Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dejamos manifestar a Cristo resucitado en nuestra vida primero como extraño, luego lo hacemos compañero, después maestro que regaña y corrige y finalmente como amigo.

Homilía poc3017a, predicada en 20190424, con 5 min. y 25 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo 24 de San Lucas. Es el famoso y, con razón, famoso pasaje de los discípulos de Emaús. Hablamos de discípulos de Emaús sin saber de dónde eran ellos realmente, por el hecho de que, saliendo de Jerusalén, emprendieron camino hacia Emaús. Emaús era una aldea que quedaba a unas pocas horas de camino de Jerusalén. Bueno, ¿y qué nos puede enseñar este pasaje?

Claramente lo que acontece es que Cristo resucitado se manifiesta a ellos, claramente lo que acontece es que Cristo trae para ellos el regalo precioso de una fe viva. Como nosotros estamos en tónica de evangelización este año, conviene que aprendamos qué es lo que sucede, es decir, de qué manera Cristo llega a despertar la fe de ellos y vamos a ver que hay una serie de pasos, Cristo es varias cosas en el transcurso de estos versículos, en el recorrido de este camino de Emaús. Al principio Cristo es un extraño, uno más, no se sabe quién es, alguien que anda por el mismo camino que yo, es un extraño, lo podríamos confundir con cualquiera. La infinita humildad del Verbo de Dios resplandece en este detalle, nos dirá el apóstol San Pablo en la carta a los Filipenses capítulo dos, que Cristo no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se abajó y pasó por uno de tantos, pasó por uno de tantos, es un extraño, es uno más.

Pero luego se hace compañero, abre conversación con ellos, ¿qué es eso que están hablando? Se mete en la conversación y al entrar en la conversación entra en el camino y al entrar en el camino entra en la vida de ellos. De modo que lo primero es que Cristo, Cristo nuestro Señor, es como uno más, pero desde esa humildad luego se vuelve compañero. ¿Cuál es el siguiente paso? Él les pregunta sobre la conversación que tienen, ellos le hablan de su tristeza, ellos le cuentan de su profunda decepción, están frustrados, tristes, decepcionados y lo peor de todo, están incapaces de creer, porque ya las santas mujeres les han llevado la Buena Noticia y, sin embargo, ellos no son capaces de creer, no son capaces. Ellos ven lo que dicen estas mujeres y lo toman por locura, por histeria, por ilusión, no las toman en serio. Cristo defiende el testimonio de las mujeres, este es un hecho interesante. Y los regañados aquí son ellos, los hombres, ahí tenemos otra fase.

Primero fue extranjero, extraño, anónimo, después fue compañero, ahora es maestro. Un maestro que regaña, atención con esto, a veces se enfatiza tanto la ternura de Cristo, la bondad de Cristo, la misericordia de Cristo, que se nos olvida que el mismo Cristo tiene que regañarnos a veces, tiene que hablarnos duro. Y las palabras, a mí no se me olvida el término griego «anoetoi», es la palabra que les dice Cristo a ellos «anoetoi» quiere decir sin capacidad de pensamiento, sin «noûs», sin inteligencia, sin mente. O sea, el regaño es duro, el regaño es fuerte, el regaño de Cristo, y no debemos anestesiar nuestra conciencia.

Es un maestro que corrige, pero también es un maestro que dirige, dirige la mirada y el corazón de ellos hacia las Escrituras. Y entonces, cuando ya llegan a la aldea, ya no es solamente maestro, es amigo que se sienta a la mesa. Fíjate el camino que va haciendo con ellos un extraño, un compañero, un maestro que corrige, un maestro que dirige, un amigo. Y de repente, ante sus ojos, al partir el pan, el Señor, el Señor. Ahora yo te hago una pregunta, tú también y yo somos caminantes de Emaús, tú también y yo somos de los que estamos aprendiendo a creer, ¿en qué paso vamos? Te dejo esa pregunta, ¿en qué paso vas?, ¿en qué paso vamos?

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