Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús interrumpe mi camino si va torcido, si se aleja de Ti; interrumpe mi conversación si es una espiral de fracaso. Aunque tengas que regañarme y corregirme, aunque me sienta desconcertado, dame tu vida nueva.

Homilía poc3021a, predicada en 20220420, con 6 min. y 4 seg.

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Transcripción:

Un caminante, una coincidencia, una oportunidad. El Evangelio de hoy, de los más conocidos de San Lucas, nos presenta a unos caminantes que se encuentran con otro que va por el camino. ¿No es esta una de las metáforas más frecuentes cuando se habla de la vida humana? Somos eso, somos caminantes. Y ¿cuántas personas llegan a nuestro camino? Gente que encontramos, amigos que llegan o que se van, problemas que también llegan y que a veces se quedan o a veces se van, la vida misma es camino. Y estos caminantes se encuentran con otro que va de camino y, al principio, todo parece una coincidencia. Pero yo quisiera que te quedaras con otra palabra, providencia. Parece coincidencia, pero es providencia, y es la máxima providencia, porque lo mejor que puede sucederte y lo mejor que puede sucederme es exactamente lo que nos cuenta el Evangelio de hoy, que Cristo llegue a tu camino, que Cristo te visite.

Pero atención, hay otra metáfora de la vida. La vida es camino, pero la vida, la vida también es conversación, la vida es diálogo. Cuando una persona está llena de soberbia, cree que le puede imponer todas sus condiciones a la vida, como el que simplemente da órdenes y órdenes, ese es el soberbio y eso acaba mal. Me acuerdo de un sacerdote muy querido, ya murió, que decía, la soberbia es una forma de locura, porque la soberbia es una desconexión con la realidad. La realidad no está ahí simplemente para que tú le des órdenes, para que tú decidas qué hacer con ella, no. Por eso es necesario el diálogo, diálogo que hace que uno pueda todos los días aprender. Y ¿qué es aprender? Aprender es recibir, pero uno también escribe en la realidad. La vida también se parece a un libro en el que tú escribes. O sea que la vida es libro donde tú aprendes y la vida es libro en el que tú escribes, es una conversación.

Pues estos caminantes, y ya el camino es imagen de la vida, estaban conversando y la conversación es otra imagen de la vida. Porque vivir, en cierto sentido, es conversar. De hecho, el verbo conversar viene del latín y se refiere a eso hacer un camino con otro, versar con. Bueno, una coincidencia, una providencia, un caminante que rompe el diálogo, ese diálogo que era una espiral de tristeza, de frustración y de fracaso, porque ese era el diálogo de ellos, que ese es el diálogo que a veces llevamos en la cabeza, sabes. A veces en nuestra cabeza lo que llevamos es eso, lo que llevamos es como una conversación perpetua de derrota. A veces las voces que vienen del pasado como que nos meten eso en la cabeza, nos meten en la cabeza que somos un fracaso, que la vida no tiene sentido, que nunca podremos ser felices porque no tenemos ese millón de dólares o esa casa fantástica o ese auto último modelo.

Cristo rompe la conversación, Cristo entra en el camino. Y ciertamente los regaña, les habla fuerte, muy fuerte, pero les da otra perspectiva. A veces a uno tienen que sacudirlo un poco, Cristo les da otra perspectiva, les da otro enfoque. Cristo les hace ver las cosas de otro modo. Bendita interrupción, bendito camino que recibió a este caminante, bendita coincidencia que, en realidad, es Providencia. ¡Qué bendición!

Yo leo este texto de los discípulos de Emaús, como solemos llamarlos, los llamamos así porque iban para Emaús. Yo leo este texto y pienso: -Dios mío, interrúmpeme, interrumpe mi camino. Si va torcido, si se aleja de ti, interrumpe mi conversación si es una espiral de fracaso, Cristo interrúmpeme aunque tengas que regañarme, aunque tengas que corregirme, aunque yo me sienta extrañado o me sienta desconcertado, interrúmpeme Cristo y dame la frescura, la frescura de tu vida nueva. Amén. Feliz Pascua para todos.

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