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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La santa revancha de Dios.

Homilía poc2005a, predicada en 20020402, con 6 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Nuestro Señor Jesucristo predicó y vivió lo que predicó. Por eso es que Jesucristo nos convence tanto, porque él no solamente predicó, sino sobre todo vivió lo que predicó. Por ejemplo, él hablaba del amor a los enemigos y vemos que cuando le llegó el momento más duro de su vida en la Pasión, es verdaderamente práctico eso, porque incluso rezó por los que lo estaban crucificando y le pidió a Dios que tuviera misericordia de ellos, diciendo: Perdónalos porque no saben lo que hacen. Jesús, nuestro Señor, nos dijo que el camino era, camino de amor, de gracia, de perdón. Un camino que a veces no nos convence, un camino que Jesús predicó y practicó. Y sin embargo, se puede decir que Jesús de alguna manera, se desquitó.

Porque el Evangelio de Juan dice, que cuando ya Cristo estaba muerto, con una lanza, le atravesaron el corazón. Y la lectura de hoy dice que Jesús, con la espada de la Palabra, atraviesa los corazones. Ese es el santo desquite, esa es la santa revancha de Cristo. Cristo nuestro Señor con la espada de la Palabra que está en sus santos apóstoles y predicadores, con esa espada traspasa los corazones. Y eso fue lo que nos dijo San Lucas en la primera lectura de hoy. El Santo desquite, la santa revancha de Cristo, que no es una venganza porque no es buscar el mal, pero que sí es una justicia. Ustedes me rompieron el corazón a mí, ahora yo les rompo el corazón a ustedes. Ustedes me rompieron el corazón con odio, ahora yo les voy a romper el corazón de tanto amarlos. Y eso fue lo que sucedió.

Según lo que nos dice San Lucas en los Hechos de los Apóstoles. El Espíritu Santo tomó a Pedro, y a través de Pedro dijo esta frase impresionante que fue como una espada, como un dardo de amor que lanzó el Espíritu. Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Es una denuncia, pero al mismo tiempo es un anuncio. Es lo maravilloso del poder del Espíritu Santo, que a la vez quema al mal y construye el bien a la vez, destruye el imperio del mal y construye el imperio, el reino del bien. Esa palabra de San Pedro es una denuncia muy fuerte. Ustedes no lo entendieron el lenguaje de Dios. Y ustedes han cometido la injusticia más terrible de todos los siglos. Es una denuncia muy fuerte, pero también es un anuncio muy fuerte, porque cuando Pedro dijo Dios lo ha constituido Señor y Mesías, está diciendo que en ese Jesucristo nosotros tenemos esperanza y en ese Jesucristo podemos encontrar salvación. Y ahí fue cuando se les rompió el corazón a los que estaban oyendo, porque es darnos cuenta que nuestro peor error Dios nos lo hace ver, nos lo hace ver, pero al mismo tiempo ve ese mismo error nuestro que, Dios lo hace ver, Dios construye su gran misericordia. O como decía San Agustín, Dios en nuestra miseria manifiesta su misericordia.

Claro, cuando uno se da cuenta que ha pasado la vida tratando de justificarse y tratando de decir que es bueno, pero que uno no es bueno, que uno puede engañar a todo el mundo, pero no puede engañar a Dios y que verdaderamente uno le ha dado la espalda al plan de Dios. Eso da dolor, pero también da amor pensar que Dios, tomando incluso ese error de uno, le ofrece salvación en Jesucristo. Y esa es la santa revancha de Jesucristo. Porque Cristo, mostrando así un amor tan grande, revienta nuestro corazón, eso es lo que se llama contrición.

Ya lo ha dicho el rey y profeta David había dicho esto un corazón contrito y humillado, tú no lo desprecias. Tu corazón contrito es un corazón roto. Pero Dios no rompe el corazón para acabarlo, sino para hacerlo de nuevo. Así que Cristo Jesús, a través de esta palabra, quiere que tengamos clara conciencia de nuestra realidad de pecadores, pero sobre todo, que tengamos clara noticia de la realidad de salvación que él nos ofrece.

Vamos a seguir esta celebración, vamos a seguir esta Pascua y así como nosotros seguimos a Cristo, vamos a dejarnos herir por esta Palabra para poder decirle ahora que mi corazón está contrito y humillado, acéptalo, no lo rechaces, Señor.

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