Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la mirada del creyente siempre hay algo de la mirada de Cristo.

Homilía poc3025a, predicada en 20260408, con 6 min. y 9 seg.

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Transcripción:

Quiero recordar con ustedes un hermoso canto propio del tiempo de Pascua y ya verás cómo se conecta con las lecturas de hoy en la Misa: «Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos. Él es nuestra salvación, nuestra gloria para siempre». El canto continúa, pero quiero enfatizar en esa exhortación, que originalmente la hace el apóstol San Pablo a su discípulo Timoteo: «Acuérdate de Jesucristo, pon tu mirada en Jesucristo». Acuérdate de Jesucristo, eso tenemos que recordarlo como personas, como familias, como naciones, como Iglesia, la mirada en Cristo. Porque es que la primera lectura de hoy precisamente, nos muestra el poder de una mirada. Tenemos al apóstol San Pedro junto con el apóstol San Juan, ellos se dirigen al templo y se encuentran con un hombre que era paralítico de nacimiento.

Y siempre que en la Biblia te encuentres con un mal que es de nacimiento, ello debe conducirte a que recuerdes que cada uno de nosotros de nacimiento tiene la huella, tiene la marca las consecuencias del pecado, lo llamamos, la pena del pecado original. Por algo decía David en el Salmo 51: «Pecador me concibió mi madre». Por eso, cuando en la Biblia te encuentras que había un ciego de nacimiento, seguramente es que la Palabra de Dios nos va a enseñar algo sobre cómo Dios vence, con su luz, la ceguera de nacimiento, que es una de las consecuencias que tiene el pecado, no la ceguera física, por supuesto, sino esa ceguera para el bien que todos tenemos. Siempre que en la Biblia te encuentres con la palabra, de nacimiento, ello debe llevarte a recordar que de nacimiento nuestra naturaleza estaba deformada, estaba enferma por el pecado original.

Pues lo mismo tenemos en la lectura de hoy, tenemos a un paralítico de nacimiento, nunca había podido andar. Eso nos está diciendo algo sobre qué somos nosotros, de nacimiento somos como paralíticos. Y ¿por qué somos paralíticos? Porque nos cuesta trabajo ponernos en pie, y vivimos como postrados. Porque también nosotros, lo mismo que ese hombre, somos como limosneros mendigando pedacitos de alegría, mendigando poquitos de amor, buscando aquí y allá algo, cuando el gran tesoro del amor de Dios queda sin ser recibido por nosotros. Por eso, decía el profeta Isaías: Vengan, vengan a comer un banquete generoso. Están aquí los vinos generosos. Aquí hay viandas deliciosas, vengan a comer sin pagar. Mientras que Dios anuncia el banquete de su amor, pues nosotros como sordos, pero además como paralíticos, no nos ponemos en movimiento para recibir.

Piensa eso, ¿cómo se aplica a tu caso? Es posible, por ejemplo, que cerca de tu lugar de residencia, cerca de tu casa o de tu apartamento, hay un sitio donde podrías visitar a Cristo en la Eucaristía. Pero estás como paralítico, no te levantas, no vas, no lo visitas. Piensa cuántas cosas bonitas se hacen en tu parroquia, se ofrecen cursos bíblicos, se ofrecen grupos de oración, se ofrecen catequesis, se ofrece participación en tantos servicios y ministerios. ¿Quién los aprovecha? Muy poquitas personas, porque estamos como paralíticos, porque no nos ponemos en movimiento para llegar allá y para realmente servir al Señor. Y además estamos como paralíticos porque tampoco servimos a nuestro prójimo, y esto es muy preocupante, porque entonces los más necesitados se quedan sin esa mano de auxilio y los más necesitados quedan en cambio, muy, pero muy dispuestos a que cualquier ideología política les proponga una especie de redención.

Entonces nosotros somos esos paralíticos. Y ¿qué fue lo que le dijo Pedro junto con Juan, qué fue lo que le dijo a este paralítico de nacimiento? Le dijo: «Míranos», porque en la mirada del creyente siempre hay algo de la mirada de Cristo. Acuérdate de Jesucristo, ponle atención a Jesucristo, mira a Jesucristo, clava tu mirada. El Evangelio, en la primera lectura dice: «Él clavó su mirada en ellos, en Pedro y en Juan, pensando que le iban a dar algo». Míranos y en nosotros mira a Cristo. Acuérdate de Jesucristo, mira a Cristo, y Él te sanará de esa parálisis para que tú puedas darle la gloria a Dios, para que tú puedas empezar a servir a tus hermanos, para que tú seas verdaderamente una fuente de reconciliación y no de división. Mira a Jesucristo, clava tu mirada en Jesucristo. Tu vida en este tiempo pascual será diferente. Escucha, escucha y mira a Jesucristo y tu vida será diferente.

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