole que le presentara al Ángel de la Guarda. Ella tomó la mano del ángel y la unió a la de su padre, y en ese momento el papá lo vio también. Santa Francisca Romana, que fue oblata benedictina, refiere que su custodio irradiaba tanta luz que ella podía rezar de noche el oficio con la luz del ángel».

Son cosas absolutamente sublimes. Y habrá quien dice: No, todo esto son pamplinas, tonterías. Eso dices tú, pero con eso solo estás matriculándote y hundiéndote cada vez más en el materialismo. Acuérdate, hay que evitar esos dos extremos, evitar ese materialismo y evitar ese neopaganismo, entrar en la verdadera fe de los santos ángeles de Dios y saber que tenemos gran auxilio en ellos. Solo cuento una historia de las muchas que se dicen del Padre Pío.

El Padre Pío era tan amigo, era tan aliado de su Ángel Custodio que muchas veces le pedía favores específicos, como que fuera a interceder, como que fuera a proteger, incluso a otras personas. Los milagros están testificados bajo juramento en el proceso de canonización del Padre Pío, son cosas reales. El mundo quiere que nosotros o ignoremos a los santos ángeles o los confundamos con los ángeles caídos. No le daremos gusto, ese gusto no le daremos al mundo. Cultivaremos la verdadera fe católica en nuestros Ángeles de la Guarda y avanzaremos, Dios así lo permita con fe, esperanza y caridad. Amén.

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