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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Nuestro Señor Jesucristo está vivo y es su bendita vida la que hace de nosotros creaturas nuevas.
Homilía poc3023a, predicada en 20240403, con 6 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Tal vez el descubrimiento más importante que necesitamos, hermanos, se sintetiza en una frase que la hemos oído, que la hemos repetido muchas veces y la seguiremos repitiendo en Pascua. Esa frase es: Cristo vive. O como dice el título de un libro muy famoso, del fallecido padre Emiliano Tardif, «Jesús está vivo». Es una frase que es fácil de decir, pero solamente quien lo ha experimentado sabe toda la profundidad que hay ahí. Porque decir que Jesús está vivo significa que no es un recuerdo del pasado, no es simplemente una referencia que queda sobre cómo tenemos que obrar nosotros. Es decir, Cristo no es solo un modelo de acción.
Si tú, por ejemplo, eres comunista y tú recuerdas lo que hizo Mao Tse-tung, seguramente admiras a Mao Tse-tung. Entonces tú tratas de repetir con tu inteligencia, con tus capacidades, con tu voluntad. tú quieres repetir lo que hizo Mao Tse-tung. Si a ti te llama la atención, que espero que no, pero si te llama la atención lo que ha hecho, lo que hizo en su momento Fidel Castro en Cuba, entonces tú tomas a Fidel Castro como un modelo, un modelo para que se repita, un modelo que tú intentas repetir, pero Fidel Castro queda en el pasado y es solamente la repetición de los actos, repetición de los actos, de lo que hizo Fidel Castro o de lo que hizo Jean Paul Sartre, o de lo que hizo un científico o lo que hizo una escritora. Admiras a Virginia Wolf y entonces quieres escribir o hacer lo mismo que ella hizo. Admiras a Catalina la grande de Rusia y entonces es un modelo de mujer para ti, quieres hacer algo parecido.
Pero fíjate que, en todos esos ejemplos, la persona muerta, muerta se quedó. Eso es lo que quiero destacar. Se quedó en el pasado y eres tú quien le da vida a la memoria de Catalina la Grande, de Virginia Wolf, de Mao Tse-tung, de Fidel Castro, de Isaac Newton o del que sea. Se quedaron muertos, se quedaron muertos, no hacen nada más. Lo que ya ellos hicieron, lo hicieron. Y como están muertos y se quedan en el pasado, somos nosotros los que, rememorando, recordando, evocando lo que ellos hicieron, pretendemos emular sus obras. Eso es lo que significa, eso es lo que significa que ellos están muertos.
Pero ahora fíjate lo que sucede con una expresión tan supremamente compacta que tal vez no la captamos totalmente: en el nombre, en el nombre de Jesús. Esa es la expresión que utiliza Pedro cuando levanta de su parálisis, parálisis de nacimiento, a aquel hombre que pedía limosna, según nos cuenta la primera lectura de hoy. En el nombre de Jesucristo, en el nombre de Jesucristo tiene el mismo valor que cuando un embajador dice: -Yo estoy hablando en el nombre de Francia, en nombre del pueblo francés, digo tal o cual cosa, eso es lo que significa. Si tú eres embajador, por ejemplo, de Argentina ante México, entonces tú dices: -En nombre del pueblo argentino o en nombre del señor presidente de Argentina, digo esto. Si tú eres representante del Reino de Tailandia y estás en tu sede diplomática en Australia, tú dices: -En nombre del reino de Tailandia, yo digo tal o cual cosa. Nadie dice en nombre de, cuando se trata de un muerto, nadie lo dice.
Por ejemplo, en mi país, en Colombia, nosotros hemos tenido varios nombres, no tantos, pero hemos tenido varios nombres. Un nombre que tuvo esta región, que coincide en bastante proporción con lo que hoy es Colombia, se llamaba Nueva Granada. Tú te imaginas que yo llegara, por ejemplo, a Panamá y dijera: -Yo soy el embajador de la Nueva Granada, se me ríen en la cara. Y si yo digo: -En nombre de la nueva Granada, ¿de qué me estás hablando, de qué me estás hablando? Si alguien dijera a estas alturas, en nombre del Califato de no sé dónde, espérate, ese califato no existe.
Eso es lo que significa la expresión de Pedro entonces, cuando él dice: en nombre de Cristo, está proclamando a un Cristo vivo y está proclamando que el milagro lo hace el que vive. Por eso, como veremos en el desenlace de este milagro, cuando la gente empieza a decir: ¡Oh, qué maravilla! Y empiezan a mirar con inmenso asombro a Pedro y a Juan, lo que dicen Pedro y Juan es: ¿a ustedes qué les pasa? Como si nosotros hubiéramos hecho algo, nosotros obramos en nombre de, y si obramos en nombre de Cristo, fue Cristo el que lo hizo. Es Cristo el que está vivo, es Cristo el Resucitado. Y el Resucitado no se puede comparar con Mao Tse-tung, ni con Isaac Newton ni con Virginia Wolf. El Resucitado no se puede comparar con ellos porque nadie puede hablar en nombre de Virginia Wolf, no, Virginia Wolf se quedó muerta. En nombre de Cristo, es esto es lo que hace Cristo, porque Cristo vive, porque el Señor, el Señor Jesús, está vivo. Y es esa vida la que hace de nosotros criaturas nuevas que tienen auténtica vida. La gloria para Dios. Amén.

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