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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Santo Tomás de Aquino presenta el misterio y la hermosura de los ángeles desde una perspectiva que no tiene nada que temer ante el escrutinio de la ciencia.
Homilía sacu010a, predicada en 20121002, con 10 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, hace un tiempo, un joven sacerdote de otra comunidad religiosa me confesaba lo incómodo que se sentía en esta fiesta litúrgica de hoy, porque toda su formación científica, filosófica y teológica iba en la dirección de que no existen los ángeles ni tampoco los demonios. Y entonces, qué hace un diácono, qué hace un sacerdote si llega la fiesta de los ángeles y le toca predicar y resulta que su fe en esa parte de la enseñanza católica es mínima, es temblorosa, es borrosa o inexistente.
La solución fácil es la que tomó, como en tantos otros elementos de la fe, aquel teólogo protestante que se convirtió como en un patriarca del pensamiento teológico liberal, estoy hablando de Rudolf Bultmann. La solución fácil es decir que los ángeles son como fósiles de otra época de la humanidad, la época en la que se creía en tantas cosas sobrenaturales por falta de formación científica. Según Bultmann, el mismo tipo de sociedad que cree que los truenos son expresión de que Dios está bravo, y después, entonces aprendemos que tienen que ver con la ionización de la atmósfera. Ese mismo tipo de sociedad es la que cuando no entiende algunas cosas empieza a hablar de espíritus.
Nosotros, dominicos, en nuestra tradición, tenemos, sin embargo, algo muy diferente. El doctor común, el doctor llamado angélico, Santo Tomás, habla de los ángeles y yo me atrevo a decir que su propuesta tiene suficiente seriedad, es suficientemente robusta como para soportar el escrutinio, incluso de la ciencia contemporánea. Por supuesto, el gran error que se comete al buscar los ángeles es buscarlos como se busca la materia. Con algunos de mis estudiantes, con algunos de ustedes hemos comentado ese problema al referirnos al alma humana.
El que se ponga a buscar el alma humana en los lóbulos del cerebro, o el que se ponga a buscar el alma humana en la glándula del timo, como quería Descartes, por supuesto, está condenado a fracasar. Pero una vez que se entiende qué se quiere decir con alma, de acuerdo con ese sentido de la palabra forma, en el esquema filosófico de un Aristóteles, entonces uno entiende que alma tiene que ver con otras cosas, tiene que ver con principio, tiene que ver con estructura. El ejemplo fácil que da Aristóteles es el de una mesa o incluso el de una palabra.
Yo puedo tomar un conjunto de letras y el orden, la estructura que yo doy a esas letras, no es una letra, pero es la que le da el sentido a las letras. Por ejemplo, si tomo las letras: R O M A, con ellas puedo escribir la palabra Roma o puedo escribir la palabra amor. Estoy utilizando la misma materia, los mismos elementos, pero he cambiado la estructura, la estructura que hace que en un caso tenga la palabra Roma y en otro caso tenga la palabra amor, esa estructura misma existe, porque si no existiera yo no percibiría la palabra, pero esa estructura no es una letra.
Si yo buscara cuál es la letra que hace que las otras letras signifiquen, pues nunca la encontraría. ¿Cuál es la letra que hace que aquí diga amor y cuál es la letra que hace que aquí diga Roma? Esa letra no aparecería. Entonces, uno ve que el alma sí se va a buscar de una manera material, pues no se va a encontrar porque el alma no es materia. Pues eso es lo mismo que sucede cuando se habla de los ángeles. Y por eso, siendo bellas estas imágenes, pues son un gran estorbo, porque no tienen nada que ver con lo que aparece aquí y las alas y los rostros andróginos, así, medio hombre, medio mujer, no ayudan, no sirven.
Por supuesto que los sacristanes han hecho un gran trabajo, pero las imágenes no sirven. Si hay algo que no sirve, de acuerdo con Santo Tomás, si hay algo que no sirve para la teología de los ángeles son las imágenes. Y no hay manera de pintar ángeles, no hay manera. Entonces, la idea que tiene el planteamiento que hace Santo Tomás sobre los ángeles es un planteamiento estrictamente metafísico de una gran hermosura, profundidad y estructura. Y básicamente lo que viene a decir es que los ángeles son inteligibilidades e inteligencias. El nombre que les da es de inteligencias separadas.
Uno se da cuenta de que una idea no necesita de materia y uno se da cuenta entonces que, si los ángeles son, por decirlo así, como ideas dentro de la creación divina, no necesitan de materia. Y con la misma fortaleza con la que uno puede argumentar delante de un científico que existe alma y ese científico no crea ni en el rejo de las campanas. Pero con ese mismo argumento, como lo que dije antes de Aristóteles, se puede argumentar que existe alma. Con esa misma argumentación se puede argumentar que existe esa clase de ideas.
Pero luego hay que dar otro paso, resulta que esas ideas no son ideas muertas. Si yo tomo, por ejemplo, la idea de círculo o las ideas típicas cuando se enseñan los temas de Platón, pues esas en principio son ideas muertas. Pero ya uno se da cuenta que cuando se habla de alma, esa forma particular, es al mismo tiempo un principio activo. Entonces, uno se da cuenta que no todas las ideas son muertas. Las ideas muertas las podemos llamar ideas chiquitas, ideas pequeñas y están en nuestro poder. En cambio, las ideas grandes son las ideas que se adueñan de un corazón y son más grandes que él.
Uno puede ver, por ejemplo, en un personaje como Bolívar dentro de la historia de las naciones o un personaje como Newton dentro de la historia de la ciencia. Uno ve que eran personas que estaban como poseídas por ideas que eran más grandes que ellos. Esas ideas que son más grandes que ellos, probablemente son ideas que están vivas y ese tipo de ideas grandes y ese tipo de ideas vivas, eso es lo que Santo Tomás entiende básicamente por los ángeles. Habría mucho más que decir y no lo vamos a decir ahora, pero sí conviene terminar aludiendo a algo relacionado con la predicación que hizo San Bernardo en el texto de hoy en el oficio de lectura.
Y es que, en contra de lo que muchas veces le han dicho a uno en las clases de vida consagrada, nosotros no somos ángeles, por supuesto que no somos ángeles. Pero eso no significa que no podamos recibir ejemplo y que no podamos recibir luz y que podamos recibir ayuda de estos seres, precisamente en la medida en que, tal vez lo primero es eso, en la medida en que nos inspiran un tipo de servicio generoso, transparente, inmediato, dócil al querer divino.
Yo creo que son modelos especialmente para nosotros, religiosos y sacerdotes. Realmente lo que mucha gente espera de nosotros es que seamos así, que seamos de Dios y que no tengamos ningún interés fuera de obedecer con prontitud y alegría al querer divino. Y en eso, este tipo de inteligencias purísimas tienen un gran ejemplo para darnos.

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