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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aquel que realmente se ha encontrado con Jesús ya no quiere ni puede vivir sin Él. El Señor no está atrapado en el pasado de tu vida, Él está vivo y porque lo está nos abre un presente y un futuro.
Homilía poc2023a, predicada en 20220419, con 5 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Sin duda, el Evangelio de hoy nos presenta una de las escenas más conmovedoras de toda la vida de Cristo. María Magdalena llora junto al sepulcro. De ese llanto ya podemos aprender algo. Aquel que realmente se ha encontrado con Cristo ya no quiere ni puede vivir sin Cristo. Este mensaje es especialmente significativo cuando pensamos en tantas personas que se despiden de Cristo sin ninguna preocupación. Tal vez en su infancia, tal vez en su juventud tuvieron un acercamiento a la fe. Pero luego, en lo que a ellos concierne, Cristo podría quedarse en un sepulcro, en un basurero o en el olvido. María Magdalena, por el contrario, nos muestra una mujer que realmente se ha encontrado con el Señor. Lo llama mi Maestro, y ella, francamente, no puede vivir sin él. Este es el nivel de adhesión que hemos de buscar si somos auténticamente cristianos.
Pero hay otro mensaje también aquí, y es uno que tiene que ver con el tiempo, con el pasado y con el futuro. Desde que lo aprendí me llama la atención la palabra común en griego para referirse al sepulcro. Esa palabra es mnemeion. Mnemeion está emparentado con mnemosyne, es decir, con la memoria. En cierto sentido, un sepulcro dentro de ese mundo antiguo. Es el lugar de la memoria. Es el lugar para recordar. En cierto modo es el lugar para ir al pasado. Pero Cristo le da un vuelco completamente a esa situación, porque María Magdalena va al sepulcro como quien va al pasado, como quien mira hacia el pasado. Para eso son los memoriales, para eso son los monumentos. La palabra monumento también tiene que ver con eso. Es como una amonestación para que recuerdes algo.
Ella está mirando hacia el pasado, hacia lo que sucedió, hacia el dolor de ayer, de anteayer. Y Cristo la saluda. Y Cristo le dice, María. Y la vida de Cristo se abre completamente el futuro. Ve donde mis hermanos. La vida de ella estaba detenida, estaba estancada, Estaba atascada. Ahora Cristo le abre un futuro. Mira el futuro. Mira lo que hay que hacer. Y Cristo vivo no solo ha salido del sepulcro, sino que también ha salido del pasado. Ten en cuenta eso. A Cristo no pudieron encerrarlo con la piedra del sepulcro. Cristo no quedó atrapado en el sepulcro, y Cristo no está atrapado en el pasado. No está atrapado en el pasado de los pueblos, porque hay pueblos que dicen, no ya estamos en una época post-cristiana, ya el cristianismo pasó, ya Dios no importa. No está atrapado en el pasado de tu vida. El Señor está vivo. Cristo vive, y precisamente porque está vivo, por eso Él es el que continuamente nos abre un presente, nos abre un futuro.
Cuando una persona se siente derrotada, se siente frustrada, se siente fracasada, se queda rumiando el pasado. Y aquí está el Cristo vivo para decir claro que hay un futuro. Él es el Señor, es el Señor del tiempo y de la eternidad. En el Apocalipsis él saludará con estas palabras. Yo soy el que era, el que es, y el que ha de venir. Así, tenemos dos hermosas lecturas. Dos hermosas interpretaciones de este texto del Evangelio. En primer lugar, darnos cuenta en el llanto de María Magdalena lo que significa realmente amar a Cristo. Y en segundo lugar, Él no se queda en el pasado. Él es el que nos abre un futuro. Feliz Pascua para todos.

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