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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dar gracias, admirar y agradecer al Ángel Custodio.
Homilía sacu003a, predicada en 19991002, con 3 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Pienso que lo más hermoso y lo más grande que se puede decir de los ángeles custodios es aquello que nos cuenta la lectura del libro del Éxodo: «Lleva mi nombre», dice Dios. No te reveles, no te reveles. «Voy a enviarte un ángel para que te cuide y te lleve al lugar que te he preparado. No te reveles», y da esta razón «porque lleva mi nombre» y da esta advertencia «y no perdonará tus rebeliones». Quiero que nos admiremos de lo que esto significa, el ángel lleva el nombre de Dios.
Es tan estrecha la fusión, es tan estrecha la unión entre el ángel y Dios por el amor, que hay incluso algunos predicadores que desorientados, llegan a decir que los ángeles no son sino una manera de hablar de la acción de Dios, como decir que no existen como seres personales, sino que es obra de Dios. Pero el texto es claro: «Voy a enviarte un ángel». Dios no se envía a sí mismo, «lleva mi nombre». Cuando dice: «Voy a enviarte un ángel», señala que son distintos, cuando dice: «lleva mi nombre», indica qué tan unidos están. Y ¿qué significa esto de llevar el nombre de Dios?
Significa que las acciones del ángel están firmadas, están rubricadas por Dios. Es algo así como un embajador plenipotenciario, como un embajador de entera confianza, como aquel que solo hará estrictamente y completamente la voluntad del Padre Celestial. En este día, nosotros sabemos que existe esa protección y ese amor de los ángeles. Lo sabemos porque Jesús habla aquí de los ángeles de los niños. Pero no es creíble que esa protección, de la que también nos habla la Carta a los Hebreos, desaparezca porque dejamos la edad de la infancia.
Nosotros que sabemos esto, que sabemos del amor de Dios así expresado, ¿qué podemos decir? Gracias. ¿Qué podemos sentir? Admiración. Y ¿qué tenemos que hacer? Obedecer. La gratitud, la admiración y la obediencia. Y teniendo siempre cerca de nosotros a un santo tan grande, un santo que está plenamente unido a Dios y que lleva su nombre, que tiene toda su presencia, ¿cómo desperdiciar semejante ayuda? Me duele en este momento, tanto tiempo y tan poquito amor que yo he tenido para con mi ángel custodio.
Y le ruego a Dios que en mí mismo, en cada uno de nosotros, el Señor infunda la certeza de ese ministro de la Providencia y, al mismo tiempo, nos conceda la docilidad. ¿Por qué? Porque con la ayuda de ese ángel, vamos a llegar al lugar que Él nos tiene preparado.

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