Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Llega Dios a su santuario, como dueño a su casa.

Homilía pres012a, predicada en 20130202, con 6 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Esta escena de la vida de Cristo es completamente única. Solo una vez en la vida eran presentados los varones, los primogénitos en el templo de Jerusalén. Por eso esta escena se queda como sin comparación. Es única. Y sin embargo, hay una luz que nos da la primera lectura del profeta Malaquías para ver que esto, aunque es único, también sucede muchas veces y también sucede con nosotros. Lo que nos muestra Malaquías es que Dios va a visitar su santuario. El santuario se supone que es el lugar donde se le rinde culto a Dios. El lugar dedicado al Señor. Pero ahora resulta que el mismo Señor, él en persona, va a visitar lo que es suyo. ¿Quiénes están a cargo de ese santuario? Los levitas, pero parece que su labor no ha sido perfecta. Necesitan ser purificados.

Y la visita del Señor, el dueño de la casa viene a ser ese momento de purificación. Es aquí donde podemos empezar a hacer comparaciones útiles. Por ejemplo, podemos pensar que nosotros mismos, cada uno, hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. Dios nos ha hecho como un templo. Lo recuerda especialmente Pablo cuando dice, expresamente que somos templos del Espíritu. Y en este santuario que es cada uno de nosotros, no hay que buscar a los levitas demasiado lejos. Nuestras decisiones, la manera como llevamos nuestra vida, los pensamientos que revolvemos en la cabeza, los proyectos que atraen nuestros anhelos. Esos hacen el papel de levitas. ¿Y qué significa entonces la visita del dueño de casa? Pues Dios nos visita de muchas maneras. Por ejemplo, nos visita con su Palabra, nos visita con su gracia, de un modo especialísimo, nos visita como dueño que entra en su casa cuando recibimos la hostia consagrada, en la cual no otros, sino él mismo entra en su santuario.

Entonces vemos que aquello que anunció Malaquías tiene que cumplirse también en nosotros. Se trata de la visita del dueño. Los levitas eran administradores y este tema del administrador y del dueño también aparece en algunas ocasiones en los evangelios. Nosotros somos administradores, administradores de los talentos recibidos, administradores también de esta casa que se llama nuestro cuerpo. Somos administradores de nuestro tiempo. Utilizando una comparación de Santa Teresa de Jesús, se puede decir que somos nosotros quienes determinamos qué le echamos al horno de nuestro corazón. Esa comparación la dice Teresa refiriéndose al tipo de pensamientos y de deseos que uno tiene en el alma. La persona, por ejemplo, que anda revolviendo cosas del pasado, malas experiencias, heridas, le está echando continuamente esas leñas, esos leños amargos de resentimiento al horno del corazón. Ese pobre corazón apesta, huele a resentimiento. Otra persona, en cambio, se solaza en pensamientos obscenos o impuros. Podemos imaginar cómo hiede ese corazón. Pero hay también personas que ofrecen continuamente como un sacrificio de alabanza. Es incienso dulcísimo y muy agradable a Dios el aroma que se siente en ese corazón.

Viene Cristo a nosotros. Viene Dios a nuestra vida. ¿A qué huele el alma? Viene Cristo a nosotros. ¿Cómo encuentra la casa? No es verdad que resulta vergonzoso sobremanera que llegue una visita y encuentre la casa sucia, desordenada, descuidada. Es una vergüenza que no queremos pasar. Pensemos que eso es lo que sucede cuando entra Dios a nuestra casa. Están en orden nuestros pensamientos o están las cosas por ahí tiradas y suciedad por todas partes. Esto que vale para todo cristiano, vale especialmente para nosotros que nos hemos consagrado al Señor.

Este servidor, por ejemplo, hace veintisiete años, hizo su primera profesión religiosa. Veintisiete años de ese momento en el que, terminado el noviciado, me consagré en la Orden de Predicadores. Así que esta fiesta tiene un significado particular para mí. Y tengo que preguntarme ¿Cómo está mi casa veintisiete años después? Si esa preparación, porque fue un año de preparación en el noviciado. Si esa preparación fue útil y sobre todo, si mi corazón en este momento es más grato a Dios. O si lo era, tal vez en esa época. Y como los levitas del profeta Malaquías. Necesito ciertamente ser purificado. Así que esta fiesta nos ayuda a revisar nuestra conciencia. Nos ayuda a ser humildes ante el Señor y nos ayuda a percibir su presencia y sus muchas formas de visitarnos.

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