Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El fruto de la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor es que recibas el Espíritu Santo para que tu corazón sea renovado, para que todo el bien que Jesús quiso para ti, llegue.

Homilía poc2025a, predicada en 20230411, con 6 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Muy feliz Pascua para todos. Aquí seguimos saludando la Pascua, porque estamos en ese día, en ese gran día, el día que hizo el Señor. Y nosotros, cristianos católicos, estamos convencidos de que la Pascua es tan grande que no puede celebrarse en un día de veinticuatro horas. Y por eso celebramos la Pascua en una octava. Tenemos ocho días para saborear, aunque sea solo los aperitivos, los comienzos de ese misterio que nos va a llenar de gozo para toda la eternidad.

Y ¿Cuál es ese gran misterio? Que el pecado ha sido vencido. Que satanás ha sido vencido. Que la muerte ha sido vencida. Que las tinieblas no tuvieron la última palabra. Ese es el misterio de la Pascua. Y eso es lo que estamos viviendo. Y eso es lo que estamos celebrando en este día, en este día que dura ocho días. ¿Cómo nos ayuda la Iglesia con la primera lectura de hoy? ¿cómo nos ayuda? la Iglesia nos ayuda de una manera muy hermosa, llevándonos a Pentecostés, llevándonos a la efusión del Espíritu Santo y concretamente a las palabras del apóstol San Pedro, cuando en Pentecostés predica a la multitud y dice abiertamente que Cristo ha resucitado de entre los muertos, y que Cristo, una vez resucitado, ha recibido para nosotros el don del Espíritu Santo.

Yo creo que esto merece una explicación. ¿Por qué si estamos celebrando la Resurrección, la Iglesia nos lleva a Pentecostés? Pues vamos a descubrirlo. Mira lo siguiente. A ver ¿cuál es el propósito, cuál es el objetivo? Vamos a decirlo así. ¿Cuál es el objetivo de todo el sacrificio de Cristo, de toda la obra de Cristo? ¿Cuál es el propósito? Y la respuesta es que el propósito es reconciliarnos con Dios nuestro Padre. Que sean perdonados nuestros pecados y que Dios pueda tener verdadera alianza con nosotros, no porque Dios lo necesite, no porque a Dios le haga falta, sino que por puro amor Él se mantiene fiel a lo que dijo desde el principio. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios. Por puro amor, lo que Dios quiere es eso, que nosotros seamos su pueblo y que Él sea nuestro Dios.

La palabra bíblica que resume esta relación única que proviene del amor de Dios es la palabra alianza. Pero ya los profetas habían anunciado que esa alianza no se podía realizar con las solas fuerzas de nuestra voluntad, de nuestra buena intención, de nuestro corazón o de nuestra inteligencia. Para poder realizar esa alianza se necesitaba y se necesita que nuestro corazón sea reconstruido, incluso que sea creado de nuevo.

Por algo dijo David en su salmo de arrepentimiento, el famoso Salmo cincuenta y uno. Por algo dijo David Crea en mí un corazón puro. Pero luego el profeta Ezequiel nos dijo que Dios, para darnos ese nuevo corazón, os daré un corazón nuevo, dice Dios a través de Ezequiel. O mejor dicho, dijo Dios a través de Ezequiel os infundiré un espíritu nuevo. Dicho de otra manera, la meta, el término de toda la misión de Cristo no era simplemente o solamente morir en la cruz. La meta de todo el sufrimiento de Cristo y la meta de la resurrección misma de Cristo es la efusión del Espíritu, porque es solo la efusión del Espíritu la que puede darnos el corazón nuevo, para que nosotros seamos perdonados, porque somos pecadores, seamos renovados, seamos criaturas nuevas y podamos vivir en alianza con Él. Según lo que deseaba su amor incomparable.

Por eso todo este tiempo, que se llama tiempo Pascual. Empieza con la gran noticia de la Resurrección pero nos va llevando hasta la gran noticia de Pentecostés. ¡La gran noticia de Pentecostés!. Para allá vamos. De eso es de lo que se trata. El fruto de toda la vida de Cristo, de la Pasión de Cristo, de su muerte, de su resurrección. El propósito de todo ello es que tú recibas el Espíritu. Para que todo el bien que Cristo quiso para ti llegue a ti. Para que lo más profundo de tu ser reciba el regalo del amor divino. Para que tú y yo y todos seamos renovados en la gracia incomparable que solo Él puede darnos. La alabanza, el honor y la gloria para Cristo Jesús. Amén. Amén. Amén.

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