Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo desde tu bautismo pronuncia tu nombre, te llama a una vida nueva a imagen de su vida.

Homilía poc2020a, predicada en 20200414, con 5 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Feliz Pascua para todos y lo seguiré diciendo cada día de la octava de Pascua, porque todos estos días son como un solo día. Desde el Domingo de Pascua, que es el gran día, hasta el Domingo segundo que casi todos lo conocemos como el Domingo de la Misericordia. Todo ese tiempo es un solo Domingo. Feliz Pascua nuevamente.

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo número veinte de San Juan y es el bellísimo encuentro entre Jesús y María Magdalena. Yo quiero hoy que reflexionemos sobre ese detalle que tantas personas, tantos, por ejemplo, San Agustín, han predicado. Jesús primero se dirige a ella llamándola mujer, ¿por qué lloras? pero ella solo lo reconoce a él cuando Él la llama por su nombre, le dice María. Y en ese momento ella le responde Rabbuní, mi Maestro. Lo ha reconocido. Es el poder de la voz de Cristo. Atención. Es el poder de la voz de Cristo, pero también es el poder de esa voz cuando nos llama a cada uno de nosotros por nuestro propio nombre. Piensa lo que es eso. Dios, que te llama por tu propio nombre.

Tratemos de recordar algunos momentos en los Evangelios en donde aparece este modo tan peculiar de obrar de Cristo cuando le habla a una persona por su propio nombre. No son tantas tampoco. Claro, la primera que viene a la memoria la tuvimos no hace mucho en los Domingos de Cuaresma. De hecho, en el quinto Domingo de Cuaresma tuvimos la resurrección de Lázaro. Y tú recuerdas que Cristo dijo con voz fuerte Lázaro, sal afuera, Lázaro, sal afuera. La palabra de Jesucristo. Fíjate lo que nos dice la Escritura. Cristo es el que llama a lo que no es para que sea. Así como en el Génesis encontramos a Dios Padre Creador, creando todo con su Palabra poderosa. Así también el Resucitado al pronunciar nuestro nombre, nos hace ser, nos instala, nos pone en una vida nueva. Esa es la maravilla del Resucitado.

Recordemos otro ejemplo cuando tiene que hacer una corrección fuerte pero muy amorosa, a Marta de Betania también la llama por su nombre Marta, Marta. La está sacando de una especie de trampa. Así como a Lázaro lo sacó de la tumba, a Marta la está sacando de una trampa. La trampa de creer que es más importante trabajar para Cristo que ser el trabajo de Cristo. Quiero decir, Marta podía estar confundiendo lo que es hacer obras para Cristo en vez de ser la obra de Cristo, confundir el hacer con el ser. Y esa trampa nos acecha a todos, también a sacerdotes, también a misioneros, también a religiosas. Nos acecha a todos. Entonces, para sacar a Marta de esa trampa utilizó Cristo su voz bendita y poderosa, su fortísima voz. Marta, Marta. La está llamando para que salga de ahí. Tenemos que recordar también aquella ocasión en que Cristo se le queda mirando a Simón, hijo de Jonás, y le dice ¡tú eres Pedro, tú eres Pedro!. Lo está llamando a una vida nueva, lo está llamando a un nuevo camino, lo está llamando a una historia distinta. Fíjate cómo la Palabra de Cristo hace una novedad.

Y ahora déjame recordarte algo. ¿Tú eres bautizado? Seguro que sí. La inmensa mayoría de quienes ven este mensaje son bautizados. Tú eres bautizado, ¿cierto? ¿Te acuerdas de tu bautismo? Tal vez no, ¿has estado en otros bautismos? Tal vez sí. Y tú te habrás dado cuenta de un pequeñito detalle. No hay bautismo si no se dice el nombre del bautizado. ¿Sabías eso? No se puede. No se puede realizar el bautismo sin un nombre. Por eso es necesario. Dentro del ritual está ¿qué nombre? ¿qué nombre quieren ustedes, padres y padrinos para esta criatura? Entonces, padres y padrinos dicen. Queremos que se llame Juliana o según el caso Roberto o Sandra o Juan Pablo. Hay que dar un nombre, porque en ese momento, en el momento del bautismo, en el momento de tu bautismo y en el momento de mi bautismo, en el fondo y en realidad a través de la voz del ministro, típicamente el sacerdote es Cristo el que está pronunciando ese nombre y te está llamando a ti, y me está llamando a mí a una vida nueva.

En el bautismo, Cristo, como llamó a Marta, como llamó a Pedro, como llamó a María Magdalena, Cristo nos está llamando a una vida nueva. Volvamos a oír esa voz. Volvamos a oírla. Oigamos en lo profundo de nuestro corazón que es Cristo el que nos está llamando. Es Cristo el que nos está poniendo en la ruta de una vida nueva y verdadera a imagen de su vida. Él vive, ha resucitado.

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