Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Preguntémonos qué hemos hecho de nuestro bautismo. Orar por aquellos hombres y mujeres que han tomado el camino de una consagración total a Dios.

Homilía pres026a, predicada en 20240202, con 5 min. y 43 seg.

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Transcripción:

El dos de febrero nuestra Iglesia Católica celebra la presentación del Niño Jesús en el Templo. Es una celebración muy bella que nos recuerda lo que fue la vida entera de Cristo. Cristo estuvo consagrado completamente a la gloria del Padre. El propósito de aquella disposición de Moisés, ese mandato de que debía llevarse a los primogénitos y los varones tenían que ser consagrados al Señor. Pues eso fue la vida de Cristo. Eso fue lo que vivió Cristo. Esa fue su vida entera. Y es muy hermoso darse cuenta que Cristo nuestro Señor realmente vivió lo que sucedió aquel día de la presentación en el templo.

Yo quiero hacer dos consideraciones aquí con la ayuda del Espíritu Santo. La primera es que recordemos cuando nosotros llegamos por primera vez a un templo, porque en aquel momento, Cristo estaba yendo por primera vez al templo, el templo de Jerusalén. ¿Cuándo llegaste tú por primera vez a un templo? Lo más probable es que fue el día de tu bautismo. Pues yo quiero decirte que el día del bautismo es el día de la gran bendición. El día del bautismo es el día en que se escuchó en el cielo de nuevo aquella palabra que nos dice el texto del Evangelio, Este es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias. Dios te miró con un amor que no cabe en palabras. Ese día que tú entraste por primera vez a un templo que repito, seguramente fue el día de tu bautismo, puede que haya sido incluso antes. Ese día Dios te miró con un amor muy grande y la pregunta es aquello que Dios en su infinito amor quería y quiere para ti. ¿Eso se ha realizado en tu vida?. Esa es la primera consideración. Lo que Dios quería para ti cuando tú eras seguramente un bebé. La gran mayoría de nosotros católicos llegamos al templo como bebés. Cuando tú eras un bebé, ese amor, esa dulzura de amor del Padre cuando te ve, cuando te recibe, cuando te abraza. Eso. ¿Eso qué?, ¿qué queda de eso?, ¿qué queda de esa mirada en ti?, ¿qué queda de ese plan bello de Dios? A mí me gusta decir que la paz interior es reencontrarse con lo que Dios quiso para mí el día de mi bautismo. Esa es la paz interior. En eso consiste la paz interior, en que nosotros aprendamos a volver a lo que Dios quiso para nosotros el día de nuestro bautismo, el día que entramos al templo.

Y la otra consideración muy breve que quiero hacer es cómo tratamos nosotros a los consagrados. El dos de febrero la Iglesia Católica siempre celebra la Jornada por la Vida consagrada en todas las diócesis, en todas partes, y es un tiempo muy hermoso, para nosotros reflexionar lo que significa la vocación, la entrega de esos hombres y mujeres que han dicho aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Esos hombres y mujeres entre los cuales me cuento, porque yo pertenezco a una comunidad religiosa. Los dominicos, esos hombres y mujeres que en medio de nuestras limitaciones, en medio de lo que nosotros somos, le queremos decir al Señor quiero seguirte y quiero seguirte de cerca. Por eso, lo segundo que quiero pedirte es que hagas una oración por nosotros. Y si eres papá o mamá, y sobre todo si tienes hijos pequeños, considera la posibilidad de que un hijo o una hija tuya se consagre para toda la vida en el servicio a Dios. Considera esa posibilidad, tenla en cuenta, tenla presente y si te llega tanto el amor, pídele. Pídele a Dios que uno de tus hijos, una de tus hijas o más, se consagren completamente a su servicio. No es fácil, pero es bellísimo y es fuente de bendición para toda la familia.

Así que los dos puntos de hoy son, primero, preguntarnos qué hemos hecho de nuestro bautismo, de nuestra consagración. Y segundo, orar por aquellos hombres y mujeres que han tomado en medio de limitaciones, repito, han tomado el camino de una consagración total. Es un día muy bello, dos de febrero. Que el Señor te bendiga.

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