Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Puesto que son fuertes nuestros enemigos, los ángeles caídos, tiene sentido que Dios haya querido darnos amigos y aliados espirituales muy fuertes: nuestros Ángeles de la Guarda.

Homilía sacu014a, predicada en 20151002, con 5 min. y 40 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El 02 de octubre la Iglesia Católica celebra a los santos ángeles custodios, también conocidos popularmente como nuestros Ángeles de la Guarda. Es tanta, tan rica y tan bella la enseñanza de la Iglesia sobre los santos ángeles, que el tiempo limitado de que disponemos, nos invita a concretarnos en un solo punto. Hoy vamos a comentar solamente esto, ¿por qué necesitamos auxilio de los ángeles custodios? Es decir, nosotros somos amados por Dios, Dios nos protege, nos guía, nos ilumina, ¿por qué necesitamos de ángeles custodios?

La verdad es que la Biblia habla de estos santos ángeles. Jesús dice, por ejemplo, que: «Cuidado con ofender a los pequeños, porque os digo que sus ángeles contemplan continuamente el rostro de Dios». No es entonces un invento posterior, está ya en la Sagrada Escritura. El libro del Éxodo nos dice también que Dios asignó un ángel al pueblo de Israel y le dice: Sé fiel a la guía de ese ángel, hazle todo cuanto diga, haz todo cuanto él diga. Bueno, eso ¿qué está indicando? Eso está indicando que hay una base bíblica, pero todavía no responde nuestra pregunta. ¿Por qué eso es necesario?

Un texto menos conocido viene a darnos bastante claridad, en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios, San Pablo nos enseña qué tipo de combate es el que llevamos en la vida cristiana. Dice San Pablo: Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino que es lucha contra las potestades, las potencias espirituales, es decir, los enemigos que nosotros tenemos, en últimas, no son ni siquiera nuestra carne, nuestra sangre, nuestras pasiones, nuestros intereses. Nuestra lucha, en último término, es una lucha contra los seres espirituales, sabemos quiénes son, son los ángeles caídos, son los demonios.

Y resulta que si nosotros miramos dentro de todo lo que Dios hizo, quiénes son los ángeles y quiénes somos nosotros, los seres humanos, de inmediato nos damos cuenta de una tremenda desproporción, porque resulta que los ángeles tienen como nosotros inteligencia y tienen como nosotros voluntad. Pero ellos, por ejemplo, no están sujetos a las condiciones de la materia y no están sujetos entonces a las condiciones del tiempo que nosotros conocemos. Esto quiere decir que la inteligencia de ellos absorbe lo que es verdadero o falso, lo absorbe con una intensidad y con una agilidad que nosotros no tenemos.

Y quiere decir también que los actos de su voluntad son muchísimo más, casi diría infinitamente más resueltos, penetrantes, intensos. Lo que nosotros, los seres humanos, a duras penas conquistamos con una larga historia de perseverancia, los ángeles lo tienen como ya incorporado en su propia naturaleza, tanto los ángeles buenos como los ángeles malos. Por eso, y dado que el apóstol San Pedro nos enseña que el demonio ronda buscando a quien devorar, pues nos damos cuenta que si los enemigos son de esa proporción, los aliados que necesitamos en nuestro combate también tendrán que ser de esa misma proporción.

Es verdad que Dios es suficiente, eso es totalmente cierto, y en ese sentido, Dios podría salvar a una persona que nació en una isla y que nunca tuvo contacto con ningún ser humano, y puede hacer lo generoso y puede enseñarle con ciencia infusa. Todo eso teóricamente es posible, pero sabemos que el modo ordinario de Dios obrar es a través de las criaturas que Él mismo ha hecho. Lo propio, nos dice Santo Tomás, lo propio de un gran Señor no es hacer el trabajo de los siervos, sino hacer que los siervos trabajen para él. Pues bien, en esta tarea, en esta tarea bellísima de nuestra propia salvación, es grande lo que Dios quiere hacer.

Y lo quiere hacer, precisamente, a través de esas criaturas que Él mismo ha hecho, en el combate por nuestra salvación, en la lucha espiritual. Si tenemos enemigos del tamaño de los demonios, ciertamente hay que agradecer que tengamos aliados y amigos del tamaño de nuestros santos ángeles. Por eso, no fiándonos únicamente de nuestra inteligencia y no fiándonos únicamente de nuestra voluntad, acerquémonos con confianza a los santos ángeles. Pidamos a nuestros custodios que nos protejan, que nos iluminen, que nos inspiren y que nos conduzcan un día a la Patria Celestial. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM