Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Examinemos si nuestras conversaciones nos llevan hacia la amargura, la incredulidad o el pecado; o hacia la esperanza, la fe, la gracia y la gloria que viene de Cristo.

Homilía poc3020a, predicada en 20210407, con 4 min. y 29 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy, tomado del capítulo número 24 de San Lucas, nos presenta ese precioso pasaje, que conocemos como los discípulos de Emaús. Los llamamos de Emaús, porque ese es el nombre de la aldea a la que se dirigían, iban saliendo de Jerusalén, cargados con su desánimo, con su frustración, quizás con su decepción. Se sentían decepcionados, decepcionados del Evangelio, decepcionados de Cristo. Un pequeño detalle de este pasaje del Evangelio de Lucas, es el que yo quisiera destacar en esta oportunidad.

Por supuesto, el protagonista de la escena es Cristo, pero permítanme, por esta ocasión que nos fijemos en estos dos hombres. Dos hombres que caminan juntos conversando, caminan juntos conversando. Atención a eso, caminan. Primero caminan alejándose de la comunidad, luego caminan acercándose a la comunidad. Juntos, están juntos en la decepción y la tristeza cuando se alejan de Jerusalén, están juntos en la esperanza y la alegría cuando regresan a Jerusalén. Pero están juntos. El punto que más quiero destacar es el tercero, conversando, porque su conversación cuando se alejaban de Jerusalén, era una conversación cargada de lo que llevaba cada uno en su pecho, es decir, amargura, decepción. Y la amargura de cada uno aumentaba, la amargura del otro reforzaba lo que el otro estaba sintiendo, esa es la parte que me parece más importante en esta ocasión.

Luego, cuando ellos están regresando de nuevo, están conversando, caminando juntos y conversando, están conversando. Y ¿de qué conversan? De la maravilla que acaban de experimentar. Y entonces dicen: «¿No ardía nuestro corazón cuando Él nos hablaba?» No ardía nuestro corazón. Oye, eso, no ardía nuestro corazón. ¿Por qué lo destaco? Porque nos muestra lo que pueden las conversaciones. Las conversaciones pueden servir para afianzarnos en la amargura, en la incredulidad y finalmente en el pecado. O las conversaciones pueden servir para afianzarnos en la esperanza, en el testimonio, en la alegría de ser de Cristo. Las conversaciones, es un elemento fundamental, porque date cuenta que Cristo empezó su obra en ellos, precisamente conversando, hablándoles, escuchándolos, enseñándoles.

Entonces, la pregunta es ¿cuál es la calidad de nuestras conversaciones? ¿Qué hacemos nosotros con ese don precioso que es el don de la palabra? Cuando hablas, y no me refiero solo a la palabra en su sentido oral, también me refiero a tu chat, también me refiero a tu red social, también me refiero a los videos que publicas. Esas son tus conversaciones, tus conversaciones con el mundo, tus conversaciones con tus amigos, tus conversaciones con tus seguidores, esas son tus conversaciones. Y en esas conversaciones, ¿tú qué estás reforzando, en esas conversaciones qué es lo que, qué es lo que brota, a qué huele? Huele a decepción, huele a incredulidad, huele a ruta hacia el pecado, o huele a esperanza, huele a fe, huele a gracia y gloria que viene de Cristo. Gran pregunta que nos deja este hermoso texto del Evangelio.

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