Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Espíritu que resucitó a Nuestro Señor de entre los muertos es el mismo Espíritu que nos da vida a nosotros, que nos hace creaturas nuevas.

Homilía poc2026a, predicada en 20240402, con 5 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Nos encontramos amigos en el Domingo más grande del año y es más grande literalmente, porque es un Domingo que dura ocho días. El nombre técnico que tiene la liturgia católica es Octava de Pascua. Así como en música tienes una octava que va desde la nota Do hasta el siguiente Do. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, do. Esa es la octava musical. Pues nosotros tenemos una octava litúrgica y en esta octava litúrgica que es toda como un gran domingo.

En esta octava nosotros nos dejamos guiar por la sabiduría de la Iglesia que nos propone para la primera lectura textos del capítulo segundo de Hechos de los Apóstoles, es decir, del tiempo de Pentecostés, del día de Pentecostés. Mientras tanto, los evangelios de estos días nos van a ir recordando algunas de las principales apariciones de Cristo resucitado a sus discípulos. O sea que tenemos como ese doble registro, seguiendo con la metáfora musical. En la primera lectura Hechos de los Apóstoles, en la segunda lectura, en el Evangelio, apariciones, manifestaciones de Cristo resucitado.

Uno puede preguntarse por qué eso. Bueno, las apariciones de Cristo resucitado tienen todo el sentido. Porque, por supuesto, si el Domingo de Pascua es el Domingo de la Resurrección, pues el mejor momento en todo el año para escuchar los relatos de las manifestaciones del Resucitado es en los días siguientes a la Pascua. Eso tiene todo el sentido. Pero por qué escuchamos sobre Pentecostés. Una primera motivación podría ser que Pentecostés es hacia dónde vamos. No se nos olvide que este es el comienzo del tiempo litúrgico llamado tiempo Pascual. Y el tiempo pascual empieza con la Pascua de Resurrección y avanza hasta llegar a Pentecostés.

Al comienzo del tiempo pascual se nos habla de Pentecostés, como ya mostrándonos la meta, hacia dónde vamos litúrgicamente hablando. Pero hay una razón más poderosa todavía, y es que el Espíritu Santo, ese que esperamos recibir de una manera renovada en Pentecostés, ese Espíritu Santo ha llegado a nosotros, pero no se queda quieto. Es decir, el Espíritu llega a nosotros como Espíritu vivo. Acuérdate lo que decimos en el Credo, él es Señor y dador de vida, y la vida que nos da el Espíritu Santo es la misma vida del Resucitado. De tal manera que recibir al Espíritu Santo de alguna manera ya es participar de la vida del Resucitado. O sea que esto es hermosísimo.

Fíjate, la primera lectura nos hace saborear las maravillas del Espíritu Santo, nos hace desear las maravillas del Espíritu Santo. ¿Por qué? porque es el Espíritu que hace que en nosotros acontezcan las maravillas de la resurrección. Por eso dice San Pablo que nosotros hemos recibido al Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos. De tal manera que al hablarnos del Espíritu Santo, al enseñarnos sobre el Espíritu Santo lo que nos está dando la Iglesia es la participación en la misma vida del Resucitado. O sea que Pentecostés no tiene que quedarse allá lejos, lejos. Pentecostés ya tiene que empezar a suceder desde el día número uno de la Pascua.

Acuérdate ese texto donde Cristo dice a sus apóstoles el día de la Pascua les dice Recibid el Espíritu Santo. O sea, es inseparable la celebración de la Pascua es inseparable de la celebración del Espíritu Santo. Porque si la Pascua es la victoria del Espíritu en Jesucristo, que es nuestra cabeza, el Espíritu Santo, Pentecostés es la celebración de la obra del Espíritu que trae la vida de Cristo resucitado a nosotros. Entonces, desde ya estamos viviendo la dinámica de Pentecostés. Desde ya estamos saboreando la alegría de Pentecostés. Desde ya recibimos el gozo del Espíritu Santo, pero sobre todo recibimos participación en la vida del Resucitado.

Esa es la razón por la que tenemos en la primera lectura todo el tema del discurso de Pedro en Pentecostés. Y tenemos en los Evangelios las manifestaciones del Resucitado, son inseparables. El Espíritu que resucitó a Cristo de entre los muertos es el Espíritu que nos da vida a nosotros, que nos introduce en vida nueva, que hace de nosotros criaturas nuevas. Ese es el sentido. Dime si no es bello. Dime si no es grande nuestra Santa Iglesia con estas hermosuras en la liturgia.

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