Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Invocar con fe y constantemente al Espíritu Santo hace crecer en nosotros la sensibilidad hacia Él y esa sensibilidad nos lleva al discernimiento y a obedecerle.

Homilía pres024a, predicada en 20220202, con 6 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Hoy es dos de febrero, fiesta de la Presentación del Señor y con motivo del Evangelio que se lee el día de hoy, vamos a hablar de las mociones del Espíritu Santo. De todos los personajes que aparecen en el texto de hoy. Ante todo Nuestro Señor Jesucristo bebé, presentado en el Templo, José, la Santísima Virgen, una viuda llamada Ana y Simeón. Vamos a fijarnos en este último, en Simeón.

Porque resulta que el texto bíblico nos dice que había recibido Simeón un oráculo del Espíritu Santo, que no moriría sin haber visto al Mesías. Y también nos dice después que movido por el Espíritu Santo. Simeón fue al templo cuando llegaban José y María con el niño Jesús bebé en brazos. Es decir, Simeón, un hombre anciano que de alguna manera representa los brazos extendidos del Antiguo Testamento, tratando de llegar hasta el Mesías.

Simeón era un hombre sensible al Espíritu Santo. Ahí entra el primer punto para nosotros ¿somos sensibles al Espíritu Santo?. Yo creo que todos tenemos aquí que corregirnos de muchas cosas, empezando por mí. Por ejemplo, invocar con frecuencia con amor y con fe al Espíritu Santo de Dios. Mira, el solo hecho de invocar al Espíritu Santo hace crecer en ti la sensibilidad hacia el Espíritu Santo. El hecho de esperar su llegada te prepara para su llegada. Ese es el primer punto para ser más sensibles al Espíritu Santo.

Segundo, necesitamos discernimiento. Una palabra importantísima, discernimiento. Nos dice, por ejemplo, el apóstol San Pablo No todos los espíritus vienen de Dios. Y un santo tan grande como Ignacio de Loyola es conocido en la Santa Iglesia por el don del discernimiento y por enseñarnos a discernir. Por ejemplo, San Ignacio dice que uno tiene que estar atento para saber si ese impulso, si esa moción. Moción significa impulso, movimiento, lo que trata de moverte. Si esa moción viene de ¿cuál de estos tres orígenes? Porque puede venir de Dios. Pero cuidado, porque puede venir también del demonio, o puede venir también de ti mismo, es decir, quizás es algo que tú quisieras y tal vez tú quisieras que Dios lo quisiera.

Entonces hay que ejercitarse en el discernimiento para ver cuántas de estas cosas que creemos que vienen de Dios en realidad vienen de nosotros mismos, o peor todavía, vienen del espíritu de las tinieblas. Y ¿cómo será una moción que viene del espíritu de las tinieblas? Mira, lo que destruye la confianza en Dios no puede venir de Dios. Por ejemplo, cuando llegan esos mensajes terribles apocalípticos, que es para llenarte de terror, de miedo y de egoísmo. Sobre esto hablábamos hace poco en otro programa. A llenarte de egoísmo. Tengo que protegerme. Tengo que hacer un bunker en mi casa. Tengo que acumular muchos, muchos alimentos. Ese tipo de miedo, ese tipo de pánico. Eso no viene de Dios.

Y además, fíjate con el ejemplo que estoy dando, cómo hay una marca de egoísmo muy grande. Cuando me hablan de esos mensajes en los que hay que acumular y acumular alimento. Yo digo y es qué a Dios no le importan sus pobres, los que no tienen a veces ni para comer hoy. Les vamos a mandar un mensaje supuestamente de la Virgen o de Jesús o de quien sea, para decirles acumulen, cuando ni siquiera tienen para hoy, ¿acumulen?

Entonces uno tiene que preguntarse ¿hacia dónde me lleva esto? ¿Me lleva a una mayor confianza en Dio?¿Me lleva a una mayor generosidad con mis hermanos? ¿Me lleva a una mayor santidad? La santidad es clave. No viene de Dios lo que lleva hacia el pecado. ¡A que es un pecado delicioso, que es un pecado suave!. Eso no viene de Dios, de Dios no viene. Tal vez no es el peor pecado del mundo, pero de Dios no viene. Punto. No te engañes.

Entonces, primero tenemos que pedir el Espíritu Santo. Segundo, tenemos que discernir. Y tercero, hecho el buen discernimiento, en lo cual uno cada vez puede educarse mejor. Hay que obedecer. Y eso fue lo que hizo Simeon, obedecer. Obedecer primero en la espera paciente, hasta llegar a una edad avanzada incluso, y después obedecer cuando el Espíritu de alguna manera le dice ve hoy al templo, obedecer. Y sobre esto de ir hoy al templo, yo te lo quiero dejar como inquietud. Tal vez hay una confesión que hace rato estás aplazando. Tal vez hay una visita al Santísimo que hace rato estás aplazando. Acuérdate, si es moción del Espíritu, obedecer. Entonces primero invocar, segundo discernir y tercero obedecer.

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