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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En nuestro tiempo solemos llamar amigos a los que nos apoyan; están cuando los necesitamos y comparten momentos agradables con nosotros. Para que este modo de entender la amistad no se corrompa, está la presencia y la enseñanza de los santos Ángeles.
Homilía sacu020a, predicada en 20201002, con 28 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, esta celebración de los Ángeles Custodios nos invita a ampliar nuestro círculo de amigos y estoy hablando de verdaderos amigos. La palabra amigo en nuestra época, creo que, se ha degenerado un poco. Creo que la palabra amigo hoy por hoy suele entenderse como una especie de cómplice, aquella persona que me apoya en lo que yo quiero hacer, la persona que está cuando yo la necesito, la persona con la que paso buen tiempo, tiempo de calidad, tiempo agradable. Estas son las tres características que suele tener la amistad hoy en día, a ver si puedo repetirlas en orden.
Una persona que me apoya en lo que yo deseo hacer. Una persona que está ahí cuando yo necesito y una persona con la que se comparten momentos agradables. Esa definición de amistad tampoco es que sea completamente perversa, pero tiene algunos peligros. Y precisamente, nuestros amigos del cielo, nuestros Ángeles Custodios, nos ayudan a superar los peligros de esa definición actual de amistad. Si usted pregunta a su gente amiga o personas cercanas, se dará cuenta que hoy por hoy la amistad se entiende según esas tres claves. A ver, las repito una vez más.
Amigo es el que me apoya en lo que yo quiero hacer. Amigo es el que está ahí cuando yo lo necesito y amigo es aquella persona con la que yo comparto momentos agradables, qué sé yo, felices. ¿Cuál es el peligro de esa definición de amistad? Que, repito, no es que sea completamente perversa, pero tiene peligros. Veamos por qué. Primero, amigo, es el que me apoya en lo que yo quiero hacer. ¿Cuál es el peligro que está ahí? Que si lo que yo quiero hacer no es correcto, no es bueno, entonces ese amigo en realidad me está empujando más hacia el abismo.
Como sacerdote, tengo que dar un testimonio muy triste. Y es que al recibir la confesión de personas que han abortado, con una proporción increíblemente alta, la persona que acompañó a la mujer que iba a abortar era, entre comillas, una amiga. Siempre que puedo, sin ofender y sin entrar en detalles y nunca pedir nombres, por supuesto, siempre que puedo hago ese tipo de pregunta, porque usted sabe que el tema del aborto es un tema muy delicado, que en la Iglesia Católica tiene excomunión y no solo tiene excomunión la persona que aborta, sino todos los que hayan facilitado el aborto. Por eso es necesario hacer ese tipo de preguntas para que nos entendamos, en ningún caso se trata de simple curiosidad.
Pero ¿qué es lo grave de esto? Lo grave de esto es que la persona quería abortar, seguramente presionada por muchas circunstancias. Con muchísima frecuencia la persona que quiere abortar ha sido presionada por el novio, ha sido abandonada por la familia y ha sido arrastrada por la propaganda de los mercaderes de la muerte. Entonces esta persona, en medio de toda su confusión y en medio de toda su desorientación, incluso si va una cosa que se llama Oriéntame, estará más desorientada todavía. Esta persona que está en esa situación, resulta que habla con una amiga y le dice mira, yo he decidido abortar.
Y la amiga, que cada vez le tengo que poner las comillas más grandes a la palabra amiga, dice: Yo te apoyo y la lleva, por ejemplo, en el carro, la acompaña en un taxi. Y esta mujer comete su aborto, sale después de haber colaborado o haber procurado activamente el asesinato de un ser humano y la otra entonces, la consuela en el carro y etcétera y la lleva otra vez a la casa y todo aquello. Parece una obra de caridad, pero es en realidad una obra demoníaca, porque de lo que se trata es de preparar y realizar el asesinato de un ser humano completamente inocente, y ¿quién ayudó? Una supuesta amiga. Ahí te das cuenta el peligro de esa definición de amistad.
Si yo digo que amigo es aquel que me apoya en lo que yo quiero, pues tal vez me está apoyando en lo que es mi desastre, tal vez me está apoyando en lo que a mí me hunde, tal vez me está apoyando a que yo me lance por un abismo de culpa y de daño. Repito, estoy hablando como sacerdote que ha escuchado confesión, y a veces uno escucha a la persona y claramente se sabe por la voz que no es una persona joven. Y pregunta uno: Usted ¿ya ha confesado esto? Y la persona dice: Llevo 15 años confesándolo. Nosotros sabemos que Dios perdona, claramente lo que tiene esa persona es una imposibilidad de perdonarse a sí misma.
O sea que lleva 15 años en una situación de culpabilidad espantosa, en un trauma terrible, que en algunas mujeres llega hasta el punto del suicidio. Y ¿quién puso a esta pobre dama, quién puso a esta mujer en esa ruta? Una, entre comillas, amiga. Entonces, hay que preguntarse si esos son amigos o no son amigos, ese es el problema de la definición de amistad. Yo no puedo llamar amigo al que me apoya incondicionalmente. No, yo, por lo menos, este servidor que les habla Nelson Medina, yo no quiero gente que me apoye incondicionalmente, yo quiero gente que me apoye con condiciones.
De manera que si un día yo digo una barbaridad, si un día yo voy a cometer una barbaridad, yo quiero que mis verdaderos amigos me hablen con fuerza y me digan: No, no haga eso Nelson Medina. No dé ese paso, no se le ocurra hacer eso. Y hablo con este énfasis por el dolor que me da, el dolor que me da, porque he visto sacerdotes que han abandonado el camino del servicio, el camino del ministerio y veo en redes sociales una cantidad de gente que les escribe: Hermano, siempre contigo, adelante, tu puedes, ya sabes que te queremos mucho. Y creen que eso es ser amigos.
Dios me libre, yo invoco su santísimo nombre, que me proteja, que me bendiga, Dios me bendiga y me proteja y me custodia y me defienda de mí mismo, como dice una oración a los santos ángeles, que Dios me proteja contra mí mismo. Porque si un día yo fuera a cometer una barbaridad de esas, yo lo que necesito no es un coro de supuestos amigos que me terminen de empujar al desastre. Yo lo que necesito es una barrera de verdaderos amigos que digan: No sea torpe, no sea tonto, así usted esté en la peor condición, usted, usted, con la ayuda de Dios puede salir de ahí. Verdadero amigo es ese.
Entonces, fíjate que la definición de amigo es muy pobre esa definición de los tres puntos que dije. Porque si yo digo es mi amigo, es el que me apoya incondicionalmente. No señor, el día que yo vaya a hacer una barbaridad, yo no quiero que me apoyen. Entonces, yo necesito amigos que me quieran condicionalmente, es decir, con la condición. Y esa condición tiene una manera hermosísima de expresarse. Quiero amigos que amen más a Dios que a mí, que es lo mismo que debe buscarse en toda relación de afecto. Una mujer tiene que buscar un novio que ame más a Dios que a ella. Un hombre debe buscar una mujer que ame más a Dios que a Él.
Pues eso mismo hay que pedir para los amigos, amigos que amen mucho a Dios, que lo amen tanto, que amen más a Dios que a mí. Esos amigos son los que yo necesito. La segunda parte de la definición de amistad que suele utilizarse hoy en día, es que el amigo es el que está ahí cuando yo lo necesito, estamos de acuerdo. En general, esa parte de la definición yo diría que es la más sana. Efectivamente, muchas veces estamos en momentos malos, muchas veces estamos en momentos de decaimiento. Carambas, hay tantas frustraciones, hay tantos momentos en que uno incluso pierde como la seguridad de la vida. Y uno dice: Si será que podré, que no podré.
Problemas duros de autoestima tienen muchísimas personas y es bella esa parte de la amistad, pero sin embargo, ustedes me perdonarán, sin embargo, sí hay algo que hay que agregar, sí hay algo que hay que decir ahí. Mira, algunas veces cuando una persona se siente mal, se siente devastado, se siente en el piso. ¿Por qué estás mal? Porque perdí el trabajo. O ¿por qué estás mal? Porque mi familia está en el suelo, porque mi matrimonio está a punto de perderse. En ese momento se necesita un amigo, pero yo insisto en que hay que mejorar la definición de amistad. ¿Por qué? Porque mira este tema.
Mira este tema, que lo he visto en matrimonios, es que yo procuro hablar desde la experiencia, desde lo que yo he visto. Resulta que una persona está de pelea con su esposa y habla con un amigo y este señor habla con el amigo y le dice al amigo: Mira, estamos mal en mi matrimonio y realmente yo no sé si esto acabe en separación, estamos vueltos un desastre. Esto parece que no va a funcionar. Tengo miedo por los hijos. Bueno, en fin, qué hermoso que en ese momento haya un amigo, ¿cierto? Qué hermoso que en ese momento haya alguien que le va a apoyar.
Pero hay un detalle, qué pasa si ese señor que tiene su matrimonio en peligro habla con un amigo y el amigo, por darle ánimo, lo que hace es declararlo inocente y decirle: Tú estás haciendo todo bien, es tu esposa la que es una desgraciada. Y eso pasa y lo contrario también pasa. Entonces, la mujer va y se queja con sus amigas. Usualmente es así, hombres con hombres, mujeres con mujeres. La mujer va y se queja con sus amigas. Y las amigas le dicen: Sí, lo que pasa es que usted con ese ogro con el que se casó. Entonces, yo he visto mujeres que terminan de arrancar hacia el divorcio, hacia la separación, a otras que estaban casadas, yo conozco esos casos.
Y conozco hombres que solo hablan con sus supuestos amigos y sus supuestos amigos solamente hacen la tarea de reafirmarles las ideas: Tú estás haciendo todo bien, tú todo lo haces perfecto, lo que pasa es que esa vieja desgraciada, lo que pasa es que esa mujer con la que usted se casó, la culpa es toda de ella. Mire, el amigo que te declara inocente en todo, no lo llames amigo, ese no es un verdadero amigo. El verdadero amigo siempre te ayudará a ver tu parte, porque no me vengas a decir que tu eres completamente inocente, no digas esa mentira, por favor.
Yo creo que con algún pedacito de autoridad puedo hablar acercándome a los 29 años de sacerdocio, quizás puedo hablar con un poquito de autoridad y de conocimiento. Y yo quiero decirte que en absolutamente todos los casos que yo conozco, absolutamente todos, siempre hay un porcentaje de responsabilidad de ambas partes. Pero a uno como ser humano lo que le gusta oír es: Yo soy inocente y ella es un desastre. O lo contrario, yo, pobre víctima, no sé cómo caí en las garras de semejante ogro leviatán.
Entonces, date cuenta que lo que se necesita en esa segunda parte de la definición de amistad, es que sí, yo necesito un amigo que esté ahí cuando yo lo necesito, pero que esté ahí para decirme también lo que yo no quiero oír, porque lo que todos queremos oír es: Tú eres inocente, rectilíneo, inmaculado, entre nosotros te llamamos el riel. Sí, claro, eso es lo que uno quiere oír, eso es lo que a uno le fascina oír. Pero lo que uno necesita oír no es eso, lo que uno necesita oír también es la parte de uno. Todos los consejeros matrimoniales, sacerdotes, psicólogos con los que yo he hablado, todos siempre me confirman lo mismo.
La verdadera reconciliación en la pareja y en la familia sólo puede darse cuando la gente empieza a reconocer cuál es el paso que puede dar, cuál es el cambio que quiere tener. Entonces, llevamos dos elementos de la definición usual de amistad. Tal vez usted no esperaba que habláramos de amistad en la fiesta de los Santos Ángeles Custodios, pero le quiero contar que es que los Ángeles Custodios sí son verdaderos amigos. Yo, por ejemplo, con todos mis defectos, le debo demasiado a mi santo Ángel de la Guarda, demasiado, demasiado. La gente cree que el santo Ángel de la Guarda es únicamente para que uno no se ponga a caminar por el puente que se va a caer.
Los Ángeles Custodios hacen muchísimo más por nosotros, muchísimo más, porque a ellos les interesa, ante todo, que nuestra vida se enderece hacia Dios. La tercera parte de la definición usual de amistad es, amigo es aquel con el que yo la paso pero muy bien, eso con los amigos uno disfruta. Sí, esa parte también es bonita, pero ya imaginarás que también debo, es mi deber, debo alzar las alarmas, debo encender las alarmas porque a veces tú la pasas muy bien y estás obrando muy mal. Y ahí es donde aparece esa expresión que se utiliza, por ejemplo, en la República de Colombia y creo que en muchas otras partes.
Has oído hablar la expresión: «tus amigotes, tus amigotas». Pero es muy chistoso lo que sucede con las mujeres, porque tan peligrosa es una amigota como una amiguita, las dos son peligrosas, entonces hay que tener cuidado con eso. Pero el hecho es, el hecho concreto es, que si tú la pasas muy bien, la pasas maravilla, algunos creo que dicen, la pasa bomba, la pasa perfecto con esos amigos, con esas amigas. Eso todavía no es garantía, hay amigas con las que tú, con los que tú o con las que tú la pasas muy bien y, sin embargo, no son verdaderos amigos. Esos no son verdaderos amigos. Entonces, hay que tener cuidado con eso.
Bueno, ya que hemos visto que hay una definición usual de amistad, y ya que hemos visto que esa definición usual de amistad, aunque en sí misma no es completamente perversa, hay que mejorarla y hay que mejorarla sustancialmente. Después de que hemos visto eso, es el momento para descubrir lo que sí son los santos ángeles para nosotros, lo que sí son los santos ángeles para nosotros. Mira, tomemos otra vez la definición, porque esa fue la predicación de hoy. Amigo, es aquel que me apoya. El santo Ángel de la Guarda, tu santo Ángel de la Guarda y el mío, esos santos ángeles sí que nos apoyan, pero nos apoyan no en cualquier cosa.
Nos apoyan en aquello que va a ser nuestro verdadero bien. Mira, lo que decía la primera lectura que hemos tenido para el día de hoy, que se refiere al Ángel Custodio, no de una persona, sino de todo un pueblo: «Voy a enviar a un ángel que vaya delante de ti para que te cuide en el camino», y oiga esto, por favor, oiga: «y te lleve al lugar que te he preparado». No es que te lleve a cualquier lugar, no es que te lleve a donde a ti te dé la gana. Mire las palabras que dice Dios: Te voy a enviar a un ángel, pero es para que te lleve al lugar que yo, Dios, yo, Dios te he preparado, es para que te lleve a ese lugar.
Entonces, es grandioso, grandioso ser amigo del Ángel de la Guarda, porque el Ángel de la Guarda me va a llevar al lugar que Dios me tiene preparado, al mejor lugar. Eso quiere decir que el Ángel de la Guarda no me va a apoyar en todo. Mi mamá contaba una anécdota que imagínate que es de sus años de colegio, teniendo en cuenta que mi madre, que de Dios goce, murió de casi 80 años hace días, la época del colegio de ella cuánto sería. Bueno, pero no hagamos sumas ni restas, sino simplemente recordemos la anécdota.
Una compañera de ella a veces hacía oración, yo no sé si era el Ángel de la Guarda, vamos a suponer que era el Ángel de la Guarda. Ay, angelito, que yo tenga valor para sacar la trampa. Oiga esa herejía, ¿no?, que yo tenga valor para sacar la trampa. O sea, apóyame para que yo cometa un delito. Hasta esos extremos ridículos llegamos nosotros. El ángel no te va a apoyar para que tú hagas lo que está mal, te va a apoyar en lo que necesita ser apoyado. Segundo, dice la definición usual de amistad hoy en día amigo es aquel que está ahí cuando yo lo necesito, totalmente de acuerdo.
Te invito a que después de esta Santa Misa, abras la Biblia hacia el final del Evangelio de Lucas, tienes, por supuesto, el relato de la Pasión del Señor a la altura del capítulo 22. Si tú miras la Pasión de nuestro Señor Jesucristo en San Lucas, te encuentras un detalle que lo tiene solo Lucas, Cristo, en el peor momento de su vida, entrando a su Pasión, recibió el consuelo de un ángel. Eso me parece tan bello, tan bello, el consuelo de un ángel, era el Hijo de Dios. Lucas es el único que nos dice que Cristo sudó sangre, su sudor empezó a caer como gotas gruesas de sangre, dice San Lucas.
Eso es hermosísimo, porque es el nivel de dolor que padeció primero Cristo en su alma, antes de que iniciara la terrible tortura de su cuerpo inocente y puro. Cristo, en ese trance tuvo un ángel a su lado, eso es hermosísimo. Entonces sí, nuestros santos ángeles estarán en nuestros peores momentos, pero aquí viene un dato importante ¿qué nos dijo el Evangelio de hoy? Recuerda que el Evangelio de hoy fue tomado del capítulo 18 de San Mateo y dice Nuestro Señor Jesucristo: «Sus ángeles ven continuamente el rostro de mi Padre que está en el cielo».
Esto quiere decir que en nuestros santos Ángeles Custodios se refleja de tal manera la verdad y la bondad de Dios, que la luz del ángel, la luz del santo Ángel, te va a iluminar la conciencia para que no cometas el error que dijimos antes hablando de los amigos y amigotes de esta tierra, es decir, que te declaren a ti inocente en todo. Mira, el Ángel de la Guarda es tan poderoso en ese reflejar la luz de Dios que iluminará tu conciencia y te ayudará a descubrir lo que tú puedes hacer. Es decir, que aún en la peor de las circunstancias, siempre hay margen para arrepentimiento y para conversión, arrepentimiento y conversión.
Tercero, amistad, como suele ser entendida hoy, conlleva, conlleva ¿qué dijimos? Pasarla bien. Bueno, y tú dirás: Bueno, y los ángeles si pueden ayudar a que uno así como que tenga un ratico como, como sano, como de distracción, como o ellos nada más están para el rato de oración. Quiero contarte que los corazones que han vivido en inocencia, los corazones que han encontrado caminos de verdadera amistad con Dios, han encontrado también que las alegrías de los ángeles con nosotros no son solamente alegrías religiosas. Yo quisiera tener un texto específico de los Ángeles de la Guarda en la Biblia, creo que no está o yo no lo he encontrado.
Pero hay un testimonio de un ángel que lo tuvimos hace poquito, San Rafael, que muestra que los ángeles se alegran también de nuestras alegrías naturales. Mira esto, resulta que había una mujer llamada Sara. Esa es la historia que está en el libro de Tobías, algo de eso mencionamos en la homilía de hace poco. Esta mujer llamada Sara tenía un anhelo profundísimo de casarse, de hecho, ya se había casado varias veces, pero había una interferencia demoníaca espantosa. Bueno, un problema muy complejo que no vamos a explicar aquí. El hecho es que los hombres con los que ella se había casado uno después de otro, pues se morían.
Y según dice el relato del libro de Tobías, se morían precisamente cuando iban a consumar el matrimonio con ella. O sea que ella se había casado, pero nunca había podido consumar el matrimonio. Claramente lo que ella quería ¿qué era? Sentirse amada y tener sus relaciones normales con su esposo, eso era lo que ella quería. Fíjate que no estamos hablando aquí de sacrificios en el templo ni de oraciones, estamos hablando del deseo natural de una mujer perfectamente mujer en todas sus células y hormonas. Esta mujer quería eso, pero no lo había podido realizar.
Y San Rafael, ¿qué hizo? San Rafael ayudó a que fuera expulsado ese demonio que, perturbándola a ella y, en cierto modo, destruyendo su felicidad, había acabado con la vida de varios hombres. Lo que quiero destacar, y yo creo que lo estás entendiendo, es que San Rafael, el Arcángel, hizo posible que ella finalmente se pudiera casar, que era lo que ella quería. San Rafael propició el matrimonio de Sara, además con un hombre muy bueno llamado Tobías. Y hay que ver la alegría que hubo en esa casa y esa alegría la celebraron ¿con qué, con qué se celebra una alegría de esas? Pues con una buena comida. Buena comida, seguramente, buen traguito, celebración, danza, gozo.
Y ¿después? Pues después, a consumar la boda. Tobías hizo una oración muy bella, que está en el libro de Tobías. Pero después de la oración, pues no todo fue oración esa noche, terminada la oración, ella también hizo una oración, hay que decir que la oración de ella fue un poco más cortica. No sé si había afán o qué pasaba, pero la oración de ella fue cortita. Y la oración que ella dijo fue: Señor, que podamos estar juntos hasta la vejez. Es decir, que ella quería no solo estar casada, sino estar casada con un viejito. Bueno, y ¿qué sucedió ahí? Sucedió que se realizó el deseo de ella, se casó, tuvieron la recepción, disfrutaron, comieron bueno, buena música, buen trago, consumaron el matrimonio, llegaron todos felices.
Y ¿quien ayudó en todo eso? Un ángel, un ángel, un ángel que ni come, ni bebe, ni baila, ni busca la felicidad propia del cuerpo humano en el sexo, esa no es alegría para los ángeles. Pero este ángel propició todo eso y este ángel se alegró con ellos, se alegró de la alegría de ellos. Si me entiendes por qué digo que ellos quieren nuestra felicidad. Ellos quieren que seamos felices, pero con una felicidad que no ofenda a Dios, con una felicidad que no nos destruya a nosotros. Eso que hizo San Rafael, eso es lo que quieren nuestros Ángeles de la Guarda, eso es lo que buscan nuestros santos ángeles.
Hermanos, pensemos de cuánto nos estamos perdiendo por falta de amor a nuestros ángeles. Quiero terminar esta reflexión con una frase muy bonita de San Bernardo. San Bernardo de Claraval, dice San Bernardo: Ellos, bueno yo traduzco a mi manera, o sea, doy el sentido de las palabras, no son literales. Ellos, que no necesitan de nosotros, quieren ser nuestros amigos y nosotros que necesitamos de ellos, no los buscamos para amigos nuestros. Hay que acabar con ese desastre, hay que acabar con eso, hay que llevar una vida que sea más cercana a la de ellos.
Además, el mejor premio, el mayor gozo para nuestros Ángeles de la Guarda es que un día nosotros lleguemos a donde ellos ya están, al cielo del que ellos gozan. En el fondo, la gran alegría que ellos quieren para nosotros es esa, y para nosotros no puede haber un bien mayor. Sigamos esta celebración eucarística, vamos a dar gracias a Dios por tanta bondad, es mucha providencia del Señor, mucha, que nos haya otorgado esta protección singular de los santos ángeles. Es una bendición muy grande, muy grande.
Mucho más podríamos contar, qué tal hablar, por ejemplo, del Padre Pío y la fe que él tenía en los santos Ángeles de la Guarda, es algo impresionante. Pero, en fin, hoy creo que hemos podido avanzar un poquito en conocerlos, en quererlos más y aprender a llamarlos más, para que, como dice aquella oración, vuelen en nuestro socorro. Así sea.

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