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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios no nos deja solos en nuestro camino de derrotas, Él hace camino con nosotros y va encendiendo nuevamente el fuego de la fe, la esperanza y del amor en la Eucaristía.
Homilía poc3016a, predicada en 20180404, con 4 min. y 44 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo número 24. Nos damos cuenta que los textos de los Evangelios durante esta octava de Pascua, vienen de distintos pasajes y de distintos evangelistas. Ayer teníamos a Mateo, ayer teníamos a Juan, perdón, y antes tuvimos a Mateo y hoy tenemos a Lucas. Esto, como tantas cosas en nuestra liturgia, no es una casualidad, es que nuestra liturgia, amados hermanos, hay tanta sabiduría y aprender a amar la liturgia es aprender a amar el tesoro mismo de la fe, que ha sido transmitido principalmente a través de la misma liturgia, generación tras generación.
Efectivamente, encontramos textos de los distintos evangelistas, porque podemos decir que cada uno de ellos mira bajo una luz particular el misterio de Jesús. Y en la medida en que cada uno de ellos tiene ese enfoque propio, en que cada uno tiene esa mirada propia, cada uno también nos hace descubrir algo del amor y de la victoria del Señor. Es algo así como lo que sucede cuando tenemos una hermosa escultura, no puedes verla completa desde un solo ángulo. Si realmente es tan preciosa, te gustará dar la vuelta y ver desde distintos enfoques, desde distintas perspectivas, esa maravilla. Pues la maravilla aquí, es superior a toda obra de nuestras manos, porque la maravilla que contemplamos en la Pascua, es la maravilla del Señor. Por eso el salmo por excelencia para el tiempo pascual dice: «Este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo».
Efectivamente, este día, esta alegría, este triunfo, son de Dios. Es Dios el que lo ha hecho, es Dios el que ha logrado este prodigio, es Dios el que ha hecho esta maravilla, y tenemos que aprender a mirarlo desde distintas luces. Lucas nos presenta hoy, por ejemplo, una de las apariciones del Resucitado particularmente evocadora y significativa para nosotros que, como aquellos discípulos, somos caminantes. Para nosotros que, como esos discípulos, muchas veces nos sentimos desanimados. Para nosotros que, como esos discípulos, a veces tenemos la tentación de irnos, olvidarnos de todo, olvidarnos de la Iglesia, olvidarnos de la comunidad, también nosotros tenemos esas tentaciones.
Efectivamente, la tristeza es pésima consejera, pero si estaban ellos llenos de tristeza, Dios está lleno de compasión. Y como dice hermosamente una canción que alude a este pasaje del Evangelio de Lucas, Cristo se hizo el encontradizo. Esto debe conmovernos, hermanos. Cómo Dios no nos deja solos en nuestro camino de derrotas, cómo Dios no nos deja solos en nuestra ruta, muchas veces de depresión, muchas veces de fracaso. Cómo hace camino con nosotros y cómo va encendiendo en nosotros nuevamente el fuego de la fe, de la esperanza y del amor, y cómo se da a conocer. Muy particularmente porque así lo dice el Evangelio: se da a conocer en la fracción del pan.
Así que, lo que era un camino de derrota, de pesimismo, se convierte en un camino de esperanza, de reencuentro, de vigor, de triunfo de la gracia divina. Ese es el camino que necesitamos, ese es el camino de Emaús que necesitamos, esa es la ruta que tenemos que encontrar y es Él el que nos llama y es Él el que quiere conducirnos, para que también un día en la Eucaristía, en la fracción del pan, le reconozcamos y podamos decir: -Es verdad, es verdad. La última palabra no la tiene la muerte, sino la vida. La última palabra no la tiene el odio, sino la reconciliación. La última palabra no la tiene la noche. La última palabra la tiene el día de Cristo.

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