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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús en esta fiesta se ofrece simbólicamente y luego en la cruz se ofrece en lugar de la humanidad, para que con su sacrificio limpie nuestros pecados, para que sus consecuencias caigan sobre Él y seamos liberados.
Homilía pres025a, predicada en 20230202, con 8 min. y 9 seg. 
Transcripción:
El dos de febrero nuestra Iglesia Católica celebra la presentación de Jesús en el Templo. Y aquí hay dos preguntas que se pueden hacer. Una más bien fácil y otra más bien difícil. La pregunta fácil o de respuesta fácil es ¿por qué el dos de febrero? y la respuesta, en efecto, es sencilla. Resulta que la ley de Moisés decía que cuarenta días después del nacimiento, un bebé primogénito varón tenía que ser presentado en el templo de Jerusalén. Como estaban mandados estos cuarenta días. Pues nosotros contamos desde el veinticinco de diciembre en que celebramos el nacimiento de Cristo y los cuarenta días nos conducen al dos de febrero. Ya está. Por eso el dos de febrero. Muy bien.
Pero la pregunta difícil es ¿Qué significa esta fiesta para nosotros, es decir, qué es lo que realmente celebramos? Si, los papás cumplieron con la ley y los papás llevaron a Jesús al templo, pero qué es lo que estamos celebrando, simplemente que ellos eran obedientes a la ley. Esto es significativo porque nos muestra que estamos ante una familia respetuosa de la ley de Dios. Una familia que sigue lo que Dios había dispuesto. Eso es bonito, pero indudablemente tiene que haber mucho más que eso. No puede ser solamente que es por celebrar la obediencia a la ley de José y María. Para tratar de responder a esta segunda pregunta. Es decir, ¿qué es lo que realmente estamos celebrando? Pues necesitamos escarbar un poquito dentro de la Sagrada Escritura y descubrir cuál era el sentido de esa ofrenda de los primogénitos. ¿Ofrenda? Sí, porque de lo que se trataba era de presentar al primogénito como una especie de ofrenda que luego era rescatada por medio de un sacrificio de un animalito, típicamente un corderito o un cabrito. Y si la familia era muy pobre, como era el caso de José y María, entonces un par de tórtolas o dos pichones. O sea que la idea fundamental aquí es la idea de ofrenda y de rescate. Esa es la idea que tenemos que tener muy clara. Tenemos que tener muy presente. Ya te dije que esto iba a ser un poquito más difícil que la primera pregunta, con su consiguiente respuesta.
Entonces, vamos a ver qué es lo que tiene que ver con esto de ofrenda y rescate. Y ¿por qué esto es tan importante, qué es lo que realmente nos interesa aquí? Debemos darnos cuenta que vivimos en un mundo de pecado. Debemos darnos cuenta también que, como enseña claramente el apóstol San Pablo, la paga del pecado es la muerte. Así, por ejemplo, Santo Tomás de Aquino, refiriéndose a un término bíblico el de la ira de Dios. Santo Tomás de Aquino nos dice algo muy interesante y muy impresionante. Dice Santo Tomás que llamamos ira de Dios, no tanto a un sentimiento de Dios, sino a la expresión un poco antropomórfica, a la expresión de cómo la acumulación de los pecados finalmente produce consecuencias y son consecuencias de destrucción. Y yo creo que con esa idea podemos estar de acuerdo todos. Así, por ejemplo, vemos como en la sociedad, a medida que se va imponiendo más un lenguaje de agresión, de violencia, de vandalismo, de destrucción, pues cada vez más nuestras sociedades se van volviendo una especie de campo de batalla donde los distintos intereses pretenden imponerse a fuerza de violencia. O podríamos hablar también de la destrucción de la familia y las consecuencias en los más indefensos. O el avance del aborto, tantas cosas. Entonces la paga del pecado es la muerte. La muerte es la consecuencia, es el desenlace de la acumulación del pecado. Y a esa acumulación, al estallido de todas esas consecuencias, es a lo que la Biblia llama la ira de Dios.
Fíjate hasta dónde nos lleva este tema. Pero sucede una cosa. Nosotros recordamos que en el caso de los israelitas en la tierra de Egipto, nosotros recordamos que la acumulación de todas las idolatrías, mentiras, la explotación y las crueldades de los egipcios empiezan a manifestarse en una serie de consecuencias terribles que solemos llamar las plagas, que no fueron siete, sino diez, las diez plagas de Egipto. Es decir, las plagas de Egipto son la muestra de cómo el pecado trae sus distintas consecuencias y por eso, al ver las consecuencias del pecado, Dios está llamando al arrepentimiento. Ahora bien, los hebreos tampoco es que no fueran pecadores. Ellos tenían también sus pecados. Pero Dios abre una puerta para los hebreos, y esa puerta es mire, entiendan que ustedes son míos. Entiendan que sus primogénitos, que suelen ser aquellos hijos en los que está depositado el orgullo de los papás, entiendan que sus primogénitos son míos. Entonces la ofrenda de los primogénitos, que fue hecha de manera, podríamos decir involuntaria y violenta, cuando murieron los primogénitos de Egipto. La ofrenda de los primogénitos es una manera de recordar que somos de Dios y recordar que el pecado tiene consecuencias.
Entonces, qué era lo que significaba eso de que hay que presentar el primogénito. Pues era una manera de decir nosotros somos de Dios. El pecado tiene consecuencias y aún así mis hijos tendrían que morir, tendrían que morir porque somos un pueblo de pecadores. Pero aquí es donde viene la idea del rescate. Y es que en vez del primogénito, Dios acepta como ofrenda un sacrificio de los rebaños, como quien dice en vez de que muera tu hijo, está bien rescatarlo. Es decir, ofrece algo en lugar de tu hijo.
Y este es el sentido más profundo de la fiesta, de la presentación. O sea que Cristo se está ofreciendo primero simbólicamente en la fiesta de hoy y luego realmente en el misterio de la Cruz. Cristo se está ofreciendo. Es el que se ofrece en lugar de, en lugar de la humanidad. Se ofrece Cristo, porque su sacrificio es el que nos va a limpiar a nosotros, para que las consecuencias de nuestros pecados caigan sobre él, como cayeron efectivamente en el misterio de la cruz, y nosotros seamos liberados. Es un sacrificio en reemplazo de, que teológicamente se llama un sacrificio vicario. Es el sacrificio en reemplazo de nosotros. Por eso está Él en el templo, y por eso nosotros debemos comprender en esta fiesta tanto la gravedad del pecado como la inmensa caridad de Cristo que nos ha rescatado de sus garras e incluso de sus consecuencias.

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