Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo el Señor se levantó del sepulcro, su lugar ya no está ahí, está junto a la gloria del Padre y es Él quien nos da vida al resucitar.

Homilía poc1011a, predicada en 20170417, con 5 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Es tan grande la noticia de la Pascua. Es tanto lo que tenemos para recordar, para celebrar, para proclamar con motivo de la Pascua de Jesús, que no cabe todo en un día de veinticuatro horas. Casi siempre cuando escuchamos a alguien quejarse de la brevedad de los días es porque tiene mucho trabajo que hacer. Suele suceder que tenemos tanto, pero tanto trabajo acumulado que sentimos que no alcanzamos a hacerlo en un día de veinticuatro horas. Quizás aquellos que tienen una tienda quisieran más tiempo para vender más. Quizás los que están estudiando quisieran más tiempo para aprender mejor y para preparar mejor sus trabajos y exámenes. Quizás el que tiene un plazo para completar alguna obra quisiera días de más extensión. De modo que pudiera tener su obra a tiempo.

Quisiéramos llenar más y más nuestros días con nuestros intereses, con nuestro dinero, con aquello que para nosotros es necesario y para eso quisiéramos más tiempo. De hecho, se ha demostrado que de una manera global, hablando en términos globales, cada vez dormimos menos. Es decir, le estamos quitando tiempo a la noche para poder trabajar más, para poder divertirnos más, para poder ganar más y para eso queremos más tiempo. Hay que decir que también la Iglesia quiere y necesita más tiempo, pero la principal motivación en el tiempo de Pascua no es conseguir más tiempo para trabajar más o para estudiar más. Eso puede ser, pero la verdad es que en la Pascua necesitamos más tiempo para escuchar más testimonios y para celebrar con más amor la grandeza de la victoria de la Pascua. No cabe, no cabe todo en un solo día.

Tenemos tanto para decir, tenemos tanto para cantar, tenemos tanto para saborear. El Salmo dice: Gusten y verán lo bueno que es el Señor. Paladearlo, saboréalo, disfrútalo, gózalo. Es tanto lo que hay para gozar, saborear, escuchar, cantar, que veinticuatro horas son demasiado poco. Hay personas que asisten a festivales o carnavales y tienen tantos deseos de bailar, compartir, tomarse unos tragos que las fiestas duran mucho más de un día. Bueno, pues hay una fiesta santa que se llama la Pascua y la Pascua no cabe en veinticuatro horas y por eso la Iglesia decidió crear un día que dura lo que normalmente duran ocho días. Eso es lo que se llama la octava de Pascua. Y en la octava de Pascua lo que nosotros hacemos es tener como una sola gran celebración y en esa gran celebración que va desde el primer domingo de Pascua, o sea, la solemnidad hasta el segundo domingo de Pascua, que ahora se conoce como la Fiesta de la Misericordia. En toda esa semana realmente estamos como en un solo día, cantando, bendiciendo, adorando, recordando los testimonios de aquellos que se encontraron con el Resucitado.

Por eso los evangelios de esta octava de Pascua lo que están haciendo es recordarnos esos primeros encuentros de los discípulos con Jesús resucitado. Así, por ejemplo, hoy en el capítulo veintiocho del Evangelio según San Mateo, aquellas santas mujeres que reciben la noticia de la resurrección y que a su vez tienen que compartir esa noticia, habiendo sido evangelizada, se convierten en evangelizadoras y entonces anuncian a los discípulos que han de ir a Galilea para poder encontrarse con Cristo resucitado. Vamos a vivir esta semana, vamos a vivir esta octava de Pascua, vamos a recibir los testimonios que nos presenta la Escritura y vamos a dejar que nos impregne esa alegría y esa convicción. Tristemente hay muchos también dentro de la Iglesia. Hay muchos que van perdiendo esa capacidad de creer y entonces empiezan a hablar de la manera de la resurrección, como si se tratara más bien de algo que le sucedió a los discípulos.

Como quien dice, ellos estaban muy contentos, ellos estaban muy entusiasmados, ellos retomaron impulso, pero siempre se habla de ellos. Y claro, ellos recibieron todo eso, pero lo recibieron del Cristo resucitado. Fue Cristo quien los convenció, fue Cristo quien llevó esa alegría a ellos. No le quitemos el protagonismo, no le quitemos el primer puesto al único que se lo merece Cristo el Señor, el que vive glorioso, el que se levantó del sepulcro. Su lugar ya no está ahí. Su lugar está junto a la gloria del Padre, y es Él. Es Él quien nos da vida a nosotros, no nosotros quienes mantenemos vivo el recuerdo de Él.

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