Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Redención es un encuentro de amores porque Jesús nos está buscando y nosotros a Él.

Homilía poc2018a, predicada en 20190423, con 5 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Evangelio de hoy está tomado del capítulo número veinte de San Juan. Ya hemos dicho, estamos avanzando en la octava de Pascua. Y hemos dicho también que los Evangelios de la octava de Pascua. Básicamente lo que hacen es recordar a nuestros oídos los testimonios primeros de aquellos que se encontraron con Cristo vivo, Cristo vivo y resucitado.

En el caso de hoy tenemos a María Magdalena. Hay tanto que meditar. Se han dicho cosas tan preciosas. Hoy quiero detenerme solamente en un pequeño detalle. Ya hemos dicho varias veces que en los detalles suele haber joyas preciosas que el Espíritu Santo dejó ahí. Seguramente para que las encontremos, las agradezcamos y las practiquemos. Entonces, cuál es el detalle en esta ocasión. Los Ángeles le hacen una pregunta a la Magdalena, le dicen ¿por qué lloras? Y luego, cuando ella se encuentra con Cristo, sin poder reconocer a Cristo porque creía que era un cuidador del jardín.

La pregunta que le hace Cristo es ¿por qué lloras? En un texto tan breve aparece dos veces la misma pregunta ¿por qué lloras? Esta pregunta seguramente tiene algo que enseñarnos. El hecho de que estos santos ángeles de Dios, y luego nuestro mismísimo Señor Jesucristo, le pregunten exactamente lo mismo. Esto tiene que tener algo bello para nosotros. Mujer, ¿por qué lloras? Y qué puede ser eso profundo. El llanto de Magdalena no es solamente porque se murió Jesús. Es porque en Jesucristo ella había podido encontrar el orden nuevo y a la vez el orden eterno que Dios ha querido para nuestra sociedad, para nuestra vida, para nuestro corazón.

Es que de verdad de Jesús sale todo bien y perder a Jesús no es solamente perder un amigo, no solamente perder el amor de mi alma es perderlo todo. Por eso en el llanto de María Magdalena podemos también ver nuestros llantos. Porque cuando nosotros lloramos siempre en nuestro llanto hay, el lamento por algo bueno que hemos perdido. Pero es que Magdalena está llorando porque ha perdido todo bien. Perdiendo a Cristo, ha perdido todo bien. Así que el llanto de María Magdalena es una inspiración para nosotros. En ese llanto estamos nosotros. Nuestros llantos también están en las lágrimas de esta mujer, testigo absolutamente único, esta mujer del poder y del amor de Dios.

Con esta claridad, avancemos un poco más. Al preguntarle ¿por qué llora?, la lleva al centro de su dolor. Claro, podría decirse que renueva su dolor. Pero evidentemente no se trata de una tortura. Qué hay detrás de la pregunta. Qué hay detrás de ese buscar el dolor. Mira, la fuente de tu dolor es también la clave de tu búsqueda. Lo que tú estás buscando, lo que realmente anhela tu corazón. Es decir, en la senda de la pregunta ¿por qué lloras? vas a encontrar cuál es tu búsqueda más profunda. Entonces, del llanto pasar al dolor, del dolor, pasar a la búsqueda y de la búsqueda. Es decir, de la certeza de que estoy buscando a mi Señor, la certeza de que Él me está buscando a mí. Porque fíjate que Magdalena estaba llorando ahí. Ella no fue a caminar por el jardín. Estaba desconsolada llorando. Jesús fue a buscarla. Entonces es como si le dijera mira que en el fondo tú me estás buscando. Y mira que en el fondo toda mi misión por la que vine a la Tierra fue por buscarte a ti. Tú me estás buscando y yo te estaba buscando.

Esto se parece mucho a lo que dice el apóstol San Pablo en la carta a los Filipenses. Él dice Yo no creo haber alcanzado a Cristo. Yo me lanzo hacia adelante. Yo estoy buscando a Cristo. Yo quiero alcanzar a Cristo porque él me alcanzó como quien dice, yo lo persigo, lo busco afanosamente porque él me persiguió y me encontró. Qué hermoso ver la redención como este encuentro de amores. Qué hermoso ver la redención en esa clave. Qué hermoso darnos cuenta que el Señor nos está buscando y nosotros lo estamos buscando a Él.

Lección preciosa. Entonces la pregunta repetida por el llanto nos conduce a descubrir nuestras búsquedas, nuestros anhelos y finalmente descubrir que así como en lo profundo de nuestros anhelos, sabemos que estamos hechos para Dios, en lo profundo de esos anhelos está también su misericordia, que ha querido salir a nuestro encuentro. A Él el honor y la gloria por los siglos. Amén.

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