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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo no es una enseñanza o teoría más: es fuerza de vida que hace que la Pascua del Señor acontezca en nosotros y a través de nosotros.
Homilía poc3007a, predicada en 20110427, con 4 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Los anteriores días de esta semana que tiene ese nombre tan especial, Octava de Pascua, esos días anteriores hemos oído una buena parte del discurso de Pedro en Pentecostés y ya hemos explicado por qué eso era importante. Porque Pentecostés, es decir, la donación del Espíritu Santo, es el fruto último y el fruto deseado de la Pascua de Cristo. Cristo, con su muerte, ha quitado el obstáculo que nos separaba de Dios. Y ahora, entonces, puede circular la vida de Dios en nosotros, es decir, reconciliados con Dios, entendemos de su lógica, participamos de su vida, palpitamos con su mismo amor. Eso es Pentecostés, o sea que la Pascua queda incompleta sin Pentecostés. La Pascua sería simplemente la anécdota de un hombre que sufrió muy santamente y murió muy horriblemente. En cambio, Pentecostés hace que nosotros recibamos el mismo amor, el mismo Espíritu de Cristo, y así podamos vivir y pensar, amar y servir como Él lo hizo, de modo que todos seamos uno. Eso es lo maravilloso de Pentecostés.
Entonces Pentecostés es un fruto de vida, Pentecostés no es simplemente una teoría, el Espíritu Santo no es únicamente llegar a aprender o una facilidad para aprender cosas. Por supuesto que el Espíritu ilumina nuestra inteligencia, pero es ante todo una corriente vital. Podríamos decir que es la energía de Dios actuando en nosotros. Pero no es una parte de Dios, ni es un atributo de Dios, es Dios mismo, es la tercera persona de la Trinidad. Misterio muy grande del cual tendremos que hablar varias veces durante el tiempo pascual. Por ahora, es importante que tengamos en cuenta que el Espíritu Santo no es una idea que nosotros tenemos, sino una fuerza de vida que llega a todo lo que nosotros somos y que, por consiguiente, transforma también lo que hacemos.
Por eso es hermoso ver que, después de que Pedro habla, entonces la Biblia nos lo presenta actuando en el capítulo dos está Pedro predicando y ahora en el capítulo tres, que es el propio de este miércoles de la octava de Pascua, nos encontramos a Pedro actuando. El poder del Espíritu le lleva a hacer una obra maravillosa, a curar a un hombre que estaba paralítico desde hacía muchísimos años, un hombre paralítico de nacimiento, uno que no podía andar y éste que estaba condenado a vivir en la esclavitud y como un prisionero de su propia limitación, pues puede regocijarse, puede cantar, puede saltar, puede danzar con el nuevo poder, con la nueva fuerza que recibe de Dios.
Y esta imagen, la imagen del paralítico que entra cantando y saltando y danzando, esta imagen tiene que quedar impresa en nosotros para que sepamos lo que es Pascua. Pascua es eso, Pascua es llenarse de esa vida, Pascua es recibir esa fuerza, Pascua es sintonizar con Dios y es percibir la melodía, la alegría misma de Dios. Dios, Dios es alegre, Dios es santo, Dios es bueno, Dios transforma todo lo que somos y tenemos, a Él la gloria por los siglos. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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