Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lectio Divina sobre la historia de un lisiado que es también limosnero, y prisionero de un mundo pequeño y atrapado en un lenguaje de una sola dimensión. Cristo será su liberador.

Homilía poc3008a, predicada en 20110427, con 38 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Subían al templo Pedro y Juan, vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Lisiado de nacimiento, ¿qué nos dice esta expresión? Es como la imagen de lo que es completamente imposible. Cuando una persona ha tenido el regalo de ver y pierde la vista, da la impresión de que curarse es como volver a cuando las cosas estaban bien. Pero ¿qué hacemos cuando la persona es ciega de nacimiento? Como que nunca ha podido ver, como que esa es su naturaleza. Esa es su condición, es que nunca ha podido ver. Lo mismo aquí, lisiado de nacimiento, nunca ha podido andar, es algo que está por fuera de su experiencia, es algo que está por fuera de sus posibilidades.

El primer impulso, cuando uno oye ese relato de los Hechos de los Apóstoles es quizá sentir compasión por esa pobre persona. Creo que la mayoría de nosotros, por lo menos aquí presentes, no estamos en esa condición, nosotros no somos lisiados de nacimiento. Tenemos la experiencia de caminar, correr, danzar, trotar, podemos sentir entonces pesar de la persona que no tiene esa oportunidad ni la ha tenido nunca. Pero además de compadecer a ese, quizás es interesante vernos a nosotros mismos y hacernos esta pregunta ¿será que yo estoy lisiado?, no lisiado de caminar, porque eso sí lo puedo hacer. ¿Pero no será que hay otras cosas que son como imposibles para mí desde siempre?

Ustedes, por ejemplo, no se han encontrado personas que tienen un trabajo terrible para creer, pero terrible, y no parece que sean mala gente, sino que la fe es una cosa que les cuesta demasiado, como que su naturaleza no da para eso. Una persona pariente mía cercana, ya murió. Era así, era una mujer, no era mala persona, era una persona amable, alegre, pero remitirse al mundo de Dios, de la oración siempre fue una cosa extraña para ella. Tampoco es que fuera rabiosamente atea, más bien diría uno, indiferente incluso, es de las personas que podría llegar a una misa, y estuvo en muchas misas, también en misa conmigo, y podía oír y le parecía interesante, y de ahí podía sacar cosas prácticas. Pero Dios, Cristo, la santidad, la vida eterna, los sacramentos, ya eso le parecía como una tramoya muy complicada, algo con lo que no lograba conectar. Yo me daba cuenta de que, ella hizo incluso un retiro espiritual de varios días, y ella sentía que no conectaba. Es decir, pues sí, bonito el lugar, esos eran los comentarios de ella. Va un retiro espiritual y termina diciendo: -Si, bonitas las flores, bonito el árbol, bonito el estanque. No lograba, yo creo que ella estaba lisiada de nacimiento.

Hay personas que tienen como una convicción, como desde siempre, una convicción que está ahí por dentro, como una amargura, como una tristeza de la que no logran salir. Está como en su naturaleza eso, una sensación de derrota o una sensación de dependencia, una inseguridad, por ejemplo. Hay personas que son inseguras toda la vida, desde que uno las ha conocido. De niño era inseguro mirando a la mamá, de joven inseguro mirando al jefe de la pandilla o al jefe del grupo. Luego tuvo un trabajo inseguro, el jefe me va a echar. Luego se casa inseguro, la esposa me va a ser infiel. Una inseguridad que les acompaña desde siempre. Están ahí, están como lisiados en ese aspecto de su vida.

Además, existe una cosa que se llama pecado o vicio dominante, que tiene mucho que ver con esto de ser lisiado. Hay pecados que son como tan connaturales con uno. No se han encontrado ustedes personas que tienen una extraordinaria y espontánea y rapidísima capacidad para mentir, pero mienten así, así fácilmente. Les preguntan algo y lo primero que se les ocurre es una mentira, como que el cerebro funciona de ese modo. Hay personas que tienen una tendencia irreprimible a la sensualidad y la coquetería, y ya uno las ve de nueve, de diez años, y ya quisieran tener más cadera y quisieran y haber, y el movimiento y la cosita, y es una sensualidad. Y ¿quién le enseñó eso a esa niña? Nada, no se sabe, pero como que está con ella.

Entonces la modestia, el pudor, incluso la castidad, son cosas para las que han nacido como lisiadas estas personas, les cuesta mucho trabajo. Hay personas que tienen una conexión muy grande con la Palabra de Dios y hay otras personas que se sienten como sordas con la Palabra, nunca le ven sentido, nunca le encuentran, no dan con el chiste, ¿aquí esto de qué se trata? Yo no entiendo eso, eso tan raro.

Lo que estoy tratando de decir es que la experiencia de la que se habla en la primera lectura de hoy es una experiencia que no se queda en una persona. Seguramente todos tenemos algo de eso. Somos lisiados, lisiados de muchas cosas. La santidad, nosotros tenemos un llamado irreprimible, poderoso hacia la santidad, tal vez no. La gran mayoría de nosotros sentimos que basta con ser bueno. ¿Por qué eso, por qué no sentimos un apetito, una pasión desbordante hacia la santidad? ¿Por qué, por qué tenemos el grave problema de que nos sacian tantas cosas que no son Dios? ¿Sabe por qué? Porque tenemos el paladar lisiado. Una persona con el paladar sano, con el paladar en su sitio y sano, no se sacia con nada. Le presentan dinero: -Bueno, si esto sirve para algo. Pero esto no me llena. Tiene amigos, sí. -Pues muy bien, mis amigos, la pasamos bien, pero no me llena. Esa sería una persona sana.

Una persona sana, por ejemplo, si su vocación va a ser el matrimonio, es capaz de enamorarse, pero jamás es capaz de idolatrar. No logra idolatrar, no le atrae idolatrar a su pareja. Es más, siente que son ridículas muchas canciones. Eso de que tú eres mi vida, no, tú no eres mi vida. Te mueres tú, sigo yo, previo cobro de la herencia. Sí, eso de que eso de que tú eres mi vida y sin ti no sé vivir, mi vida, mi vida, mi amor, mi corazón, mi cielo. Y hay veces que esa es una gran virtud. Yo pienso que los santos tienen esa capacidad, esa capacidad de querer a alguien, ser fiel a alguien sin idolatrarlo, sin idolatrarlo.

Pero en cambio otras personas, es con un apego, un apego, una cosa. Son personas como de apellido chupa. Todos se pegan, se pega el uno, se pega el otro. Esas personas que en el colegio tenían su mejor amiguito y eran mancornas y el amiguito o amiguita para arriba y para abajo hasta que la amiguita los traicionó. Entonces se pasa la otra amiguita y de ahí para el novio y chupa y tengo que estar ahí. Eso es estar lisiado, quién ha dicho que eso es bonito, eso no es bonito. Ser uno de apellido chupa no es bonito, eso no es bonito. Uno no debe ser así, uno debería ser una persona libre que quiere, que da y que recibe amor. Pero una persona libre para amar. La venganza, esa es otra enfermedad congénita en muchas personas, la necesidad de aplicar justicia por la propia mano.

Solían colocar a este paralítico de nacimiento, solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada Hermosa para que pidiera limosna. Entonces damos un paso más, el lisiado se vuelve limosnero, totalmente cierto. Sigamos con el ejemplo de la señorita Hipoplasia Chupa. La señorita Hipoplasia. ¿Qué le sucede a ella? Le sucede que ella es lisiada, porque eso de estar uno dependiendo de gente, eso no es bueno, eso no es lo que Dios quiere. Todas las canciones lo dicen, todas las canciones lo dicen, y todas las representaciones románticas son así: -Yo dependo de ti y tú dependes de mí, no tenemos a nadie más. Pero eso no es el plan de Dios, el plan de Dios no es ese. Entonces la señorita, o señora ya, Hipoplasia Chupa es una señora que tiene una gran dependencia. Pero ¿qué pasa con esa señora y con su terrible dependencia?

Toda dependencia te vuelve limosnera. Toda idolatría te vuelve limosnera. Toda enfermedad que te ha lisiado te vuelve limosnero. Nos volvemos limosneros, ¿de qué? Limosneros de cariño, limosneros de atención. Es muy fácil reconocer a los limosneros. Una de las maneras de reconocerlos, o un tipo de limosnero se pone aros, se ponen piercings, son limosneros. Hay que mirarlos con cariño porque todos somos limosneros. Yo tengo mis propias limosneras y monerías. Entonces, pero el limosnero suele utilizar ese tipo de cosas, limosneros de atención, ¿no? Hoy vi un papá que tendría como unos 22 años ahí en el barrio vecino, a nuestro convento. Él iba con un peinado de esos que se hacen aquí con, no sé qué nombre tiene eso, pero veo que ustedes sí saben, sin comentarios. Entonces el papá tenía aquí su cresta, esa que se hacen con harto gel aquí. Yo he tratado de hacérmela, no me ha funcionado. Y llevaba a su hijito y el hijo de tres años ya lo tenía peinado así, pobre muchachito. Yo miraba y decía no, terrible eso.

Bueno, entonces el que está enfermo de algo se vuelve limosnero. Nos volvemos limosneros de eso, de atención, de cariño, de quien me escuche y la persona que me escucha y la persona que me da atención y la persona que me voltea a mirar se vuelve en dueña de mi tiempo, mi atención, mi corazón. Entonces de ser lisiado a ser limosnero, no hay sino un mínimo paso y el lisiado acaba de limosnero. Es algo que es algo que tenemos que tener muy presente, porque ustedes ven que el relato va hacia la liberación, la liberación que trae Cristo y la liberación que trae Cristo hace que el lisiado deje de ser lisiado y el limosnero deje de ser limosnero. Entonces, ha venido Cristo para que dejes de ser lisiado. Ha venido Cristo para que dejes de ser limosnero. No quiere Cristo eso, no quiere Cristo que nosotros tengamos terribles, constantes, dolorosas dependencias de afectos humanos, de placeres específicos, ni siquiera de lugares.

Cuando desterraron a San Juan Crisóstomo, él dijo: ¿Y a dónde me van a mandar? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿Cuál es el problema, a dónde me mandan que no esté Dios, a dónde me mandan que no sea tierra suya? Eso sentía Juan Crisóstomo, no tenía miedo. El cristiano realmente es una persona liberada del miedo, liberada de la dependencia, pero con una cosa muy bonita, no es el no depender que predican algunas feministas, que es algo así como, yo me basto y me sobro. Y hay un modo, claro que el feminismo tiene toda una historia y yo sé que hay muchas injusticias de los hombres contra las mujeres y eso no lo quiere Dios. Pero en este caso, me refiero a que hay una forma de feminismo que es un, yo puedo sola, pero dicho con amargura, dicho con rabia, dicho como una bofetada al sexo masculino, yo puedo sola, no hay nadie. El cristiano no es un arrogante ni una arrogante que está diciendo, yo no necesito de nadie, yo me basto solo.

Entre otras cosas, la mentalidad de, yo me basto solo, produce homosexualismo. No digo que sea la única causa del homosexualismo, sino que una sociedad que practica y predica el yo me basto solo, termina produciendo muchos homosexuales. Por ejemplo, le preguntaban, un poco una conversación sucia, le preguntaba a alguien, a Napoleón en la campaña en Egipto, le preguntaba: Bueno, la mayor parte de los ejércitos van acompañados de grandes grupos de prostitutas, es una de las realidades tristes de la guerra, la prostitución. Esos hombres se supone que tienen, entre comillas, necesidades sexuales, entonces los ejércitos de todos los tiempos han ido acompañados por hordas de prostitutas que saben que esos hombres, cuando no estén en batalla, pues se les puede ganar la guerra. Entonces, alguien le hacía un comentario a Napoleón en ese sentido diciendo: -Bueno, ¿y dónde están las prostitutas aquí?, decía Napoleón: -No, ellos se bastan solos. Cualquier explicación que le des a esa palabra es fea, es complicada. Y cualquiera que ame a Francia, por favor me disculpa, pero esta historia es real, eso pasó.

Entonces, cuando aquí decimos que el cristiano es una persona que no cae en dependencia, lo que estamos diciendo no es que el cristiano es un arrogante que se basta solo. -Yo puedo preparar mis alimentos. Si necesito placer, yo me lo buscaré como yo pueda. Yo haré lo que yo quiera. No es esa arrogancia que la hemos tenido mucho los hombres y también algunas mujeres: -Pues sin amor también se vive, quédese usted allá, me quedo yo acá, ¿cuál es el problema? Viví 40 años sin usted, igual puedo sobrevivir, vaya que lo lame un sapo. Eso es arrogancia. El cristiano no es arrogante, no es un arrogante que se considera duro y fuerte. Porque esa arrogancia de la feminista rabiosa, amargada a veces predicadora del lesbianismo, o esa arrogancia del machista despectivo que luego va y se emborracha y no sé cuántas cosas. Esas arrogancias, son arrogancias que pretenden endiosar al propio yo, yo soy fuerte, yo.

El cristiano se sabe fuerte, pero se sabe fuerte por lo que dijo Juan Crisóstomo: Del Señor es la tierra y cuanto la llena. Entonces, no es que yo soy indestructible. Nosotros somos fuertes, no porque estemos hechos de titanio reforzado. -A mí no me entra nada, a mí no me pasa nada, a mí todo me resbala, me resbala, no tengo ningún problema, todo me resbala. No. Las cosas nos duelen. Un cristiano es una persona sensible. Ser cristiano es ser sensible y no hay nadie más sensible que Cristo, y por eso la Pasión de Cristo es tan espantosamente dolorosa, porque nadie tenía la sensibilidad, incluso física de Jesucristo, nadie podía sentir tan duro la flagelación como la sintió Jesucristo. Ser cristiano no es ser insensible. Ser cristiano no es ser arrogante, pero ser cristiano sí es ser libre de toda dependencia, de toda dependencia. Las cosas nos duelen, nos duelen las traiciones, nos duelen los fracasos, a quién no le va a doler. Las cosas nos duelen, nos duele que nos den la espalda, nos duele que no nos tomen en cuenta, nos duele que nos abandonen, nos duele cuando no hay cariño, cuando no hay cercanía. A un cristiano le tiene que doler eso, pero eso no lo hace esclavo ni del afecto, ni lo hace manipulable, ni lo hace dependiente porque su tesoro está puesto en el Señor.

¿Qué más pasó con este hombre? Era lisiado, era limosnero. «Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna», lo cual tiene mucho sentido, era limosnero, pedía limosna. Tiene bastante sentido, es lógico. Pero es que hay algo más ahí, volvamos al principio: «Volvieron a traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días?», ahí hay un detalle interesante, todos los días. ¿Eso qué indica? Eso indica que el lisiado limosnero es también una persona que se repite continuamente. Es decir, ¿qué nombre le podremos dar a esto? Lo llamaremos rutinario. Creo que ese señor donde esté, dirá que yo no lo quiero, lisiado, limosnero, rutinario. Rutinario, llamémoslo más bien, preso de su pequeño mundo. El que es lisiado se vuelve limosnero y el limosnero se vuelve preso de un mundo muy pequeño.

Una de las cosas que me impresiona mucho siempre en las misiones de Semana Santa, sobre todo cuando he tenido ocasión de ir a lugares muy apartados, es ver cómo las personas entran en un mundo tan pequeño, tan pequeño. Aquí duermo, aquí trabajo, aquí me emborracho y aquí duermo, solucionada la vida. Es decir, en dos cuadras está arreglado el mundo de ese tipo. -Mire, aquí duermo, allá trabajo, allá me emborracho. Estoy podrido de la borrachera, vengo y duermo aquí, se me pasa la borrachera. Voy y trabajo, con el dinero que gano, voy y me emborracho. El mundo es una prisión para el que no tiene a Cristo, el mundo es una prisión y el mundo es pequeño y un mundo pequeño es un mundo asfixiante. El que está persiguiendo amor, por ejemplo, tratando de conseguir amor, vive en un mundo muy pequeño.

Hay un personaje muy simpático entre los que creó este humorista argentino Quino, el de Mafalda, uno de los personajes más chistosos de Mafalda, es la famosa Susana, Susanita. Susana es la que no piensa sino ¿en qué? En casarse, es lo único que a ella le interesa. Entonces, Mafalda representa toda una juventud, toda una generación, y en esa generación, millones de mujeres que de repente descubren que el mundo es inmenso, es amplio. Mafalda se interesa por todo, la contaminación, el mal gobierno, la injusticia, las cárceles, los medios de comunicación. Y cada vez que Mafalda va a hablar con Susanita, lo único que le interesa a Susanita es, si al final de todo eso sale un esposo o no. Su mundo es así, chiquitico.

Mire el mundo de un drogadicto, el mundo del drogadicto es como el mundo del borracho que dijimos ahorita, de su casa al jíbaro, del jíbaro a donde se droga o se pega sus viajes, o como los llamen, y luego a la casa a robar otro poco. Es decir, su mundo es diminuto. El mundo cuando estamos lisiados y cuando somos limosneros, el mundo es diminuto, y un mundo diminuto produce asfixia y un mundo diminuto produce exasperación y produce impaciencia. Porque nosotros fuimos creados por Dios para las alturas, nosotros fuimos creados por Dios para grandes horizontes.

¿Qué pasa cuando una persona solo piensa en negocios, cuando esa persona solo piensa en grandes negocios? Tú la llevas, por ejemplo, a un país hermosísimo como Turquía. Turquía tiene unas, bueno, tantos países bellos que hay, pero tiene uno de los paisajes más hermosos, especialmente sobre esos estrechos que unen Asia con Europa, Bósforo, Dardanelos. Imagínate un atardecer, imagínate contemplar esa belleza, las luces, los sonidos, los aromas, lo que allí se vive, lo que allí está. Pero si tú eres un obsesivo del dinero, lo que tú dices es: ¿yo por qué no invertí en este hotel? Hombre, tu mundo se te vuelve diminuto.

Imaginémonos a la persona que solo piensa en satisfacerse sexualmente con la mujer. Esa persona no tiene amigas, no las puede tener. ¿Por qué? Porque las mujeres se dividen en dos, las que sí y las que no. Y no hay más. -No, mira que es una mujer muy inteligente. A mí no me interesa eso. ¿Se puede o no se puede con ella? Parece que no. Bueno, ¿listo? No. Otra. Eso es lo único que le interesa a la mujer. Con razón las mujeres sienten una infinita decepción cuando descubren esa mentalidad en tantos hombres. -O sea, a este señor no le interesa nada de mí, nada. No le interesan mis gustos, ni mi historia, ni mis preferencias. A mí me fascina la literatura, a él eso no le importa. A mí me fascina la historia, él no sabe nada de eso. Es decir, su mundo tiene las dimensiones de una cama, ese es el tamaño del mundo de él. Es un mundo desesperante, es un mundo asfixiante, es un mundo ridículo.

Por supuesto, cuando las parejas fundamentan su mundo en algo así, pues muy pronto se asfixian. Entonces ¿qué hay que hacer? El mercado ha respondido, hacen camas más grandes. Como la gente sentía que su mundo era muy pequeño porque era solo la cama. Entonces, ¿cómo respondieron? Hacen camas más grandes, queen size, king size. O sea, ya hay unas camas en las que se puede jugar un modesto partido de microfútbol, y ya creen que le agrandaron el mundo a la gente con eso. Luego vendrán camas que vendrán con Woki Toki. -Hola, mi amor. ¿Dónde estás? Alcanzas a ver una almohada al otro. Sí, ahí estoy. Ah, bueno. Es tan absurdo todo, el mundo es pequeño, el mundo es ridículo.

El mundo de este limosnero era ese, dormir en su casa. -Me llevan al templo, recojo limosna. Voy a la casa. De la casa a la limosna. De la limosna a la casa. Su única manera de relacionarse con las personas ¿cuál era? como el otro de las mujeres, -Éste no dio. Quite, quite de ahí. Este sí dio, muy bien, este también dio, excelente. Uy, este dio harto. Este no dio nada, que se pudra. Este sí dio. Este no dio. Ese era su mundo. Su relación con las personas era infinitamente pobre. Y eso le pasa a todo lisiado y a todo limosnero, su relación con las personas es pobre, infinitamente pobre. Como le pasa a la gente, yo sé que cuando dije el caso de los que miran a la mujer como objeto de placer es un caso vergonzoso, pero créame que hay otros casos que son menos vergonzosos pero que hacen el mismo daño.

¿No has conocido personas que andan buscando por todas partes quién los compadezca? Y entonces es busque a ver. Y todos los días tienen una historia triste y todos los días tienen una enfermedad. -Y yo estoy muy mal. Yo no sé cuánto voy a durar. Y le dice la amiga, -ay verdad, ni se sabe cuánto dure usted. Pero la otra no entendió el chiste, y entonces dice: -Yo antes era hipocondriaca, pero lo de ahora sí es peor. Entonces, la persona que es prisionera solo sabe relacionarse de una manera como ese tipo de mujer que solo busca que la comprendan, que la pobreteen, que la lastimen, porque su vida ha sido un desastre, porque nada ha salido bien. Entonces esa persona solo sabe relacionarse en esa clave. Toda la persona, todo aquel que quiera relacionarse con esa mujer o aprende a compadecerla o no hay nada que hacer. Y llega un momento en el que eso es muy cansón, eso es muy cansón, porque son gentes que siempre se enferman de otra cosa y siempre tiene un dolor y siempre tiene una historia mala que contar y siempre tiene alguien de quien hablar mal. Y es una adicción, están lisiados realmente por dentro, están lisiados.

Entonces llevamos tres pasos. Fíjate, que son cuatro en realidad, uno está lisiado, se vuelve limosnero, el mundo se le vuelve chiquito, asfixiante y amargo, y uno empieza a relacionarse con todo el mundo de la misma manera. Y así era este limosnero. -A ver, va a dar, no va a dar, no dio, quite, siguió, no dio, no dio, no dio, uy, terrible. Sí dio, ah, bueno, se compuso el día. Ese es su único modo de relacionarse con el mundo, esa es su única manera de relacionarse. Entonces son personas que están metidas en una prisión muy estrecha, que tiene apenas abierto un huequito donde solo se puede ver una sola cosa, y por supuesto que esa es una existencia miserable. Cuatro cosas lisiado, limosnero, prisionero de un mundo pequeño y solo sabe comunicarse en un idioma. El idioma para el que se las da de Don Juan es: también caerás. El idioma, el idioma, el idioma para la que quiere que lo compadezcan es: Pobrecita yo. Pobrecita yo. -Mucho gusto, señorita. ¿Cómo se llama usted? Si usted supiera, Padre. ¿Cómo se llama usted? Pues Dolores, Padre. ¿Cómo se podía llamar? Se llamaba Dolores, Dolores de Barriga se llamaba una señora. Entonces fíjese el proceso tan espantoso: Lisiado, limosnero, prisionero. Y lo último. ¿Cómo lo llamaremos? Es un grado más terrible que el de la prisión, un solo idioma.

Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan les pidió ¿qué? Limosna. -Llegaron aquí, que son los apóstoles, no importa, ¿Plata, va a dar o no va a dar? Les pidió limosna. «Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo: Míranos». Y el limosnero lo miró, clavó los ojos en ellos, pero anota muy bien, Lucas, «esperando que le darían algo». Él no sabía pensar en otra cosa. -A ver, este tipo está raro, pero bueno, vamos a ver. Quizá suelta la tarjeta de crédito, a ver qué va a hacer. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro. Te doy lo que tengo, en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar». Lo curó de lisiado y así lo curó de limosnero y así lo curó de prisionero y así lo curó del único idioma que él sabía utilizar. Vamos a ver cómo sucedió: «Agarrándolo de la mano derecha, lo incorporó -ahí lo curó de lisiado-. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto. Echó a andar». Salió de su mundo pequeño, echó a andar.

Sal de tu mundo, pequeño. Tu mundo es diminuto. A ver, repite después de mí, ¿cómo es tu mundo? Diminuto. Sal de tu mundo, sal de tu mundo diminuto, sal de tu mundo pequeño donde lo único que importa es la limosna, o que me compadezcan o que se acuesten conmigo, que me quieran o que yo tenga buen negocio. Sal de tu mundo, pequeño, echa a andar. Echa a andar, sal de tu mundo pequeño, sal de tu mundo de complejos y temores. Sal de tu mundo pequeño, rompe tu lenguaje, sal de tu mundo, echa a andar. «Entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios», alabando a Dios, alabando, aprendió otro idioma. El tipo este que solo hablaba un idioma y su idioma era: -Me dan, no me dan, me dieron, me dieron mucho. Ahora llévenme a la casa. Tráiganme de la casa. Me dan. No me dan. Me dieron mucho, me dieron poquito. Llévenme a la casa. Tráiganme de la casa. Me dan. Ese era toda su vida. Ese era su único idioma. Aprendió otro idioma, aprendió a alabar.

Este es el idioma que tenemos que aprender nosotros. Este es el idioma que rompe las limitaciones de todo idioma. Alaba al Señor para descubrir en Él que te libra de esa enfermedad, de esa cadena, de eso que tú tienes y que te mantiene lisiado. Alaba al Señor. Aprendió otro idioma, la gente lo vio andar, andar, ya no es prisionero, alabando a Dios, aprendió otro idioma. Claro, los primeros que lo vieron dando brincos se asustaron porque dijeron: -Ahora me va a perseguir, a pedirme limosna. Pero pronto se dieron cuenta que esta vez no iba a pedir limosna, no iba a pedir limosna. Tenía algo que dar, estaba dando gracias, estaba alabando al Señor, la gente quedó estupefacta.

Eso es lo que hace Cristo en nosotros, esto es la Pascua. La Pascua es que uno aprenda otro idioma, el idioma de la alabanza. Que uno salga de su prisión, que uno eche a andar, salga de su mundo pequeño, que uno deje de pedir limosna y de ser mister chupa, que uno deje de estar lisiado. Que uno descubra el mundo según Dios, el mundo según Dios. Hay tantos lisiados, en mis ratos libres, durante el retiro de Semana Santa, estaba oyendo varias cosas, una de ellas una conferencia de un señor ateo. Un señor ateo ¿cómo está de lisiado? Para él, la única verdad que existe es la verdad de la ciencia. No existe más verdad, está lisiado, pobrecito. Solo sabe ese idioma. Solo conoce ese idioma. ¿Cuántos están lisiados hoy? Y nosotros mismos, seguramente estamos lisiados.

El único que no está lisiado de nada es Jesucristo. Y los que van ahí detrasito, empezando por María y José, Juan Bautista, San Pablo, son los santos. Los santos son los que dejaron de ser lisiados y por eso corren, dice hermosamente el libro del Apocalipsis: «Estos son los que siguen al Cordero dondequiera que vaya», van detrás del Cordero. Pidamos al Señor esa clase de libertad en esta Misa, pidamos al Señor que nos dé esa libertad: -Señor, desátame, que yo pueda empezar a andar. Empezar a andar, no en el mundo, sino empezar a andar en tu mundo, Señor. Porque andar por el mundo es también lo hizo el hijo pródigo. Se puso a andar por el mundo y eso fue una marranada. Entonces, andar por el mundo no es buena idea, es andar por tu mundo, Señor, que yo pueda andar por tu mundo, que yo pueda ser tu peregrino. Me gustó mucho una frase del Padre Gallagher, un jesuita irlandés muy instruido, muy sabio, decía él: «Hay demasiado turismo y demasiada, demasiada poca peregrinación. ¡Qué bonito! Somos turistas que andamos el mundo, se nos ha olvidado ser peregrinos que recorren el mundo, pero de Dios, el mundo de Dios. Llévame por tus caminos. Condúceme por tus sendas. Dame libertad.

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