Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Qué es más duro: perder, o no haber tenido nunca?

Homilía poc3011a, predicada en 20130403, con 5 min. y 16 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Empecemos hoy con una pregunta que puede parecer demasiado filosófica, pero que tiene muchísimo sentido. ¿Qué es más duro perder o no haber tenido? ¿Qué es más duro, desilusionarse o nunca haber llegado a ilusionarse? Yo creo que varios estaremos de acuerdo en que es más duro desilusionarse, una vez que se ha conocido la alegría de tener algo, perderlo se vuelve más duro que nunca haberlo tenido. Algo así fue lo que experimentaron este par de discípulos, de los que nos habla el pasaje del Evangelio de hoy, los solemos llamar discípulos de Emaús, porque Emaús era la pequeña población a la que ellos se dirigían. Ellos salieron de Jerusalén e iban camino de esta población, camino de Emaús.

Y ¿qué habían vivido? Habían vivido ilusión y alegría. Habían vivido, tener en sus vidas, tener en su corazón, tener dentro de sí un amor nuevo, una esperanza nueva, una certeza nueva. La persona que había traído toda esa bondad y toda esa luz a su vida, era el Profeta, el gran profeta Jesús de Nazaret. Y ellos esperaban que ese gran profeta no solamente iba a tener un mensaje, llamémoslo espiritual, no solamente iba a tener palabras sabias. Ellos estaban esperando que ese profeta iba a ser realmente maravillas por ellos, iba a cambiar completamente las cosas. Ellos estaban esperando que ese profeta seguramente iba a instaurar el reino de Dios a la manera de David, que venció a todos los enemigos y que puso paz en las fronteras, eso era lo que ellos estaban esperando.

Y resulta que el gran profeta de Nazaret fue atrapado, traicionado primero, torturado después, y murió con la más humillante de las muertes sobre el madero de la Cruz. Entonces, todas sus ilusiones, todas sus esperanzas, todo lo que ellos querían, se vino al piso. Todo se acabó, todo se derrumbó. Podemos decir que, con la muerte de Cristo, murió también esa esperanza que ellos traían. Y como es más duro perder que no haber tenido, sus corazones se encuentran en el colmo de la depresión, en el colmo de la desilusión. En esa condición, así muertos, muertos anímicamente, muertos emocionalmente, muertos espiritualmente. Así muertos los encuentra Cristo.

Y lo hermoso es que el Cristo resucitado, los resucita, les da una vida nueva y empieza a darles esa vida, ante todo, con la Palabra. Les va mostrando, les va ilustrando a partir del testimonio de las Escrituras, les va mostrando cómo el camino del padecimiento era el camino necesario y saludable para que nosotros acogiéramos la salvación. Les muestra cómo ese camino no termina ahí, les muestra cómo en ese camino se está desplegando el amor de Dios. Y entonces, ante esa manifestación maravillosa del amor divino, pues los corazones de ellos empiezan a arder.

Qué es lo que nos tiene que pasar también a nosotros, a medida que vamos conociendo y reconociendo el misterio de la Pascua, de lo que se trata es de que nuestros corazones ardan, de lo que se trata es de que nosotros lleguemos, lleguemos también a sentir ese fuego para que todo aquello que ha muerto en nosotros, pero que debía vivir, todo eso tome impulso nuevo. El punto culminante es cuando Cristo parte el pan, porque esa fue la vida de Cristo partirse, repartirse, darse. Y en ese gesto tan sencillo, ellos le reconocen. Que también nosotros pidamos, que también nosotros, como sucede en la Eucaristía, después de reconocer a Cristo en las Escrituras, le reconozcamos en la fracción del pan, y que sintamos que su vida, que su Resurrección nos resucita a nosotros, nos transforma a nosotros. ¡Feliz Pascua! Feliz Pascua para todos.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM