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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios que sale al encuentro en el lugar de oración de su pueblo: señal de que nuestra oración es, ante todo, encuentro.
Homilía pres010a, predicada en 20120202, con 11 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Hermanos muy queridos. Esta celebración antigua, especialmente en el oriente cristiano, da origen a una devoción a la Virgen, Nuestra Señora de la Candelaria o Nuestra Señora de las Candelas. Por esa idea de salir al encuentro de Cristo que es la luz. En el Evangelio de hoy hemos oído ese título para Cristo, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. También podemos acordarnos que en la celebración de la solemnidad de la Pascua se levanta ese cirio inmenso y quien preside va entonando luz de Cristo. Hay un eco pascual entonces también en la celebración de hoy. ¿De qué se trata? Se trata de que nuestros sacrificios y nuestras oraciones no son únicamente un entretenimiento de nuestra mente. Nosotros no oramos para distraer nuestra mente, ni para sugestionarnos. Y esta es la gran diferencia entre la oración cristiana y muchas otras actividades espirituales. La persona que practica yoga, cosa que por supuesto no recomiendo. La persona que practica budismo Zen, la persona que se mete en la meditación trascendental, esa persona está atrapada dentro de su propio cerebro, dentro de su propia mente. De lo que se trata en esos métodos llamados espirituales es finalmente de jugar con la propia mente, jugar con el cerebro, adiestrar al cerebro. Y ustedes saben que todo en el ser humano se puede adiestrar. Uno ve un violinista, uno ve un mago de fiesta infantil, uno ve un buen basquetbolista y uno se da cuenta que el ser humano tiene una capacidad muy grande de adiestramiento. Esos dedos del violinista parece que no fueran de esta tierra. Lo mismo podemos decir de un gran cantante o de un futbolista que nos deja sencillamente asombrados con su agilidad. Pues eso que se hace con el cuerpo también se puede hacer con el cerebro. El budismo es como una especie de gimnasio del cerebro. Aprender a concentrarse, aprender a serenar el cerebro, aprender a aumentar las ondas llamadas alfa. Es entrenamiento, se puede hacer. Pero, mis hermanos, todo es entrenamiento, todo ese esfuerzo queda únicamente dentro de ese cráneo. Todo ese esfuerzo, todo ese entrenamiento queda únicamente circunscrito a lo que yo quiero, a lo que yo puedo. Es algo que está únicamente dentro de mí. Por eso se equivocan gravemente los que comparan la actividad de un monje budista con la actividad de un verdadero monje si es cristiano o de un verdadero contemplativo. La verdadera contemplación cristiana no es un simple adiestramiento del cerebro para que se pacifique, para que se quede quietecito. Eso no es la oración cristiana. Como bien la define el Papa Juan Pablo, como bien lo ha enseñado el Papa Benedicto, la oración es salir a un encuentro. Y eso es lo que aparece hoy en el profeta Malaquías Dios que sale a un encuentro, Dios que se hace presente allí donde hay oración. Nuestra oración es encuentro. Nuestra oración no es un simple juego de la mente, no es un juego del cerebro, no es una programación neurolingüística. ¿Qué es la Programación Neurolingüística? Es la repetición estratégica de ciertas consignas para que usted ahuyente pensamientos negativos y se concentre mejor en sus metas. Usualmente esto hace que sus resultados sean mejores y así se produce una espiral ascendente, que es lo que atrapa a los de la Programación neurolingüística. Si me concentro en que puedo hacer las cosas mejor, logro mejores resultados que entonces me convencen de que puedo hacerlo todavía mejor y logró todavía mejores resultados. Y eso se vuelve como una exaltación del propio yo y de los propios recursos. Pero la programación neurolingüística está únicamente en las neuronas de esa persona, está en su esfuerzo, está en su búsqueda únicamente lo que aparece en el profeta Malaquías es un Dios que viene a nuestro encuentro, y lo que vemos en el evangelio es que Dios, Dios hecho carne, nuestro amado Señor Jesucristo, sale al encuentro. ¿Al encuentro de quiénes? Pues en este caso encuentro sobre todo de un par de ancianos. Lo cual está muy de acuerdo con lo que encontramos en los relatos de la infancia de Cristo. ¿A quiénes se manifiesta Cristo? De acuerdo con los evangelios llamados de la infancia, es decir, los dos primeros Capítulos de San Mateo y los Dos primeros Capítulos de Lucas. ¿A quiénes se manifiesta Cristo? Se manifiesta a los pastores, población despreciada. En aquel tiempo tenían fama de sucios, incultos, ladrones, es decir, gente con la que no cuenta. Fíjate que David, del que hemos hablado tanto estos días. Era el que cuidaba las ovejas. Y cuando fue el profeta Samuel a la casa de Jesé, que era el papá de David cuando llegó allá. Entonces le pregunta a Jesé ¿Dónde están los hijos? Y Jesé ni siquiera le trae a David, Ni siquiera lo cuenta como hijo. Entonces, ¿A quiénes se manifiesta Cristo? A los pastores. La población más despreciada de ese tiempo. A los paganos que eran tratados como perros, que eran tratados como menos que cualquier judío y sobre todo, como indignos de la amistad con Dios. ¿A quién más se manifiesta Jesucristo? A estos ancianos. Qué diría la gente de esta ancianita, Ana, que tenía ochenta y cuatro años, en una época en la que la mayor parte de la gente moría alrededor de los cuarenta años. Esa era la expectativa de vida. Eso es más o menos como encontrarse ahora una viejita que tuviera unos ciento cuarenta o ciento cincuenta años. ¿Usted cómo miraría a esa ancianita? Usted la miraría más o menos como esta señora se va a deshacer en cualquier momento. O sea que ¿Cómo miraba la gente a esta anciana Ana? La anciana Ana era vista seguramente como parte del inventario del templo de Jerusalén. Es decir, por ahí estaba. Estaba más o menos como unos ropajes y debajo esos ropajes, se supone que estaba la viejita, no se sabía nada más de ella. Y luego el anciano Simeón, un viejo medio loco también, que andaba diciendo que ya el Mesías viene, que ya el Mesías viene. No me cuesta ningún trabajo imaginarme a la gente oyéndole a Simeón, que ya el Mesías viene. Sí, sí, sí, tranquilo. Y también van a aterrizar los marcianos. Sí, sí, papito, no se preocupe, no hay ningún problema. Tómate tu pastilla, Simeón, Tómate tu pastilla. Mantente tranquilo. No vuelvas a hacer como hiciste la otra vez. A este par de despreciados, a este par de viejos teñidos seguramente por locos. A ellos se manifiesta. Y entonces Simeón se vuelve poeta. Y Simeón dice: Ahora Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Y dice el evangelio de hoy dice el Evangelio de hoy en la parte final, que Ana era mujer, muy anciana. Ana se acercó en aquel momento dando gracias a Dios y hablando del niño, a todos los que aguardaban la liberación de Israel. Imagínese esta pobre viejita y el otro viejito. Ojo, que no había relación entre ellos. Imagínese la pobre viejita está diciéndole a los que entraban en el templo Oiga, oiga, ¡Que ya llegó el Mesías! Sí, sí, mamita, tranquila, respire profundo, tranquila. ¿Dónde es qué vive usted? Yo la ayudo a llevar a su casa. Por eso Jesús permaneció oculto. Nadie podía creerles. O sea que la otra enseñanza de esta fiesta. ¿Cuál es? Cómo Jesús viene a ser la sorpresa para los que están en el borde mismo de la historia. Cómo la Jesús viene a ser la sorpresa para los que están en el borde mismo de la sociedad. A aquellos que se confunden en medio de los grises, en medio de los tonos grises, de la locura, de de la persecución, de la enfermedad, de la ancianidad. Es ahí donde brilla esta luz de Cristo. Resumen y conclusión Primero, no se nos olvide. Esta fiesta nos recuerda la gran diferencia entre lo que es la oración cristiana y cualquier otra cosa. Todos los otros lo que hacen es jugar con su cráneo, que yo me concentro, espere que estoy tan supremamente concentrado, tan increíblemente concentrado, que no necesito siquiera respirar. Ese es el ideal de una rama del budismo que existió en Japón. Era aprender a momificarse. El ideal de ellos era morirse y quedar de una vez hecho momia, ahí. Estoy concentrado en ese modo de espiritualidad. Si le podemos dar ese nombre a esa actividad, la persona queda atrapada, atrapada en su cerebro. Para nosotros la oración es salir a saludar al Dios que ha venido a nuestro encuentro. Y la segunda enseñanza. Este Cristo, Dios que viene a visitarnos, se manifiesta especialmente en el borde exterior. Allí donde la locura, la pobreza, el pecado, lo extranjero o lo extraño, desafían nuestra capacidad racional. Allí muchas veces es donde primero brilla el esplendor de la luz de Cristo. Que Él sea la guía, que Él sea la referencia de nuestras vidas y que podamos transmitir también esa luz a otros. Amén.

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