Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Puede ser sorprendente para algunos descubrir cuántas alusiones a los Santos Ángeles hay en la Santa Misa.

Homilía sacu015a, predicada en 20151002, con 10 min. y 33 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, en la bella celebración litúrgica de los Santos Ángeles Custodios, tenemos una buena oportunidad para recordar la presencia que hacen estos seres espirituales en la liturgia de la Iglesia. Quizás, por fuerza de la costumbre no nos damos cuenta de esa presencia en nuestra liturgia de los ángeles de Dios. Y, sin embargo, según el profeta Isaías en el capítulo sexto, la adoración fervorosa y constante de los ángeles es un testimonio para nosotros, es una inspiración y es un recordatorio de la grandeza de Aquél a quien ellos sirven y a quien nosotros también amamos y servimos.

Recordemos entonces algunos momentos de esa presencia de los ángeles en nuestra fe, en nuestra liturgia. Al empezar la Santa Misa siempre tenemos ese momento de reconocimiento de nuestra condición de pecadores, y esa oración que hemos dicho hace unos pocos minutos, esa oración que dijimos juntos, habla de los ángeles. Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles y a los santos, para que intercedan por mí.

Es decir, que al hacer el reconocimiento de nuestros pecados, también hacemos el reconocimiento de aquellos que pueden ayudarnos. En primer lugar, María Santísima, pero también los ángeles y los santos ahí están presentes. Observemos, hermanos, que en cada Eucaristía siempre estamos diciendo una oración antes del momento más solemne, que es el de la consagración. Esa oración tiene un nombre especial, se llama prefacio. Terminado el prefacio, cantamos el Santo. Y ¿cómo suele terminar el prefacio? Y por eso te aclamamos con los ángeles y con los santos.

Es decir, la Iglesia de la tierra se une a la Iglesia del cielo para cantar la belleza, la bondad, el poder, la sabiduría de Dios. Ahí están los ángeles, nuestros ojos del cuerpo no pueden verlos, pero en cada Eucaristía ellos se hacen presentes. No olvidemos, a sí mismo, que esa oración propia de la Eucaristía, el Santo es una oración que nosotros la tomamos precisamente de ese capítulo sexto de Isaías que ya mencioné, porque el canto que tenían aquellos ángeles que Isaías pudo ver en el templo de Jerusalén, es el mismo canto que tenemos nosotros: Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos. Así que ahí están presentes ellos.

Después del Santo, que es una oración angélica, debemos recordar que hay otra oración que se dice con frecuencia en la Misa, pero no se dice en todas las misas, eso está antes del Santo. Así que estoy un poco desordenado porque me tengo que devolver. Te acuerdas que después del Señor ten piedad, los domingos decimos: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Esa oración es una oración que aparece como cántico de los santos ángeles el día del nacimiento de Jesucristo. Ahí, según el evangelista Mateo, los ángeles estaban proclamando la presencia magnífica de la belleza y la bondad de Dios en nuestra tierra.

Así que para ir en orden en la oración de arrepentimiento, en el yo confieso, invocamos a los ángeles. En el Gloria cantamos, o por lo menos recitamos la oración que ha sido inspirada y tomada de aquella alabanza de los santos ángeles el día del nacimiento de Cristo. Luego, en el prefacio, los invocamos específicamente cuando decimos que vamos a cantar con los ángeles y con los santos. Luego el santo es una oración angélica, es una oración que está tomada de ese capítulo sexto de Isaías.

Y sigo después del Santo, lo que viene en la Santa Misa se llama la plegaria eucarística. En la celebración actual de la Misa, hay varias versiones de la plegaria eucarística, pero la más antigua y la más venerable de esas plegarias eucarísticas es la primera, también conocida como el canon romano. Y en esa plegaria eucarística primera se menciona precisamente el papel de los ángeles en el momento sacrosanto por excelencia, porque decimos, o mejor dicho, dice el sacerdote en la plegaria eucarística primera, que ese sacrificio sea recibido, le decimos a Dios que te sea acepto por manos de tu ángel.

Es decir, que el sacrificio más santo que tenemos, que no es pan y vino, sino el cuerpo verdadero y la sangre verdadera de Cristo, es decir, el sacrificio mismo del Señor ofrecido aquí en la tierra, nosotros consideramos que es llevado al cielo ¿por quién? Por manos de tu ángel. Fíjese cómo la liturgia le da tanta importancia a los ángeles, y uno no se da cuenta de eso. Finalmente, terminada la Santa Misa, fue voluntad del Papa León XIII, que vivió hace un poco más de un siglo, que al terminar la misa se hiciera una oración especial, una invocación a un ángel en particular, a San Miguel.

San Miguel Arcángel, pidiéndole ante la majestad de la Eucaristía y ante la solemnidad del sacrificio por excelencia, pidiéndole a San Miguel ¿qué cosa? Pidiéndole que defienda a la Iglesia, esa oración que la vamos a decir hoy para recordar esa otra presencia de los ángeles, está indicando que por lo menos en la conciencia del Papa León XIII, el sacrificio eucarístico nos asocia de tal manera al cielo, que hay ocasión y oportunidad de pedir esa protección del Arcángel Miguel y por supuesto, de todos los demás ángeles de Dios. Todo esto, mis hermanos, ¿a qué nos invita? A no sentirnos solos, hay muchas personas que sienten que su vida está marcada por maleficios, por maldiciones.

Yo ya llevo por la bondad de Dios cerca de 24 años de sacerdocio y en estos años que Dios me ha concedido de ministerio sacerdotal, son incontables las personas que se acercan y dicen: Padre, hágame una oración de liberación. Padre, en mi casa está pasando algo. Padre, mi matrimonio iba muy bien, pero se metió el demonio. Padre, yo tenía un hijo que era muy dócil, pero se rebeló de qué manera, está endemoniado ese muchacho. Yo digo, si el pueblo cristiano con tanta facilidad parece admitir el acoso de los demonios, cómo es que no vamos a creer más en la amistad, en el cariño y en la protección de nuestros ángeles.

Cómo es eso que en estos mismos años de sacerdocio, son muy pocas las personas que yo he conocido que sean verdaderamente fervorosas en su relación de amor y amistad con su Ángel de la Guarda. Mal hecho, porque a veces pareciera que tuviéramos más certeza de los ataques del demonio que de la defensa de nuestros ángeles, mal hecho. Dios siempre es el de la victoria, Dios siempre es el vencedor. Cómo así que vamos a creer en los ataques del demonio y no vamos a creer en la protección de los santos ángeles. Eso tiene que cambiar y tiene que cambiar a partir de hoy.

A partir de hoy nos vamos a volver fervorosos amigos cercanos y devotos de nuestros Ángeles de la Guarda, sabiendo que ellos pueden inspirarnos los más cálidos afectos hacia Cristo Jesús, la más encendida devoción hacia Aquel que vive por los siglos, la más tierna cercanía a la Madre del Cielo, el respeto y la veneración que corresponde a los sacramentos, la moción de nuestro corazón para servir a nuestros hermanos con la caridad, esos son solo algunos de los bienes maravillosos que tiene hacernos verdaderamente amigos de nuestros Ángeles Custodios, así nos lo conceda el Señor. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM