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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La gracia del Espíritu nace de la Pascua del Señor; no se trata de misterios aislados, sino de un único don: el gran regalo de Cristo que, por su amor, se manifiesta en la gracia de Pentecostés.
Homilía poc1024a, predicada en 20260406, con 5 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Feliz Pascua para todos. Sí, ya sé que el día propio de la Pascua fue ayer. El Domingo de Pascua. Pero es que sabes qué pasa. Como iglesia, de alguna manera seguimos en Domingo porque estamos en la octava de Pascua. Es tanto lo que tenemos para celebrar que necesitamos mucho más que veinticuatro horas. Y por eso tenemos la octava de Pascua. Con esta octava se inaugura lo que llamamos el tiempo pascual.
Regálame unos minutos y vamos a conocer qué es lo que recibimos en el tiempo pascual y cómo debemos prepararnos para vivirlo. ¿En qué consiste?. Pues mira, cuando estábamos en Cuaresma utilizamos mucho el verbo acompañar y decíamos que estamos acompañando a Jesucristo en el desierto. Pues ahora estamos acompañando a Cristo Resucitado, porque nos dice la Sagrada Escritura que durante cincuenta días Cristo se apareció a sus discípulos mostrándoles la verdad de la resurrección.
No fue algo que surgiera de los discípulos, fue la presencia majestuosa y feliz, la presencia gloriosa del Resucitado, la que se impuso sobre ellos. Fue esa presencia de Cristo la que dejó grabado en sus corazones la certeza de la resurrección. Y de tal manera quedaron convencidos que después estuvieron dispuestos a soportar insultos, exclusión, cárcel, tortura, incluso la muerte, pero jamás negarían que Cristo había resucitado. Ese fue el fruto precioso de esos cincuenta días.
Y es que esos cincuenta días coinciden con la distancia que los judíos tenían entre la celebración de su Pascua y la celebración de su Pentecostés. Pues el mismo Cristo que renovó la Pascua. La Pascua que celebraban los judíos, también va a renovar Pentecostés. Y por eso el tiempo pascual tiene cincuenta días entre la Celebración de la Resurrección del Señor, cosa que sucede desde la Vigilia Pascual hasta la gran celebración de Pentecostés. Ese es el tiempo pascual.
¿Y qué es lo que nosotros podemos esperar de este tiempo? Pues lo mismo que recibieron los apóstoles, es decir, la confirmación en la fe del Resucitado. Son días preciosos para afianzarnos en la fe de que Cristo vive y que la vida de Cristo es la misma vida que nosotros como discípulos y miembros de Cristo recibimos. Ese es el fruto del tiempo pascual. Además, este tiempo pascual nos prepara para la gran celebración de Pentecostés.
Y créeme que Pentecostés es clave, porque solamente por Pentecostés nosotros tenemos la certeza de que aquello que ya aconteció en Cristo y que es glorioso, y que es bello, y que es majestuoso, eso que ya aconteció en Cristo, también va a suceder en nosotros. De manera que no solamente admiramos al Resucitado, sino que por la gracia del Espíritu Santo participamos interiormente como quien tiene un principio vital, como quien tiene un motor en el corazón. Nosotros participamos de la misma fuerza, de la misma alegría, del mismo gozo del Resucitado. Eso es lo que nos va a dar Pentecostés.
Pero para que Pentecostés tenga ese fruto pleno en nosotros, ciertamente necesitamos una preparación. Eso es lo que sucede a lo largo del tiempo pascual y por eso las lecturas del tiempo pascual tienen el orden propio del libro de los Hechos de los Apóstoles, que casi lo podríamos llamar el libro de los Hechos del Espíritu Santo. Porque lo que enfatiza el libro de los Hechos de los Apóstoles es cómo estos hombres y en realidad toda la comunidad cristiana ungida por el Espíritu Santo, adquiere valentía, adquiere parresía, adquiere libertad para dar testimonio de Cristo. Y cómo los que antes estaban divididos y tenían, qué sé yo, hasta envidias y murmuraciones, ahora por la fuerza del Espíritu, obran como un solo cuerpo que proclama la grandeza de Dios. Así que el libro clave en el tiempo pascual es el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Y por eso la primera lectura en este Lunes de la octava de Pascua está tomada, precisamente esa lectura, está tomada de los Hechos de los Apóstoles. Y adivina de qué nos habla esta primera lectura. Pues nos habla de Pentecostés, como ya presentándonos, como ya, poniéndonos por delante la meta, ya poniéndonos por delante a donde debemos dirigirnos, pero al mismo tiempo mostrándonos cómo esa gracia del Espíritu brota del misterio de la Pascua del Señor.
No son misterios aislados, sino que el gran regalo de Cristo por el amor que nos tiene, el gran regalo de su amor es precisamente la gracia de Pentecostés. Listos, pues, para vivir este tiempo pascual y que Dios haga su obra en nosotros. Amén.

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