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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La identidad entre el Crucificado y el Resucitado.

Homilía poc2003a, predicada en 19980414, con 4 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Debemos decir que era un error el que se cometía en la Iglesia Católica o que cometían muchos católicos cuando la Semana Santa les llegaba hasta el viernes hasta, la Cruz, hasta el dolor, hasta el sepulcro. Gracias a la predicación y la catequesis de muchos hombres y de muchas mujeres, esto ha cambiado y vemos por la participación de las personas en las celebraciones que la Vigilia Pascual ha ido recuperando ese lugar central que debe tener. Y así nuestro pueblo fiel ya sabe que el Crucificado es el Resucitado. Así nuestro pueblo sabe que la cruz no es solo cruz de ignominia, sino que gracias a la resurrección del Señor, es cruz gloriosa.

De pronto, ahora podemos empezar a cometer el error contrario, es decir, se nos puede olvidar que el resucitado es crucificado. Y este es el contenido de la predicación del apóstol Pedro en el pasaje que escuchamos hoy de los Hechos de los Apóstoles. Cristo ha resucitado. Cristo difunde, derrama con abundancia el Espíritu Santo desde el seno de Dios Padre. Pero ese resucitado glorioso es el mismo crucificado. Dice él: Todo Israel esté cierto de que el mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Es el mismo. De manera que llevar una existencia pascual, que es lo mismo que llevar una existencia bautizada, es mantener esa unidad. No puedo separar la cruz de la gloria, pero tampoco puedo separar la resurrección del escándalo espantoso de la cruz. No separar ese misterio. ¿Por qué es tan importante esto? Bueno, sobre lo primero ya sabemos cuando nos quedamos solos la cruz, nos quedamos con una religión para consentir nuestros dolores.

En cambio, cuando queremos quedarnos solo con la resurrección, cuando queremos olvidarnos de la cruz, entonces Cristo se vuelve sólo una energía. Cristo se vuelve solo, una especie de potencia benévola. Cristo se vuelve solo como una especie de maestro o de fin cósmico del universo, pero no se convierte en la buena noticia que me traspasa el alma y que me lleva a conversión. Es la identidad entre el Crucificado y el Resucitado la que me lleva a conversión, porque es la que me hace ver la consecuencia serísima de mis faltas y al mismo tiempo la esperanza certísima de su misericordia. Solo cuando conservó la identidad entre el Crucificado y el Resucitado, descubro simultáneamente mi miseria y su misericordia. Y es esta combinación la que realmente convierte el corazón, como lo muestra el mismo pasaje.

Estas palabras les traspasaron el corazón y eso los llevó a los sacramentos, y eso les llevó a ser Iglesia, y eso les llevó a ser misioneros. Es decir que toda la fuente está precisamente ahí, en ese punto, de esa identidad brota todo. Así como Cristo tiene el corazón traspasado por el dolor, por la oración, por la lanza del soldado. Así también los de Cristo, los cristianos somos gente de corazón traspasado por la lanza que a nosotros nos atraviesa, no es la lanza del soldado, sino es la espada de la Palabra que nos hace reconocer el tamaño de lo que nosotros somos, pero también la grandeza de lo que Él es.

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