Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si crece en nosotros el amor, crecerán las experiencias de tristeza porque Dios es ofendido; pero crecerán más las experiencias de alegría por el triunfo de su gracia en nuestras vidas.

Homilía poc2016a, predicada en 20180403, con 5 min. y 16 seg.

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Transcripción:

Una de las frases más impresionantes del Evangelio según San Juan es vuestra tristeza se convertirá en gozo. Así habla Cristo a sus discípulos en la Última Cena. Y podemos ver cómo esta palabra se cumple en el texto del Evangelio de hoy, no con los apóstoles, sino con aquella mujer que Él escogió para que fuera la primera testigo de la resurrección. Estoy hablando de María Magdalena.

Efectivamente, mis hermanos. La tristeza, dice Cristo, se convierte en gozo. Qué quiere decir esa frase. No es simplemente un cambio de sensación o un cambio de sentimiento. Es mucho más que eso. Parece hacer referencia a la transformación. La transformación que se da entre el volumen de tu tristeza y el volumen de tu gozo.

Durante la Edad Media, muchos buscaban la manera de cambiar el plomo en oro. Ese tipo de búsqueda era muy propio de una actividad llamada la alquimia, que es algo así como la prehistoria de la química moderna. Los alquimistas querían transformar el plomo en oro y la idea que ellos tenían era que si se lograba encontrar ese método, pues podías tomar una gran cantidad de plomo y transformarlo en una gran cantidad de oro. Por supuesto, si eso fuera posible, que no lo era con los recursos de aquella época, si eso hubiera sido posible, un alquimista no se hubiera dedicado a cambiar un pedacito de plomo en un pedacito de oro. Repito, si eso fuera posible, el alquimista hubiera tomado grandes cantidades de plomo para cambiarlas en grandes cantidades de oro.

Vamos a decir que nuestro plomo es nuestra tristeza. Vamos a decir que es lo que pesa en nuestra vida y vamos a decir que nuestro oro es nuestra alegría, nuestro gozo y nuestra gloria. Cuando nuestro plomo es muy pequeño, cuando nuestra tristeza es muy pequeña. Tristeza porque Cristo se ha ido, entonces nuestra alegría porque Cristo ha resucitado es también muy pequeña. Una tristeza muy pequeña, es poquito plomo y una alegría pequeña, es muy poquito oro. Pero una mujer como María Magdalena tenía una tristeza inmensa, inmensa. Su tristeza era terrible, era casi insoportable porque ella había encontrado en Jesucristo, en su Palabra, en su corazón, en su sabiduría, en la pureza divina que es tan escasa en esta tierra que es el diamante precioso que tiene sabor y color de cielo. Ella había encontrado en esa pureza verdad, sabiduría, fuerza, había encontrado el amor de su alma, y eso es lo que le han arrebatado en la pasión. Eso es lo que ella ha perdido cuando Cristo ha muerto, y por eso es inmensa su tristeza, y por eso ella tiene ese peso inmenso de plomo en su corazón. Pero la presencia del Resucitado va a hacer realidad aquello que Cristo dijo antes de padecer a sus discípulos. Es decir, vuestra tristeza se convertirá en gozo. Todo ese plomo se va a volver oro. Y así como era inmensa la tristeza de ella, así como era profundo su dolor, así, así era profundo su amor, y así será también profunda y victoriosa su alegría.

Pidamos entonces al Señor esa clase de amor que seguramente nos llevará a experimentar tristeza, algunas veces. Los santos han conocido esta tristeza. El fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán, lloraba, lloraba y clamaba al cielo diciendo ¿Qué será de los pecadores? Sentía ese peso, sentía esa tristeza terrible. Pero así también cuentan los testigos de canonización de Santo Domingo de Guzmán que su rostro era afable, su sonrisa contagiosa, su alegría incontenible, estaba lleno de Jesucristo. Así que si crece en nosotros, el amor, crecerán las experiencias de tristeza. Porque Cristo, porque Dios es ofendido muchas veces, pero crecerán también y mucho más, las experiencias de alegría por el triunfo de su gracia en nuestras vidas.

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