Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los que niegan la resurrección diciendo que es relato que crearon los discípulos no tienen cómo explicar que los textos nos presentan discípulos escépticos y resistentes a la fe.

Homilía poc2009a, predicada en 20120410, con 17 min. y 14 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Los días de Pascua, mis hermanos deberían ser de puro gozo, como una anticipación de esa felicidad perfecta del cielo. Así habla, por ejemplo, San Agustín, que compara la Cuaresma con un entrenamiento, el ejercicio duro de un entrenamiento. Por contraste, la Pascua, según San Agustín, es descanso de todo ese esfuerzo y es el tiempo para celebrar y para disfrutar. Pero los tiempos están un poco difíciles y no podemos dedicarnos solamente a celebrar, sino que también en la Pascua tenemos que aprender a defender nuestra fe, porque está siendo severamente atacada, y no sólo desde aquellos que se declaran afuera de la Iglesia, sino también por parte de algunos que se consideran o se llaman a sí mismos miembros de la Iglesia y teólogos y doctores.

Tuve algunos tiempos suficientes en esta Semana Santa para leer algo de Santa Teresa de Jesús y me admira lo que ella dice de los sacerdotes y de los teólogos. Nos compara con los capitanes de un ejército, ejército que tiene que salir a declarar para Cristo todo lo que Cristo ya ganó con su sangre. Y ella, Santa Teresa, hace esa clase de elogio y pone esa confianza en los predicadores, los misioneros y los teólogos. Pero resulta que no faltan teólogos que ante este misterio central de nuestra fe, presenten objeciones que en realidad vienen a negar lo que proclamaron los apóstoles. Y es por eso que digo que se necesita también en esta época que debería ser de solo celebración, algo de combate, porque se presenta, por ejemplo, la resurrección como si fuera únicamente una certeza interior, una especie de convicción o de empeño que los discípulos toman por su cuenta según esta versión de las cosas.

El entusiasmo de ellos, podríamos decir, la manera como engrandecen ellos a Cristo. Luego sirve de lente para mirar algunos aspectos de la vida de lo que se suele llamar el Jesús histórico. Y entonces, desde ese entusiasmo y desde ese embellecimiento de la figura de Jesús, entonces el mismo Jesús histórico queda tan distorsionado que prácticamente es muy poco lo que se puede decir de él. Esta es una tendencia que va muy unida al gran proyecto de la Desmitologización, impulsado sobre todo por el teólogo protestante Rudolf Bultmann. Vamos a quitarle todas las fábulas y mitos a la Biblia y el mito por excelencia es la resurrección. Uno se da cuenta de que ese es un ataque frontal al mensaje de los apóstoles. Inmediatamente surgen preguntas. Realmente los primeros mártires cristianos se entregaban a las llamas, se entregaban a las fieras, se entregaban a los más horribles tormentos sólo por sostener una historia. Una especie de acuerdo entre humanos. Entonces ese es un ataque que está en nuestro tiempo.

También existe el ataque de decir que este hecho de la resurrección no es ningún hecho. O mejor dicho, es solo un hecho literario, que hay muchas creencias y que hay muchas filosofías que hablan de resurrección y los más eruditos entre aquellos que escriben de ese tenor. Pues entonces citarán fuentes y presentarán algunos manuscritos más o menos oscuros de Mesopotamia o de los misterios griegos. Y según esa idea, la resurrección sería la aplicación de un mito pagano o el traslado de una idea pagana al mundo cristiano. Yo creo que es muy importante que nosotros, sin perder la alegría y sin perder la parte emotiva, pues llamemos también en nuestro socorro esas fuerzas de la inteligencia y de la fe para defender lo que es más nuestro, a saber, este misterio de Cristo. Porque si dejamos perder esto, dejamos perder todo. Si dejamos perder esto, estamos diciendo que todos los pasajes de la Biblia, de los evangelios en concreto que nos hablan sobre apariciones de Cristo, son puras parábolas y puras creaciones humanas. Y aunque luego se elogie a manera de consuelo la calidad literaria de esos relatos, presentándolos como las más bellas parábolas, pues sabemos que lo sustancial se ha perdido.

Un teólogo como, Torres Queiruga o como Pagola o como muchos otros, cuando hablan de la resurrección de Cristo, adoptan un tono filosófico y trascendente, que es algo así como el mejoramiento, la evolución de la conciencia, la capacidad de servicio. Es decir, un lenguaje grandilocuente. Pero luego ellos mismos dirán que sí aparecen los huesos de Cristo, pues la fe de ellos permanece intacta. Es demasiado dudoso que eso mismo hubiera dicho San Pablo. Iría San Pablo en peregrinación a visitar los huesos de Cristo, iría Pedro en procesión con los huesos de Cristo por las calles de Jerusalén. Es ese el tipo de victoria. Esta clase de objeciones hay que exponerlas aquí en la liturgia, porque estamos en una casa de formación, aunque son invitados y son bien recibidos todos los que vienen a la Eucaristía.

Y es necesario que nosotros, que nos estamos formando, entendamos que no tenemos dos mundos el mundo del salón de clase, donde las cosas se discuten y el mundo de la liturgia donde uno tapa sus oídos a la razón y a las razones y simplemente sigue unos ritos, hace un daño espantoso, espantoso en la vida del sacerdote tener esa clase de divisiones. Y yo he tenido ocasión ya en veinte años que llevo en el ministerio de conocer a varios que manejan esos, esas dobles verdades, no una cantidad de padrecitos que no creen realmente lo que cree la Iglesia y que dicen en voz baja. Pero esto no se le puede decir a la gente. Esa posición que como lenguaje general se llama averroísmo. Esa posición de las dobles verdades jamás es la posición de la Iglesia y jamás puede ser. Y yo espero que Dios, por la intercesión de Santo Domingo y de la Virgen de Chiquinquirá, preserve a esta casa y que no vaya a salir un averroísta de entre ustedes a decir no, si en realidad eso no es así, pero qué hace uno con los peregrinos en Chiquinquirá. Como decimos los colombianos, toca sostener la caña. Es decir, ni hubo milagros, ni hubo concepción virginal, ni hubo exorcismos, ni hay ángeles, ni se sabe si hubo Cristo, ni parece que hay nada, pero lo que sí hay es peregrinos, que eso sí sueltan plata de verdad. Esa plata si es de verdad, hay que sostener la caña y hay que sostener la fe. Pero esa fe es sostengamos la ficción.

Esa clase de mala conciencia le hace un daño terrible al sacerdote, porque el que piensa que puede tener dos verdades, luego piensa que puede tener dobles vidas. Entonces la Iglesia oficialmente dice que no se debe tal o cual cosa, pero ellos toman la posición del Sermón de la Montaña, pero yo os digo no. Entonces hay gente que sentada en el confesionario cree que está reeditando el sermón de la montaña. Llega alguien a confesarse, no mira, habéis oído que el magisterio de la Iglesia, Dijo; Pero yo os digo que tú sí puedes. Y entonces empiezan a cambiar no solo lo que creemos, sino también lo que vivimos. Por eso es muy importante cuando uno está en formación es muy importante buscar esa fe íntegra, porque la fe que tiene solidez es la fe que es íntegra.

Dice Santo Tomás de Aquino que es de tal unidad el acto de la fe, que no se puede perder un pedazo de la fe sin perder toda la fe. Algo así como lo que dicen los físicos de las partículas elementales, sean ellas los muones, los electrones o los quarks o lo que sea, no se puede perder. Cuando ya llegamos a una partícula elemental, no se puede perder medio quark, sino que de perder un pedazo lo pierdes todo. Así que es importante que sepamos que esta semana, aunque es una semana de regocijo, es también una semana para renovar nuestra fe. No lo podemos desarrollar todo en este momento, pero con la bondad de Dios en los días que siguen vamos a ir comentando.

Digamos que hoy apenas planteamos el problema, apenas planteamos lo que está sucediendo y apenas anunciamos el comienzo de la respuesta, tal como viene de los evangelios. Y lo primero que encontramos es que ni los discípulos. Y con esta palabra aludo tanto a los hombres como a las mujeres. Ni los discípulos ni el pueblo estaban esperando algo semejante a la resurrección. La extrañeza, la incapacidad para reconocer a Cristo. El escepticismo ante la noticia de las mujeres. El mensaje que nos envía es: Aquella gente no estaba inclinada, no era proclive a aceptar, no estaban en una actitud crédula, sino más bien en una actitud escéptica, en una actitud desolada, que es la propia del que siente que ha llegado al final de un camino y que ya no sigue nada más. Para aquellos que dicen que esta historia fue fabricada y que fue fabricada para tener un mensaje, una especie de columna vertebral en el mensaje de aquella primera comunidad cristiana.

Obsérvese, mis hermanos, el absurdo tan grave que se está presentando. Mire, no nos dicen los mismos evangelios que los apóstoles mismos no querían creer. Esa es la frase que se utiliza. Llegaron las mujeres con el anuncio de la resurrección y no les creyeron. Y entre los muchos que no creyeron, además de los apóstoles, están, por ejemplo, los discípulos de Emaús, que vamos a encontrar en las lecturas de los evangelios de esta misma semana. Ellos fueron gente que supuestamente oyó el relato del Evangelio y el Evangelio por excelencia es que Cristo ha resucitado, y no lo creyeron, no lo aceptaron. Y así, incrédulos, tuvieron que ser vencidos por una evidencia que no venía de ellos mismos.

Yo pregunto con qué autoridad que no sea una maraña de suposiciones y de arreglos y malabarismos de la mente humana. Con qué autoridad viene uno a decir que ese fue simplemente un invento de una comunidad. Si lo que están mostrando los hechos es que no querían creer, y aún más, tratemos de admitir por un instante que esa comunidad si se inventó la resurrección del Señor. Tratemos de decir eso. Pues si yo me voy a poner en la tarea de inventar un relato que va a servir de columna vertebral, pues lo primero que tendría que hacer es darle autoridad a ese relato, mostrando como fue aceptado y como fue efectivamente acogido por los que después fueron autoridad dentro de la comunidad. Pero resulta que los que después fueron autoridad dentro de la comunidad, como decir Pedro, Santiago y los demás apóstoles. Esos que después pretendían tener autoridad ante la comunidad, son los mismos que en los relatos evangélicos, quedan como traidores, como escépticos, como incrédulos, como incapaces de aceptar el mensaje de la resurrección.

Entonces, qué sentido tiene venir a decir que ese es un invento y luego presentar como grandes autoridades y jerarcas a unos señores, si resulta que esos fueron los primeros que no creyeron en ese invento. Con estas palabras quiero decir que si nosotros afirmamos la resurrección no es por un salto al vacío. Mis queridos estudiantes de Introducción al pensamiento Teológico de Santo Tomás, están reconociendo el tono que utilizo en este momento. Nosotros no nos podemos dejar llevar por esa especie de fantasía secular que es la de los que afirman que la resurrección fue un invento. Por eso no nos podemos dejar llevar, pero tampoco nos podemos dejar llevar por los otros. Los supuestamente devotos que dicen yo sí les decía para qué tanta teología, no estudien, no estudien, tápense los oídos, dedíquense simplemente a rezar, crean con el corazón, olvídense de todo lo demás.

Esa no puede ser la actitud de la Iglesia con estas palabras que he dicho. Especialmente la contradicción interna que tiene esa teoría secularista o esa teoría que niega la resurrección. Si presento ese argumento, es para que ustedes y yo, hermanos, veamos que si se habla de resurrección, no es simplemente un salto al vacío, como decir, así me lo enseñó mi abuelita, así lo creyó mi mamá, así lo creo yo, así me toca predicarlo en Chiquinquirá, porque si no se acaba el negocio. No, no es por eso. No es ni por el negocio ni por el salto al vacío. Es porque los pretendidos ataques contra la resurrección se contradicen y entran en absurdos insalvables. Recordemos lo que decía nuestro hermano Tomás: Uso de la razón en la teología es ayudar a detectar las incoherencias de los ataques que se lanzan contra la fe. No es que la razón vaya a defender, no es que la razón vaya a demostrar la fe. Yo no estoy diciendo que la resurrección sea demostrable. Estoy diciendo que los ataques contra el mensaje que la Iglesia ha creído de la resurrección. Esos ataques son contradictorios, incoherentes internamente y que por consiguiente, no merecen asentimiento ni credulidad alguna.

Que sea esta entonces una semana de gozo, pero también una semana de batalla. Necesitamos sacerdotes en los que la gente pueda creer. Cuando uno se va a confesar, donde un sacerdote, uno no necesita que ahí aparezca un remedo, una caricatura burda del Sermón de la Montaña. Cuando uno le va a pedir un consejo a un sacerdote no es para que la persona le diga el evangelio de él, sino para que nos diga para eso vamos a los sacerdotes, para que nos digan la fe de la Iglesia. Ustedes y yo oímos cuál fue el mensaje del Papa Benedicto el Jueves Santo. Exactamente esto que estamos diciendo ahora. La gente no necesita el Evangelio, según Nelson. La gente necesita el Evangelio de los Apóstoles. Ellos no van a ser salvos según el evangelio que yo me invente. Serán salvos en el evangelio que predicaron los apóstoles. Que ese evangelio llene nuestro corazón y nuestra mente, y que podamos transmitirlo con fidelidad, eficacia y alegría. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM