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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestra vida cristiana mejorará si aplicamos la obediencia, la pobreza, la generosidad y la escucha.
Homilía pres023a, predicada en 20210202, con 6 min. y 17 seg. 
Transcripción:
El dos de febrero celebramos la fiesta de la Presentación del Señor. Efectivamente, según la Ley de Moisés, cuarenta días después del nacimiento del primogénito, había que presentarlo al Señor. Y eso es lo que sucede precisamente en el templo de Jerusalén. En esta escena preciosa que nos cuenta San Lucas, ¿Cuál era el sentido de esa presentación y qué lecciones nos deja a nosotros que José y María hayan llevado a Jesús todavía bebé al templo? Podríamos decir que estamos como en un eco de la fiesta de Navidad.
El sentido de la presentación de los primogénitos era recordar a todo el pueblo que son posesión de Dios. Pertenecemos a Dios. Originalmente en pueblos muy, muy antiguos había la idea de ofrecer a los dioses. Eran pueblos paganos. Ofrecer a los dioses no solo sacrificio de animalitos, sino también sacrificio de seres humanos. Había papás que sacrificaban a sus hijos. Espantoso, yo sé. Entonces la idea que había aquí es que cuando los israelitas presentan a Dios sus hijos, están recordando que todo es de Dios.
Pero se utiliza esta palabra en la Ley de Moisés había que rescatar al niño. No se consumaba el sacrificio. Sacrificios humanos jamás. Entonces se llevaba el niño al templo y se rescataba, es decir, se entregaba en sacrificio en vez de ese niño, un cordero o un cabrito. Ese es el sentido.
Entonces el sentido fundamental es, somos de Dios, pertenecemos al Señor. Ese es el sentido fundamental. Y lo nuestro, lo más nuestro, como puede ser un hijo para un papá, es de Dios. Ese era el sentido. Bueno, ¿qué enseñanza nos deja esto a nosotros? Yo creo que hay unos cuatro elementos que podemos mencionar.
En primer lugar, tenemos la obediencia. José y María están cumpliendo el precepto de la Ley de Moisés. Se trata de un acto de obediencia a la ley. En segundo lugar, si nos damos cuenta, cuál es la ofrenda que ellos presentan, es una ofrenda de un par de tórtolas, es decir, están presentando la ofrenda de los pobres. Porque la Ley de Moisés decía eso, si son demasiado pobres, que entreguen por lo menos dos pajaritos. Y eso fue lo que presentaron José y María. La ofrenda de los pobres.
Tercero, José y María entran en el templo. Simeón, el hombre que se menciona en el pasaje, no era sacerdote ni pertenecía al oficio de los sacerdotes. El levantar en manos al niño o hacer todo este ritual que realiza Simeón, eso no era propio del ritual. Entonces llama la atención que José y María le permiten a Simeón tomar ese niño en sus brazos. Hay un acto de confianza, de generosidad y de reconocer en Simeón un hermano de su misma raza, de su mismo pueblo. Dicho de manera más breve, ellos no se adueñan de Jesucristo, no, lo entregan, lo presentan.
Date cuenta que desde el principio fue así, desde el principio, porque cuando nace nuestro Señor Jesucristo, pues ya sabemos las condiciones de pobreza, de incomodidad en que tuvo que haber sucedido ese nacimiento. Y sin embargo José y María no se encierran en la privacidad que sería tan explicable en un momento de esos. Ellos no se encierran en su privacidad, no, ¿sabes lo que hacen? Lo que ellos hacen es presentar el niño a los pastores y después presentan el niño a los magos, a los sabios de oriente y ahora presentan al niño en el templo, pero también le permiten a Simeón tenerlo.
Y finalmente, entonces, ¿a ver qué tenemos hasta ahora? obediencia, pobreza, generosidad. Pero viene otro elemento todavía. Las palabras de Simeón, palabras proféticas, resultan misteriosas y difíciles de comprender para ellos. Esas palabras hablan de una espada que atravesará el corazón de la Virgen. No entienden, pero tampoco se desesperan por entender. Acogen, escuchan, siguen escuchando, siguen recibiendo la Palabra del Señor. Siguen asumiendo esa palabra. ¿Por qué? Porque en su momento Dios les esclarecerá el sentido.
Mira todos los testimonios que ellos nos dan. Obediencia, pobreza, generosidad y escucha. Y si tú tomas esas cuatro palabras y las aplicas a tu vida cristiana, estoy seguro que tu vida, lo mismo que la mía, va a mejorar muchísimo.

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