Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la Pascua nuestra alegría tiene memoria: al volver la mirada a la cruz y al sepulcro, el cristiano recuerda de dónde Dios lo ha sacado, de todo lo que le ha perdonado.

Homilía poc1022a, predicada en 20240401, con 5 min. y 47 seg.

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Transcripción:

Los misterios de nuestra fe, hermanos, gozan de una profunda unidad. Si recuerdas cuando empezábamos la Cuaresma, apenas en el segundo Domingo de Cuaresma, el pasaje del Evangelio que se leyó fue el de la Transfiguración. Es decir, estábamos en Cuaresma, pero ya estábamos mirando hacia la gloria de Cristo. Se puede decir que ya estábamos conectando la soledad del desierto y la dureza del desierto con el esplendor de la Pascua. Te das cuenta cómo se van conectando los misterios.

Pues ahora que ha llegado el tiempo hermosísimo de la Pascua, no nos olvidamos de la cruz. De hecho, te voy a decir un secreto. Para que las fiestas de nuestra fe no se trivialicen, para no trivializar la alegría cristiana, hay que recordar siempre el misterio de la Cruz. Porque nosotros hacemos fiesta, porque hemos sido amados y hemos sabido de ese amor en la cruz. No me estoy inventando nada. Eso fue exactamente lo que hizo el apóstol San Pedro.

El apóstol Pedro cuando predicó el día de Pentecostés, frente a una gran multitud. Multitud que estaba asombrada por el ruido impetuoso, por las llamaradas de fuego. Por el oír hablar en lenguas extrañas, por la proclamación de las glorias de Dios. La gente que estaba casi diríamos abrumada, rebasada por toda esa belleza, tenía que escuchar de Pedro palabras bastante fuertes. Porque lo que Pedro les dice es esta efusión del Espíritu se la debemos a Jesucristo. Y se la debemos a Cristo, porque Él está a la derecha del Padre. Y Él está a la derecha del Padre, porque resucitó. Y resucitó después de que ustedes lo mataran.

Es decir, que la gloria del Señor Jesucristo no queda simplemente como un espectáculo, sino más bien como la respuesta compasiva y victoriosa de Dios frente al terrible pecado de la cruz. Pecado nuestro, pecado que significa nuestra ingratitud, nuestra dureza, nuestra incredulidad y todas las demás idolatrías que tenemos. Dicho de otra manera, para disfrutar y para agradecer de corazón el don que nos ha llegado necesitamos apreciar de dónde nos han sacado.

Y para recordar de dónde nos han sacado, tenemos que volver nuestra atención hacia la cruz. Vuelve tu atención a la cruz. Vuelve tu atención al sepulcro. Que esa cruz te recuerde la gravedad de tus pecados que han sido perdonados y que ese sepulcro te recuerde la gravedad de tus miserias de donde Dios te ha levantado. No olvides la cruz el día de la Pascua. No olvides el sepulcro, el día de la Pascua. Porque solamente recordando la cruz y el sepulcro podrás dimensionar la grandeza del amor de Dios, la grandeza de la victoria de Dios, la grandeza de la piedad con la que Él nos ha tratado.

Y esa grandeza ¿qué es mis hermanos? sino la fuente de la más pura alegría. Nuestra alegría es exultante, nuestra alegría es abundante, nuestra alegría es pura. Pero es así porque nuestra alegría tiene memoria. El cristiano tiene memoria. El cristiano se acuerda de dónde lo han sacado. El cristiano se acuerda de lo que le han perdonado. El cristiano se acuerda del poder de la muerte. El cristiano se acuerda de la ferocidad de tus enemigos. Y precisamente porque recuerda los ojos inyectados de odio de Satanás. Y porque recuerda esas llagas profundas de su propio cuerpo despedazado por el demonio. Pues venera y agradece las llagas de Cristo en que ha sido restaurado.

Así que la Pascua cristiana no es superficial. La Pascua cristiana es profunda. Por eso hay que tener cuidado, porque ya sabes, en tantos países se va extendiendo estas costumbres juguetonas que los huevitos de Pascua. Yo sé que esas cosas hasta se pueden cristianizar un poquito, pero vamos a la sustancia, vamos a lo esencial, vamos a lo grandioso. Y eso grandioso lo encontramos en el amor de Jesús. Así que no nos olvidamos, mientras estamos en Pascua, no nos olvidamos de dónde nos sacó el Señor, porque cuando estábamos en Cuaresma, tampoco nos olvidábamos de hacia dónde nos quería llevar Él. Dios te bendiga. Feliz Pascua.

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