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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Creer en la Providencia de Dios.
Homilía sacu006a, predicada en 20021002, con 6 min. y 30 seg. 
Transcripción:
La oración que hemos dicho al comienzo de la Santa Misa, dirige nuestra atención sobre la providencia de Dios. Es una expresión, es una palabra que está cargada de belleza y que trae mucha confianza, trae mucha luz a nuestra vida. Cuando el Padre Buenaventura García, restaurador de nuestra provincia dominicana de Colombia, quiso ponerle un título a su obra autobiográfica, un recuento de sus dolores y su búsqueda y su servicio a la Iglesia y a la orden, el título que le puso finalmente fue: El Hijo de la Providencia.
Y creo que es muy hermoso mirarnos como hijos de la Providencia, porque nuestros ángeles custodios, siendo tan bellos, tan grandes, tan santos y tan fuertes, son solamente una de las expresiones de la providencia de Dios. Y la providencia de Dios nos ayuda inmensamente porque nos permite situar nuestro pasado, nos permite afirmar, asentar nuestro presente y nos permite descansar sobre nuestro futuro. Es tan importante poder situar el pasado, tantas cosas han sucedido en nuestra vida, muchas de ellas estaban por fuera de nuestros planes, pero nada ha sucedido en nosotros que esté por fuera del plan definitivo de Dios para nosotros.
Los ojos de Dios descubren una secuencia, descubren un orden, descubren una armonía allí donde nosotros tal vez no vemos más, donde no alcanzamos a ver más. Creer en la providencia de Dios es creer que los ojos de Dios están viendo lo que yo no alcanzo a ver. Creer en la providencia de Dios es creer que Dios es capaz de aceptar lo que yo mismo no puedo aceptar de mí, de mi familia, de mi comunidad, de mi pasado. Creer en la providencia de Dios es creer que existe un poder más grande que la fuerza de mis manos, más grande que el esfuerzo de mi voluntad, y más grande también, por qué no decirlo, que los intereses o que las voluntades que están en juego en esta tierra.
Creer en la providencia de Dios es creer que realmente Dios es el Señor. Nuestros ángeles, a quien la Biblia llama poderosos ejecutores de las órdenes, ágiles en el servicio divino, son lecciones vivas, son mensajes vivos del señorío de Dios. Él es el Señor, creer en la providencia de Dios es creer que Él es el Señor. Y precisamente porque es el Señor, y porque no hay quien escape de su mano, como también dice la Sagrada Escritura, entonces todas las voluntades, todos los acontecimientos finalmente se resuelven, finalmente conducen por caminos que no nos podíamos imaginar, hacia el cumplimiento de ese plan divino.
Es muy grande creer en la providencia de Dios, pero no solo es muy grande, es muy necesario. Uno no puede encontrar paz sin creer en la providencia de Dios. ¿Por qué pasaron estas cosas, por qué me hicieron esto, por qué me dijeron esto? Y ¿por qué yo dije, porque yo pensé y por qué yo hice? Si nosotros, con nuestra mente limitada, intentamos resolver hasta el último interrogante y hasta el último por qué, finalmente nos volvemos locos, o nos deprimimos o nos desesperamos. Hay un momento en el que uno empieza a creer en la providencia de Dios, y entonces Dios, no forzado por nuestra cabeza preguntona, sino forzado por su corazón generoso, nos regala respuestas, y eso sí es manjar del cielo.
Ver, cuando Dios le parece, cuando Dios así lo quiere, ver cómo el Señor nos regala la dulzura de entender por qué me sucedió esto, ahora lo entiendo. Ah, es que todo tiene sentido, porque esto que me parecía una gran contradicción, esto que me parecía una gran vergüenza, esto que me parecía un terrible dolor, ahora veo por qué ha sucedido, ahora veo qué es lo que Dios quería. Creer en la providencia de Dios es un ejercicio maravilloso en la paz y es también una anticipación de la visión celestial. Es doctrina común de los teólogos que en el cielo hay una completa paz, hay una absoluta reconciliación.
En el cielo no está San Pedro preguntándose todavía: Y ¿yo por qué negué a Cristo, yo hubiera podido no negarlo? Ese cielo no sería cielo si Pedro estuviera por los siglos de los siglos preguntándose: ¿Yo por qué fui tan cobarde y si yo hubiera dicho otra cosa? El cielo supone una contemplación tan perfecta del plan divino que da una absoluta paz, incluso con los propios pecados. Por eso vamos a implorarle hoy a los santos ángeles que nos ayuden a transformar nuestra mirada, que nos ayuden a descubrir cómo hizo Rafael, por ejemplo, acompañando a Tobías, nos ayuden a descubrir en el camino de nuestra vida, el camino de la vida, el camino de la vida.

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