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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Consagrémonos a Dios por medio de la Santísima Virgen sabiendo que Jesucristo es quien ilumina al mundo, nuestra conciencia y cada corazón que deposita en Él su fe.
Homilía pres020a, predicada en 20190202, con 6 min. y 52 seg. 
Transcripción:
El dos de febrero nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de la Presentación del Señor según la ley de Moisés. Cuarenta días después del nacimiento, el primogénito debía ser presentado en el templo. Si hacemos las cuentas, nos damos cuenta también nosotros de que son cuarenta días entre el día de Navidad y esta fiesta de la Presentación del Señor.
Tres son los principales temas que debemos recordar en esta fiesta, la Luz, la Consagración y la Santísima Virgen.
La Luz. ¿Por qué la Luz? Es tan importante este aspecto que en muchos lugares se celebra a Nuestra Señora de la Candelaria o de las Candelas. Porque la tradición, hermosa tradición litúrgica, es celebrar esta fiesta llevando luz. Y ¿por qué? Recuerda la frase que dijo el anciano Simeón y que aparece en el Evangelio de hoy ¿Quién es Cristo? Luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. Cristo que ilumina en primer lugar el templo. Cristo que ilumina cada corazón que deposita en Él su fe. Cristo que ilumina nuestras conciencias. Cristo que ilumina el mundo entero. Luz de las gentes. Luz de las naciones.
De hecho, este es el título de una de las cuatro constituciones dogmáticas del Concilio Vaticano Segundo. En latín se dice Lumen Gentium, Luz de las gentes. Entonces la Luz es importante y este es un día para dejarnos iluminar, iluminar por Jesucristo.
Segundo, tenemos el aspecto de la Consagración. Consagración ¿Por qué? Porque el sentido ya en el judaísmo de esta presentación en el templo era precisamente ese de consagración. Todo primogénito varón será consagrado al Señor. Es muy interesante la lógica de la ley de Moisés en este punto. Se supone que todo el pueblo tenía que servir solamente a Dios y dedicarse solamente a Dios. Pero como hay tantas cosas por hacer, campos por cultivar, rebaños que cuidar, artesanías, carpintería, tejidos, todas las cosas que son necesarias para la vida presente. Entonces Dios va haciendo una serie de transferencias. Todo el pueblo es consagrado, pero de alguna manera, en cada familia, el primogénito es el depositario de esa consagración de todos y es el que les recuerda a todos que son consagrados.
En cierto sentido, ese primogénito es el embajador o en otro sentido es el que los reemplaza a todos, asumiendo sobre sí la densidad de la consagración. Otros pasajes muestran que la tribu de Leví, los levitas, son aquellos que van a recoger la consagración. Es muy interesante, repito, cómo se dan una serie de transferencias. Pero luego resulta que el primogénito tenía que haberse dedicado completamente a Dios.
Recuerda el caso del profeta Samuel. Samuel fue el hijo de una mujer estéril que sufría mucho por su esterilidad. Y cuando Ana, que así se llamaba la mamá, queda embarazada. De hecho, desde antes ella lo Consagra al Señor. Pero como los primogénitos también tienen que dedicarse a algunas de las cosas que son menester en este mundo, entonces también había que transferir de algún modo esa consagración a otras criaturas. Y por eso en la ceremonia de esta Presentación en el templo era necesario utilizar unos animalitos, de modo que el sacrificio de esos animalitos estaba representando el sacrificio de un primogénito entregado a Dios, que a su vez estaba representando como el pueblo entero tenía que estar completamente dedicado al Señor. Son las transferencias.
Pero en el fondo la idea es, somos de Dios, Él es nuestro Dios, nosotros somos su pueblo. Esa es la idea de la Consagración. Por eso también el dos de febrero es un día tan bello en la Iglesia como Celebración de la Vida consagrada, porque de algún modo la Vida Consagrada es como un recordatorio para todo el pueblo de Dios de lo que ya hemos dicho. Somos su pueblo, ovejas de su rebaño.
El tercer elemento es la Santísima Virgen. Cristo es entregado, es ofrecido y es ofrecido por una pareja. Es ofrecido por José y María. Y aunque son ambos, ciertamente todos conocemos el vínculo de amor, amor de continuidad que hay entre la mamá y el Hijo. Y ese amor de continuidad de alguna manera se inmola en el momento de la presentación en el templo. Y ese amor de continuidad está unido al sacrificio que se presenta en el templo. Por eso María no entra aquí simplemente como una portadora que lleva un bebé, sino más bien como una madre que está entregando un hijo y al entregarlo se está dando a sí misma. Y por eso le dice Simeón a ti una espada te atravesará el corazón. Como mostrando de qué manera se iba a hacer perfecto el sacrificio de ella.
Así que la luz por una parte y después la consagración y después la Virgen, la Virgen Santísima. Que Dios el Señor nos permita celebrar con júbilo esta fecha. Y termino contando algo personal. Un dos de febrero del año mil novecientos ochenta y seis, yo hice mi Profesión Religiosa. Así que además de todo lo ya comentado, esto tiene un impacto muy particular en mi propia vida. Que Dios nos bendiga.

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