Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Señor puede vencer incluso sobre nuestras grietas, fragilidades y dudas que tengamos sobre nuestra fe.

Homilía poc1020a, predicada en 20230410, con 5 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Feliz Pascua para ti y para todos. Me vas a escuchar este saludo durante toda la semana, porque esta semana es muy especial para nosotros los creyentes. Se llama la Octava de Pascua. Siempre hago la comparación con la música. Ya sabes lo que sucede en la música, que hay octavas. Por ejemplo, te vas desde un Do hasta el siguiente Do. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do. Esos son ocho notas. Esa es una octava.

Pues así como hay octavas en la música, hay también octavas en la liturgia y ¿qué es una octava en la liturgia? La octava quiere decir ocho días, en este caso desde el Domingo de Pascua, que vamos a decir es el Domingo primero de Pascua, el gran Domingo del año, hasta el Domingo segundo de Pascua. Esos ocho días en realidad son como un solo día. Un solo día muy grande. Un solo día muy importante. Un solo día muy hermoso al que nosotros llamamos junto con el salmo. Este es el día que hizo el Señor. Es el día que hizo el Señor. ¡Qué hermoso pensarlo así!

Y cómo nos alimenta la Iglesia durante este día tan hermoso, tan importante. Este día que dura ocho días, ¿cómo nos alimenta la Iglesia? La Iglesia nos alimenta con la palabra y con la Eucaristía, sobre todo. La Palabra de Dios y el Sacramento. El Sacramento bendito que nos trae la presencia del Resucitado, para que Él viva su misterio, para que Él traiga toda su fuerza, su vida, su alegría a nuestros corazones, para que nuestras vidas tengan Pascua. De eso es de lo que se trata. Muy bien.

Y entonces, según eso ¿cómo nos alimenta la palabra?. Los evangelios de cada uno de estos días son tomados de los varios evangelistas San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan. De cada uno de ellos se toman aquellos pasajes que nos recuerdan las primeras manifestaciones de Cristo resucitado. Cristo se manifestó a sus apóstoles y nos dice la misma Escritura que para los apóstoles resultaba muy, pero muy difícil creer. Para los apóstoles resultaba muy difícil aceptar algo, porque era tan duro para ellos como para nosotros admitir eso de que una persona realmente murió y ahora está vivo.

Es decir, ¿cómo entender eso? ¿cómo creerlo? ¿cómo proclamarlo? ¿cómo llegar al extremo de hacerse matar por ese misterio?. Y eso fue lo que ellos hicieron. Prácticamente todos los apóstoles, con la excepción de San Juan, todos los apóstoles murieron mártires. ¿Cómo se puede llegar a eso? Pues fue un proceso, no fue iniciativa de ellos, como dicen algunos teólogos. Bueno, en fin, ya sabes que hoy, lamentablemente en teología se pueden escuchar muchas cosas. Pero no, no fue que ellos de su propio impulso dijeron bueno, vamos a seguir con la historia de Jesús. No. Ellos estaban así como los presentan los evangelios, tristes, decepcionados, frustrados, perplejos, asustados. Así era como estaban ellos. Fue la fuerza del Resucitado la que los fue convenciendo.

Fue la presencia de Cristo la que se impuso por encima de la incredulidad de ellos. Mira el verbo que utilizó. La presencia del Resucitado se impuso por encima de la incredulidad de ellos. Es decir, el Resucitado venció la incredulidad de ellos. Y si el Resucitado venció, la incredulidad de ellos, puede vencer por encima de las dudas que nosotros tengamos en nuestra fe. El Señor puede hacerlo. El Señor quiere hacerlo. Si acaso hay grietas, si acaso hay fragilidad, si acaso hay dudas en tu corazón, no te olvides, la fuerza del Resucitado es capaz de imponerse por encima de nuestras dudas, por encima de nuestras fragilidades, de nuestra incredulidad.

Por eso vamos a pedirle al Señor, especialmente durante estos días de la octava de Pascua, Señor, que tu victoria conquiste mi corazón. Que tu victoria se imponga sobre mi corazón. Que sea tu triunfo perfecto en mi vida. Amén.

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