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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo explicaba a los discípulos de Emaús que la Cruz era "necesaria" no como un destino sino como sacrificio de amor que salva.

Homilía poc3009a, predicada en 20120411, con 4 min. y 56 seg.

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Transcripción:

Durante la octava de Pascua, es decir, la semana que va entre la celebración del Domingo de Pascua y la celebración del Domingo de la Misericordia, los Evangelios nos cuentan manifestaciones de Cristo resucitado a sus discípulos. Estas apariciones tienen gran importancia porque nos enseñan varias cosas. Nos enseñan que el misterio de la muerte, sin el misterio de la resurrección, queda incompleto. El solo heroísmo de Cristo, aceptando la muerte, no es suficiente prueba de que estamos salvados del pecado, necesitamos de la humanidad nueva del Señor, necesitamos de su carne resucitada para saber que su sacrificio es acepto al Padre y para saber que todo aquello que estaba dañado y que está dañado en nosotros puede ser vencido por el poder de Cristo, es decir, la carne restaurada de Cristo es la señal de que nuestra historia puede ser restaurada. Cristo conserva llagas en su carne, Cristo resucitado, pero esas llagas ahora gloriosas, en vez de contar una historia de tragedia, cuentan una historia de salvación. Y por eso estas apariciones nos están enseñando cómo nuestra fe en la redención tiene tanta firmeza y tanta realidad como la realidad de esa carne que padeció en la Cruz.

En el pasaje de hoy nos vamos al capítulo 24 de San Lucas, es uno de los textos más amados, creo yo, en nuestro tiempo cuando se habla del Resucitado. Solemos referirnos a este pasaje como el de los discípulos de Emaús, porque dos de los discípulos de Cristo, no necesariamente apóstoles, no eran apóstoles de hecho, pero sí discípulos cercanos a él, iban caminando con el corazón desesperanzado y con la tristeza en el rostro, alejándose de Jerusalén, de camino hacia una aldea llamada Emaús. Por eso los llamamos así, discípulos de Emaús. Y Cristo se encuentra con ellos, como dice hermosamente una canción, Cristo se hace el encontradizo, sale a nuestro paso, quiere aliviar nuestra incredulidad, quiere fortalecer nuestra esperanza. Cristo sale al encuentro de estos hombres y se pone a conversar con ellos. Poco a poco va reanimando su esperanza en la misma medida en que va iluminando sus mentes. Y es esta combinación la que yo quisiera destacar.

Luego el pasaje cuenta cómo se detienen en Emaús y luego reconocen a Cristo al partir el pan. Pero en esta oportunidad quiero destacar cómo la Palabra de Cristo va encendiendo la esperanza, y la Palabra de Cristo va educando en la fe, y la Palabra de Cristo va dando testimonio de la necesidad de la Cruz. Porque ese es el tema finalmente de la conversación entre Cristo y estos hombres, la necesidad de la Cruz. ¿No era necesario, pregunta Cristo, que el Mesías pasara por esto y padeciera? Es decir, que ese camino de la Cruz no es simplemente una obra del demonio o una obra de los enemigos de Cristo, o una falencia de los amigos de Cristo, o un resultado del azar, como algunos quieren enseñar, que simplemente a Jesús las cosas le salieron mal. No, lo fundamental es que más allá de todos esos actores, el director de la escena es el Padre celestial que ha ofrecido con amor a su Hijo, y en esa oferta de amor está nuestra salvación. ¡Qué preciosa catequesis!

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